Julián Arroyo Pomeda

El miedo manda: crece la sed de orden en una sociedad al borde del descontrol

26 de Diciembre de 2025
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Riadas de conflictos; océanos de miedo

El profesor de Ciencia Política Antón Losada respondía así a la pregunta de por qué triunfó la derecha en las últimas elecciones de Chile: “En tiempos de incertidumbre, la población se refugia en los discursos de orden y seguridad”. La frase refleja un fenómeno muy común en la historia política y social: cuando las personas atraviesan momentos de crisis —económica, social, sanitaria o incluso cultural— tienden a buscar certezas y estabilidad.

La incertidumbre genera ansiedad y miedo. Frente a ello, los discursos que prometen orden y seguridad funcionan como un bálsamo, ofreciendo una sensación de control y previsibilidad. Los líderes suelen aprovechar este contexto para reforzar narrativas de autoridad, disciplina y protección. A menudo, estos discursos apelan más a las emociones que a la razón. Aunque el orden y la seguridad son valores importantes, el refugio excesivo en ellos puede abrir la puerta a políticas autoritarias o a la aceptación de restricciones de libertades en nombre de la estabilidad. Basta pensar en cómo, tras guerras o crisis económicas, han surgido movimientos que prometían restaurar el orden perdido, con consecuencias muy distintas según el caso.

La frase señala cómo la incertidumbre no solo afecta a nivel individual, sino que moldea el comportamiento colectivo y la manera en que las sociedades se relacionan con el poder.

En la mente humana la incertidumbre activa la amígdala, el centro cerebral relacionado con el miedo. Cuando no sabemos qué esperar, nuestro cerebro interpreta la situación como una amenaza potencial. El ser humano tiene una necesidad básica de previsibilidad. Ante lo desconocido, buscamos narrativas que nos devuelvan la sensación de que “alguien sabe lo que está pasando” o “hay un plan”.

En momentos de crisis, aumenta la tendencia a confiar en figuras de autoridad. Esto se explica por el sesgo cognitivo de aversión a la pérdida: preferimos sacrificar cierta libertad si creemos que así reducimos el riesgo de perder seguridad.

Reducción de la ansiedad: Los discursos de orden y seguridad funcionan como un “ancla emocional”. Aunque no garanticen soluciones reales, ofrecen calma psicológica porque simplifican la complejidad y transmiten certeza.

Efecto de grupo: La incertidumbre también potencia el comportamiento gregario. Ver que otros confían en un discurso refuerza nuestra propia confianza, creando un círculo de validación colectiva.

En resumen, la mente humana tiende a refugiarse en discursos de orden porque estos reducen la ansiedad, devuelven sensación de control y activan mecanismos de confianza en la autoridad.

En crisis recientes, la psicología colectiva ha mostrado cómo la población se aferra a discursos de orden y seguridad para reducir ansiedad y recuperar sensación de control.

Algunos ejemplos claros en clave psicológica. Pandemia de COVID-19

El confinamiento y la amenaza del contagio generaron altos niveles de ansiedad, depresión y estrés postraumático en la población. La gente buscaba mensajes tranquilizadores en las autoridades sanitarias y políticas, incluso cuando implicaban restricciones severas (confinamientos, uso obligatorio de mascarillas). Estos discursos ofrecían una narrativa de protección frente al caos. La obediencia a normas estrictas se relacionó con la necesidad de reducir incertidumbre y sentir que había un plan claro para salir de la crisis.

Crisis económicas recientes. Inseguridad material: En recesiones y crisis financieras, la pérdida de empleo y la precariedad generan miedo al futuro. Refugio en autoridad: Los discursos políticos que prometen “estabilidad económica” o “protección social” se vuelven más atractivos. La psicología social muestra que en estos contextos aumenta la confianza en líderes que transmiten firmeza y control. Efecto psicológico: La población tiende a aceptar medidas de austeridad o control económico porque percibe que son necesarias para recuperar orden, aunque impliquen sacrificios.

Crisis migratorias y humanitarias. Percepción de amenaza: La llegada masiva de refugiados en Europa (2015–2017) generó sentimientos de inseguridad en parte de la población. Refugio en discursos de protección: Los mensajes que prometían “defender las fronteras” o “mantener el orden social” encontraron eco en sectores que experimentaban miedo al cambio. Efecto psicológico: La incertidumbre sobre el futuro cultural y económico reforzó la atracción hacia narrativas de seguridad y control, incluso si implicaban políticas restrictivas.

 Catástrofes naturales y emergencias. Impacto emocional inmediato: Tras terremotos, inundaciones o incendios, las personas experimentan miedo intenso y desorientación. Refugio en discursos de orden: La población busca líderes que transmitan calma y protocolos claros de actuación. La psicología de emergencias muestra que la comunicación rápida y firme reduce el pánico colectivo. Efecto psicológico: La confianza en instituciones de protección civil se dispara, porque representan la promesa de seguridad frente al caos.

En cada crisis reciente —sanitaria, económica, migratoria o natural— la mente humana responde al miedo refugiándose en discursos que prometen orden y seguridad. Estos discursos no solo tranquilizan, sino que cumplen una función psicológica esencial: devolver la sensación de control en medio de la incertidumbre.

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