Se nos vende una imagen: la de Mercadona como ejemplo de gestión empresarial, la de Juan Roig como visionario del «buen capitalismo», la de un modelo laboral que otros deberían imitar. Pero basta con mirar las sentencias que se acumulan en los juzgados de lo Social de toda España para descubrir la otra cara de esa fachada tan cuidadosamente construida por el departamento de marketing.
Una trabajadora despedida por denunciar sobrecarga laboral ante la Inspección de Trabajo. Despido nulo. Otra trabajadora, en Albacete, que cuidaba de su hijo gravemente enfermo, despedida igualmente. El TSJ de Castilla-La Mancha lo confirma: casi 63.000 euros de indemnización por un incumplimiento grave de la empresa. Una afiliada a la CIG en Ourense, castigada económicamente con la retirada arbitraria de su prima por el simple hecho de estar organizada. Una empleada de baja por ansiedad en Castilla y León, despedida como represalia directa por reclamar el cumplimiento de la normativa de prevención de riesgos laborales.
No son casos aislados. Es un patrón.
El «Modelo de Calidad Total» es un modelo de control
Cuando una empresa acumula tantas sentencias por vulnerar derechos fundamentales —garantía de indemnidad, libertad sindical, derecho a la salud—, ya no hablamos de errores puntuales de gestión. Hablamos de una estrategia. El llamado «Modelo de Calidad Total» de Juan Roig funciona, en la práctica, como un sistema de disciplina social: quien denuncia, quien se organiza al margen de los sindicatos dóciles, quien exige que se respete su salud o la de su familia, pasa a engrosar la lista de quienes deben ser expulsados o silenciados.
El caso de Ourense es especialmente revelador. Utilizar el plus por objetivos —una prima que debería recompensar el trabajo— como arma para castigar económicamente a quien se afilia a un sindicato independiente como la CIG no es un fallo del sistema. Es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado. Y no es casualidad que sean sindicatos combativos, y no las siglas que actúan como correa de transmisión de la dirección, quienes están llevando estos casos a los tribunales y ganándolos.
La salud como campo de batalla
Los casos de las trabajadoras de Castilla-La Mancha y Castilla y León apuntan a algo que quienes trabajamos dentro de Mercadona conocemos bien: la empresa trata la enfermedad, propia o de un hijo, como un problema de productividad antes que como lo que realmente es: una circunstancia humana que merece respeto y protección legal.
Cuando una madre que cuida de un hijo gravemente enfermo termina en los tribunales peleando por su puesto de trabajo, y cuando una trabajadora de baja por ansiedad es despedida tras reclamar sus derechos, lo que se pone de manifiesto es una cultura empresarial que antepone el rendimiento a la dignidad de las personas.
Lo que dicen los tribunales
Lo importante de todo esto es que no lo decimos solo quienes militamos en el sindicalismo de clase. Lo dicen el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León y el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha. Instituciones nada sospechosas de radicalismo confirman, sentencia tras sentencia, que Mercadona vulnera de forma sistemática derechos fundamentales de sus trabajadoras y trabajadores.
Esto debería ser noticia constante en los grandes medios. No lo es, salvo excepciones. Porque el relato de la «empresa modelo» vende más que la realidad de una multinacional que gana miles de millones mientras despide a quien se atreve a exigir respeto.
Organizarse es la única respuesta
Cada una de estas sentencias es una victoria, pero también es la prueba de que, sin organización sindical independiente, sin delegadas y delegados dispuestos a dar la cara, estas trabajadoras jamás habrían llegado a los tribunales. La CIG y otros sindicatos de clase están demostrando, caso a caso, que la resistencia organizada funciona.
Frente al miedo que la empresa siembra deliberadamente, la respuesta solo puede ser la solidaridad y la organización desde abajo.
No hay modelo de éxito que valga si se construye sobre despidos represaliados. La libertad sindical, el derecho a la salud y la garantía de indemnidad no son conceptos abstractos: son derechos que estas personas han tenido que defender uno por uno, en los juzgados, contra todo el poder económico de una multinacional. Y los han ganado.
Até a vitoria sempre!
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