Morillo Triviño

"Machadismo" español

23 de Agosto de 2026
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Machadismo español

Quiero comenzar este escrito de opinión con dos frases famosas de dos personajes no menos relumbrantes: “El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que las jugamos” de William Shakespeare; y esta otra de Fedor Dostoievski: “es muy fácil vivir haciéndose el tonto, de haberlo sabido antes, me habría declarado idiota desde mi juventud”.

Si señalo estas dos frases, es porque, primero, queda claro que los españoles no sabemos jugar nuestras cartas, y de ahí nuestro ahoguío destino; y segundo, porque está más que evidente que hay un enjambre de políticos que no paran de hacerse el tonto mientras los españoles (especialmente pensionistas y trabajadores) sufren las consecuencias de su intencionada aporía y de su manifiesta inepcia que, por supuesto, también es corrupción.

Si he elegido el palabro “machadismo” (según Antonio Machado: uno de cada diez españoles piensa mientras los otros nueve trompan) es porque no es de recibo lo que ocurre en este país en los menesteres de cada día y en como el vulgo (conjunto de las personas que en cada materia no conocen más que la parte superficial), está, por decirlo de alguna manera, acomodada a las arbitrariedades a que son sometidas a diario, y, evidentemente, son mayoría. De tal modo, que vulgar viene a decir que una persona es maleducada, descortés, desconsiderada, impertinente, patán, chabacano y, sobre todo, plebeyo. Sí, una gran parte del país, no se ha enterado de que eso tan cacareado por los de VOX (Prioridad Nacional), se puede traducir fácilmente en lo que señaló El roto cuando dijo que “Prioridad Nacional también es reírse primero de los de aquí”.

Hay infinidad de datos por los que la política (tanto de derechas como de izquierdas) se ríe de los ciudadanos aprovechando el “machadismo” español, ya carente de unos sindicatos que se han convertido en totalmente displicentes y han conseguido que eso de “la calle” ya sea una utopía vergonzante. Sin sindicalismo, el mundo del trabajo y las clases medias y bajas han pasado a fomentar sin enterarse el hecho del pasotismo, y la famosa frase “es lo que hay”, dicho de otro modo, el conformismo. Algo que viene a la política como anillo al dedo, pues nada que merezca la pena para los de a pie es tratado con rigurosidad y con la equidad que merece. Mientras, obviamente, ellos se han instalado en la corrupción más aberrante mediante el soborno, las comisiones ilícitas y favores especiales de grupos de presión y corporaciones, o simplemente destinando fondos estatales a sí mismo y a sus socios. Ocurre en toda España, pero miren muy de cerca quiénes se llevan “la palma”: Madrid, Andalucía, Extremadura (carente de casi todo y siempre la más pobre), Valencia, Castilla-León y Galicia junto a “sus cositas” en el País Vasco y Cataluña.

En fin, Aristóteles consideraba la democracia como una forma corrupta junto a la tiranía y la oligarquía. Va a resultar que tenía, como siempre, mucha razón.

Estamos en verano y hace mucho calor, más del que debiera, pero al capital y a sus esbirros eso le trae al fresco, ellos viven el calor en majestuosos yates a los que no les falta de nada, mientras, el pueblo, para colmo, no para de arder por los cuatro costados y cada año tiene que soportar una temperatura que va en aumento, además de los precios de las cosas más elementales que consume que no paran de subir y estrechar la economía familiar.

Personalmente, me ha llamado la atención -como pensionista “pobre”- algo que, como verán, es propio de una autentica caterva de echacantos gobernando en las tinieblas al estilo de la más vulgar mandilandinga de muchos morigerados.

En un artículo titulado “La cesta del IPC y la vivienda”, Carlos Manuel Sánchez nos contaba (resumido por un servidor) esto a principio de año:

“¿La economía va bien y tú no llegas a fin de mes? Así no engañan con la inflación: la percepción de pérdida de poder adquisitivo frente a los datos oficiales de inflación baja (como el IPC del 2,9%) se debe a agujeros metodológicos en las estadísticas gubernamentales, las cuales omiten o infravaloran el mayor gasto de las familias, tal es la vivienda. El IPC no incluye el coste de compra de vivienda ni el pago de hipotecas (tampoco seguros, IBI o derramas) porque las autoridades consideran la vivienda una “inversión” y no un gasto de consumo, dejando fuera al 80% de los hogares españoles que son propietarios o hipotecados. Aunque el 20% de la población vive de alquiler y llega a gastar entre el 30 % y el 50% de sus ingresos en este rubro, dentro del IPC el alquiler efectivo apenas representa un peso menor al 10% (por detrás de la energía).

Consecuencias directas: El IPC condiciona la subida de salarios, la revalorización de pensiones, la actualización de alquileres y los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE). Al no reflejar en encarecimiento real de la vivienda (que subió un 10,3% según el índice OOHPI en 2025) las rentas reales no se ajustan.

Precedentes y retrasos: Estados Unidos modificó su metodología en 1983 para abaratar el coste de las pensiones sustituyendo el gasto real por el alquiler equivalente. En Europa, pese a las promesas del BCE de incluir la vivienda en propiedad en el IPC para 2026, la reforma sigue congelada.

Impacto social y político: La falta de honestidad estadística favorece a los poseedores de activos y perjudica a las familias trabajadoras, erosionando la confianza en las instituciones públicas y alimentando el auge del populismo”.

Para un servidor, el “machadismo”, el conformismo generalizado y el sindicalismo displicente son el resultado monstruoso del fracaso de una izquierda institucional que abandonó la calle, que se dedicó a la política de salón y que le abrió las puertas de par en par a la extrema derecha. Y ya se sabe sobradamente, cuando un pueblo se siente desprotegido y carece de una vanguardia organizada, es fácil engañarlo con discursos de odio y promesas vacías.

Lo ha dicho alguien que ahora no recuerdo: “La dolarización, la privatización de todo lo público y el fin de las ayudas a los más pobres no son reformas, son una máquina de generar miseria que arrastra al país hacia el abismo”. Y, si encima, ese país arrastra un alto índice de “machadismo” …

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