Es indudable que Pedro Sánchez en cuanto fue elegido como secretario general del PSOE, mediante su elección en las primarias y posteriormente al lograr la Presidencia del Gobierno, le dió al Partido Socialista y a nuestro país una nueva impronta, muy demandada y necesitada. En el plano interno dentro del PSOE, lo primero que hizo, fue de inmediato expulsar al exministro de trabajo Virgilio Zapatero, debido a que fraudulentamente estaba utilizando las tarjetas “black” de la antigua Caja Madrid. En su momento esto fue un gran escándalo, pero afortunadamente, Pedro Sánchez lo cortó rápidamente y en su raíz.
La adopción de esa medida, hizo crear en la militancia del PSOE y sus simpatizantes unas grandes expectativas y un gran revulsivo muy necesario. Sin embargo, con el tiempo se fue desvaneciendo, hasta llegar a fechas recientes en las que personas de su máxima confianza que, llegaron a ostentar el tercer grado de importancia, como es la Secretaria de Organización Federal, estuvieron al frente en un principio José Luís Ábalos, que, al mismo tiempo ocupaba el cargo de ministro de Fomento, del que fue desposeído porque salió a relucir presuntos casos de corrupción que había protagonizado.
Habiendo sido imputado y como medida preventiva, ingresó en la Cárcel de Soto del Real.
Eso ocurrió poco después de haber salido de este mismo presidio, quien le había sustituido en el referido cargo de secretario de Organización Federal Santos Cerdán. Pero todo esto se complicó, porque el relevo que para ese cargo tenía previsto Pedro Sánchez era para un tal Paco Salazar, persona que como asesor de la Presidencia formaba parte del equipo de su confianza.
Sin embargo, este nombramiento afortunadamente fue abortado por muchas militantes socialistas, al tener constancia de que el mencionado Paco Salazar, aprovechando e imponiendo su cargo jerárquico, se dedicaba a acosar a compañeras que, dentro del organigrama de la Presidencia estaban bajo sus órdenes.
Por supuesto que Pedro Sánchez, en todo este tiempo ha brillado con otras muchas luces, como por ejemplo, haberle hecho frente personalmente al presidente de Israel Benjamin Netanyahu, denunciando la política de genocidio que le está haciendo al pueblo palestino. Aunque le ha faltado rematar, cortando todo tipo de relación con ese Estado sionista.
Tampoco sé sometió a los designios de Donald Trump para que la Unión Europea, invirtiera el 5% del PIB en la adquisición de armamento, que por supuesto, prácticamente todo ese enorme presupuesto iría a parar a las empresas armamentísticas americanas. En este sentido, Donald Trump interesadamente ha venido propagando el miedo a un hipotético ataque de Rusia a la UE. Así y todo, Pedro Sánchez se comprometió a que España
incrementará su gasto de defensa del 2 al 2,1% de su PIB (unos 12.000 millones de euros), presupuesto muy necesario para cubrir tantas carencias y necesidades que tenemos. Encima, este gasto fundamentalmente será destinado, para fortalecer mucho más a la OTAN, que, básicamente depende de los Estados Unidos, para seguir impunemente atacando y doblegando con el señuelo de hacerlo por la libertad a países de diversas partes del mundo, por ahora, africanos y latinoamericanos, aunque también, aunque más disimuladamente a Rusia, en su defensa de Ucrania.
También Pedro Sánchez actuó muy acertadamente, cuando obtuvo de la Unión Europea 140.000 millones de euros, el 50% a fondo perdido y el otro 50% con créditos blandos a través del BCE (Banco Central Europeo). Otro gran logro, fue lo que se le llamó la “isla energética”, entre España y Portugal, para que el precio de la energía eléctrica fuera sensiblemente más barato en ambos países. Lo mismo ocurrió con los llamados fondos “next generation” europeos, a los que España, presentando los correspondientes proyectos y solicitud de subvención, viene acogiéndose.
Sin embargo, en política exterior, Pedro Sánchez actuó de forma unipersonal, sin contar con el PSOE a través de sus órganos de dirección y mucho menos con la militancia, a la que prometió empoderar, pero ha hecho justo lo contrario y ahora ésta no cuenta para absolutamente nada. Tampoco con sus socios de gobierno ni con el propio Parlamento. Lo hizo en una carta enviada en febrero del 2022 al sátrapa rey de Marruecos Mohamed VI, en la que le especificaba, que para “garantizar una nueva etapa de estabilidad entre los dos países”, aceptaba el plan de autonomía para el Sahara Occidental propuesto por el rey alauita. Todo esto por decisión propia y sin tampoco contar con el pueblo saharaui y su legítimo representante el Frente Polisario.
Lo malo es que entre las luces y las sombras protagonizadas por Pedro Sánchez, por regla general, suelen primar estas y llegado el momento electoralmente le puede pasar factura al PSOE, como recientemente ocurrió en Extremadura que, tradicionalmente y junto con Andalucía, había sido uno de los principales baluartes del Partido Socialista. Éste y antes de las próximas elecciones generales, tendría que hacer las correcciones oportunas y necesarias, para poderlas afrontar con un mínimo de garantías. Por lo pronto, es fundamental recuperar el voto femenino y solventar con garantías los casos de corrupción.
Sin embargo, sorpresivamente Pedro Sánchez este pasado viernes inexplicablemente, nos sorprendió con un spot publicitario en el que mostraba el interior del Palacio de La Moncloa.
De no haberse emitido por el telediario de TVE y haberse hecho por mediación de cualquier otro medio de comunicación, hubiera parecido estar realizado por Inteligencia Artificial. Pero no, era él en persona. Además frívolamente, hizo la presentación aludiendo a lo mismo que ha hecho la ególatra y vanidosa Isabel Preysler, cuando ha presentado su mansión. ¿Como se le habrá ocurrido esta “feliz idea”?, sabiendo que el problema de la vivienda es el que más le afecta a la mayoría de la población, pues el común de la ciudadanía, no puede acceder a ellas en régimen de compra y muy difícilmente, empleando la mayor parte de sus ingresos, lo hace en viviendas muy modestas o compartidos en la modalidad de alquiler.
Siendo este el problema más grave y acuciante, para que los jóvenes españoles se puedan emancipar. Por eso no es de extrañar que, cerca del 25% de ellas y ellos, sientan simpatía por el partido político fascista Vox, que suele con sus discursos populistas engancharlos en defensa de sus postulados. Es de imaginar lo que estarían pensando todas las personas que vieron esa intervención televisiva de Pedro Sánchez. Con toda probabilidad la sensación que experimentaron sería de frustración y hartazgo. Al respecto, Pedro Sánchez, lo que tendría que hacer es llevar a efecto el artículo 47 de la Constitución: reconoce el derecho a una vivienda digna y adecuada para todos los españoles, obligando a los poderes públicos a promover las condiciones para hacerlo efectivo.