El Leviatán de Trump

Pere Sardá
16 de Enero de 2026
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El Leviatán de Trump

Trump está ocupando la atención del mundo entero, un día tras otro. Está en un viaje que no sabemos dónde acabará. Ha instalado el miedo en el cuerpo de personas y Estados, y sabemos que cuando se consigue eso, eres rehén del que lo provoca. Así estamos.

Se están escribiendo miles de artículos, ensayos, informes sobre lo que está ocurriendo y la mayoría de la población conoce en mayor o menor medida lo que está pasando, sus razones, sus consecuencias; por tanto, no voy aquí a repetirme y menos no siendo ningún experto en geopolítica, ni periodista; no puedo aportar nada nuevo o especial.

Sin embargo, hay algo que no leo de forma habitual y me parece interesante, y es enfocar lo que está ocurriendo desde un punto de vista filosófico. Yo soy un aficionado a la filosofía, y por ello, he leído a expertos que saben descifrar, enmarcar, relacionar lo que está aconteciendo con los pensamientos y corrientes filosóficas de todos los tiempos. Normalmente, la filosofía tiene más preguntas que respuestas (como debe ser), pero siempre es útil e interesante acudir a ella para todo.

Cuando buscamos una referencia en la filosofía para entender a Trump, la primera que nos viene a la cabeza es Maquiavelo, considerado padre de la filosofía política, que en 1513 publicó su libro más famoso, “El Príncipe”. En él, aconsejaba, entre otras cosas, cómo debía ser un gobernante para sobrevivir y gobernar.  Una de sus recomendaciones era que “para un príncipe era mejor ser temido que amado”. Trump encaja perfectamente.

Pero mejor que Maquiavelo, quizá sería Thomas Hobbes (siglo XVII), al menos así lo explican los entendidos. Su idea principal era que el ser humano es por naturaleza egoísta, y en un estado natural sin reglas la convivencia sería imposible, sería cruel, sería una guerra permanente por la supervivencia y sus actos regidos por intereses. Para evitarlo es necesario un “contrato social”, construir una sociedad en la que rijan leyes y orden para protegerse de sí mismos, y para ello es necesaria la existencia de un “Estado” fuerte, poderoso, que sea capaz de someter a quien no cumpla. Los ciudadanos aceptan ceder parte de su libertad a un poder soberano a cambio de seguridad. Sin fuerza no hay ley.

Para ello, escribió su obra más conocida, “Leviatán” (1651). Toma el nombre de un monstruo que aparece en los textos sagrados de la Biblia y se refiere a él como una bestia marina, salvaje, poderosa, temible, máximo símbolo de la maldad, creado para hacer el mal y sembrar el caos. Lo utilizó como metáfora. El Estado debía ser un Leviatán.

Pues bien, Trump ha resucitado el Leviatán moderno. Trump puede ser un loco, pero lo que es seguro es que es listo. Ha visto la oportunidad, ¿y cuál es? Pues que al finalizar la IIGM no se creó un Leviatán mundial, se establecieron normas, el derecho internacional, y se crearon organismos internacionales cuyo máximo exponente es la ONU. Se creyó que los humanos habíamos evolucionado y que seríamos capaces de entendernos con la paz siempre presente, pero es evidente que no ha sido así; todos somos conscientes de la insignificancia hoy de la ONU. Trump lo ha entendido mejor que nadie y ha sido el primero en aprovecharse, y ha recuperado la doctrina Monroe de 1823. En ausencia de un Leviatán superior, ha creado el suyo para su propio beneficio.

Lo ha tomado al pie de la letra. Ha obviado todas las normas democráticas de EEUU que regulan cualquier acción del gobierno y del presidente. El soberano tiene la capacidad de suspender el orden jurídico vigente frente a una crisis grave. ¿Y quién determina que es una crisis grave? Él. Fácil, ¿no? Es el nuevo rey absolutista. El Leviatán no promete justicia, promete orden.

Trump utiliza, y utilizará, el poder militar (la fuerza del Leviatán) como elemento de disuasión para obtener cualquier objetivo que se proponga. ¿Groenlandia, por ejemplo? Un general prusiano, Carl von Clausewitz, afirmó que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”.

El mundo está cambiando; han caído los muros de la negociación, consenso, acuerdo. Será la ley de la selva, la ley del más fuerte. Habrá estados soberanos y estados vasallos (Europa, por ejemplo) en función de su poder y de su maldad.

Personalmente, no albergo esperanza alguna de que una vez Trump sea historia se reconduzca la situación; EEUU es un imperio que está en decadencia por el crecimiento del poder de China, pero también por sus propios errores. El dólar es su talón de Aquiles; su gigantesca deuda solo se sostiene por su dominio económico que se está reduciendo, y cuando parte importante del planeta no pague en dólares, será el momento de la estocada, y la historia demuestra que todos los imperios mueren matando.

Acudiendo a Hobbes otra vez, escribió una sentencia que desgraciadamente todavía es vigente:

Homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre)

¿Seremos capaces de reconducir la situación? El tiempo y la historia lo dirán.

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