Una jauría suelta arrasa con todo para acorralar con saña a la pieza. Este símil de las monterías viene al pelo para describir la estrategia de tierra quemada desplegada por la derecha y ultraderecha desde el inicio de la Legislatura, que llegó al paroxismo en la última sesión plenaria del Congreso (antes de las vacaciones parlamentarias), en la que el líder de la derecha extrema, Feijoo, soltó toda la bilis que lleva dentro por la rabia que le carcome por no ser él quien presida el Gobierno. Expresión del sentimiento que anida en las meninges de la derecha nacional de que el poder es suyo, y si no lo tienen es porque se lo han robado. Y Pedro Sánchez es el culpable y la diana.
Idea axial que permea la estrategia de oposición de toda la legislatura labrada grano a grano, hipérbole a hipérbole, mentira sobre mentira, hasta que ya no queda más salida que insultar y vejar al reo de la ordalía y su familia. Así lo demostró Feijoo en el último pleno dedicado en exclusiva a lanzar insultos y acusaciones falsas a Pedro Sánchez: Es el uno de un Gobierno corrupto, se lo digo sin presunto y se lo digo con el aval de una sentencia firme del Tribunal Supremo—no existe tal sentencia—; el PSOE ha montado desde las más altas instancias del Estado una red de extorsión para extorsionar a policías, jueces, fiscales y medios de comunicación— infundio sin prueba alguna—; ha agredido la independencia de las instituciones—lo dice quien se negó durante cinco años a cumplir el mandato constitucional de renovar el CGPJ—; cada día que pase sin que convoque elecciones es también una agresión a la nación española—como si la nación fuera suya—; hasta caer en la vileza ruin de afirmar a mí no me ha financiado mi carrera ningún magnate de la prostitución.
Feijoo no está solo en este batallar para derribar a Pedro Sánchez, como sea, pues cuenta con el respaldo del adalid de la mentira, Aznar, que metió a los españoles en una guerra que no querían—nunca hubo armas de destrucción masiva en Irak—, y nos quiso engañar haciéndonos creer que los atentados del 11M fueron obra de ETA, mientras la justicia condenaba al grupo de Yihadistas autores de la masacre. Hechos que retratan su perfil de mentiroso patológico incapaz de reconocer errores ni pedir perdón a la ciudadanía. Por eso resulta sorprendente, y grotesco, que se invista de un seriedad y severidad impostada cuando habla para dar sostén argumentativo a la jauría: el que pueda hacer que haga, o metiéndonos miedo con sus admoniciones del fin de la democracia: en España se gobierna de espaldas a la honestidad o el sistema constitucional y la monarquía parlamentaria actuales han terminado y corren el riesgo de transformarse en un Estado populista. Meter miedo es la base del mensaje populista que expande y alienta un pretendido caos social que solo ve él y sus acólitos.
Hay tres patas más que azuzan a la jauría. Primero IDA, cuyas patochadas ridículas para ocultar sus errores y desmanes en la gestión del dinero publico resultan cansinas por banales y reiterativas. La segunda es el grupo de jueces y fiscales que se sienten intocables y usan sus juzgados y tribunales para hacer política de bandería. Políticos y jueces que conforman un contubernio unido en el objetivo de derribar a un gobierno social-comunista que está cambiando el país, hasta el punto de no reconocerse en el actual orden social que les achica los espacios para seguir ejerciendo el poder libérrimo de hacer lo que les venga en gana. Y la tercera, los pseudomedios financiados con dinero público de administraciones gobernadas por el PP, dedicados a difundir informaciones falsas y mendaces con el objetivo de embarrar, difundir la idea de caos e ingobernabilidad del Ejecutivo, y alentar a los cachorros nazis a tomar la calle.
Son los poderes fácticos de siempre a los que les importa una higa degradar las instituciones democráticas con la afirmación falsaria de que han sido ocupadas por el sanchísmo, o difundiendo mensajes—sin pruebas asentados en presunciones— sobre una presunta estrategia del Ejecutivo para boicotear a su favor los resultados de las próximas elecciones. Nada nuevo porque siguen el ideario que justificó la destrucción a sangre y fuego de la democracia republicana que hizo Franco: cuando ganemos reconstruiremos España y volverá a ser una, grande y libre. Lo peligroso es que aún hoy se lo creen por su incapacidad sempiterna para reconocer que a España la engrandece su diversidad y los derechos que dan libertad real a los españoles, y no la libertad de pandereta en la que se refocila Ayuso.