He defendido en mis libros que lo humano es un error de perspectiva. Creer que la realidad es lo que uno ve es una reducción absurda de lo que debe ser. Tener la convicción de que se puede persuadir, convencer, aconsejar o creer que lo que uno piensa puede ser compartido es una ilusión, a veces muy peligrosa (la izquierda ha fracasado siempre por esto).
Las ideas, elucubraciones, conceptos, nombres, formas, me da igual, son el motor de la vida, la Evolución ha acumulado este error llamado mente porque ha servido hasta ahora para sobrevivir, la mente es una anticipación de lo real para permitirnos tomar decisiones, nada más, es una pura especulación permanente. Confundir realidad y mente es una tendencia natural, hay que estar alerta para no caer en la tentación.
Como sostendrían los ilustrados británicos, la no-violencia es una cuestión de egoísmo natural. Más allá de principios, ver el sufrimiento nos anticipa el dolor y nos hace rechazarlo, agredir es invertir mal: nos devolverán los intereses. Aunque sólo fuera por esto, el intelectual debe rechazar la violencia, la agresión (no confundir con la defensa propia, y no confundir ésta con la defensa o ataque preventivo) no puede ser defendida desde ningún punto de vista porque es inútil y contraproducente.
De otro modo, y volviendo al perspectivismo inicial (tan orteguiano, aunque él no sacara las consecuencias), nada hay que obligue al intelectual a defender ningún tipo de violencia o guerra porque siempre hay quien la practica o la justifica, es infantil pensar que se es infantil por hablar de la paz, ambas cosas, ser belicófilo o pacifista quizá sean igualmente indefendibles; es una cuestión pragmática, ante la violencia, realidad ineluctable, lo ventajoso es emplear las argumentaciones para defender siempre la paz, porque esto no garantiza nada sino que es el contrapeso de la naturaleza violenta consuetudinaria del ser humano. Siempre hay violentos, por siempre hay que defender la paz.
Argumentar pro guerra es ser un idiota, literalmente, es no entender cómo funciona lo humano, es pretender ser técnico en incendios mientras se ríen de ti por esparcir la gasolina que te han dado. Sólo el poder, el capital a través de sus canales ideológicos, quiere la guerra pero no por grandes ideales (el disfraz ideológico que decimos) sino por los beneficios que le reporta, donde el dinero tenga su motor atractor ahí se dirige, en los bandos varios sólo hay intereses varios pugnando por ganar o mantener las ganancias. No crean nada de lo que dicen, nos drogan para que muramos o matemos por ellos, para que ellos mantengan el capital, el poder.
La obligación del intelectual es defender la paz, ya hay siempre quien haga la guerra. Un intelectual belicoso es ora un oxímoron ora un patán ora una beneficiada, no hay opción alternativa. La guerra es el fracaso de las ideas, el signo de nuestro tiempo.