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Gaza y Ucrania en el limbo

31 de Marzo de 2026
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Gaza

Ya no sorprende qué de un día para otro, de golpe, se haya girado el foco mediático de las crueles invasiones de Ucrania y Gaza, cometidas por los ególatras desalmados de Putin y Netanyahu, opacadas por una nueva guerra provocada por el campeón mundial de la egolatría y la irracionalidad, Donald Trump, a la que se ha apuntado el sionista para, aprovechando la agresión a Irán, continuar con su política expansionista atacando el sur del Líbano.

¡Pobre Líbano!, que siempre sufre en su territorio y en sus gentes todos los conflictos que se desatan en oriente próximo. Y pobres gazaties y ucranianos que siguen muriendo sin que ahora nos enteremos, porque al salir del primer plano informativo se expande la sensación de que la crueldad descarnada que sufren cuenta menos, que el impacto en el bolsillo producido por la enésima crisis del petróleo que repercute en todos los sectores productivos en los que se asienta el estado de bienestar del que gozamos, en mayor o menor medida, los europeos.

En la dinámica periodística resulta lógico que interesen los hechos recientes, más si tienen un alcance planetario, pero eso no debería suponer que cieguen al mundo las tropelías y vulneración de los derechos humanos que se siguen cometiendo en ambos conflictos. De lo que sucede en Gaza, ya no sabemos si entran o no por el famoso paso de Rafah las mercancías suficientes para que se alimenten de manera suficiente los gazatíes, ni conocemos los ataques, agresiones y asesinatos que los colonos judíos cometen a diario en las poblaciones palestinas de Cisjordania, con la connivencia del ejército israelí y amparados por la opacidad mediática que les procura la guerra desatada contra Irán.

Lo mismo sucede con la guerra en Ucrania, de la que solo se da referencia de las últimas bombas caídas en Kiev, y del continuo peregrinaje de Zelenski por las capitales de los países ricos para recordar al mundo que la invasión de Ucrania sigue abierta y necesita recursos para enfrentarse a las garras del oso ruso que les quiere comer. Sin embargo, poco o nada sabemos, del impacto sobre la población después de tres años de guerra sin que, de momento, se atisbe el final. Al salir del objetivo mediático estos conflictos, y otros que llevan décadas abiertos amontonando matanzas y crueldades (Congo, Haití, Sudán, etc...), quedan en el limbo y desaparecen de la mente del ciudadano que, de este modo y de manera progresiva, se insensibiliza ante las tragedias humanas y la crueldad que incorporan.

Sin embargo, sí sabemos, al minuto, el impacto en las bolsas —el mundo del dinero— tras cada declaración errática del niño grande que alteran las reglas del juego financiero al provocar la subida o bajada del precio del petróleo, el gas y la electricidad, con las secuelas que produce en la cadena productiva. Oscilaciones que llevan a diferentes analistas, nacionales e internacionales, a exponer la posibilidad de que todo obedezca a un plan del matón de la Casablanca, para manejar los mercados financieros y generar pingues beneficios para él y su corte de vasallos que le dice amén a todo.

Centrar toda la actualidad planetaria en la última ocurrencia de Trump, como si el mundo se fuera a acabar, no solo nos hace olvidar otras muchas crisis humanas que siguen costando vidas; sino que engrandece el poder del sátrapa que, cuando pintan bastos, se echa para atrás. Comportamiento que le ha hecho ganarse entre sus crecientes críticos en USA el mote de TACO (Trump Always Chickens Out) —Trump siempre se acobarda—, para significar el comportamiento propio de los matones chulescos que dan marcha atrás cuando ven que no van a obtener lo que quieren, porque no soportan la frustración de perder, de no ganar, que superan abriendo un nuevo conflicto para dar credibilidad y continuidad al cuento de hadas, infantil, ficticio y falaz, en el que viven.

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