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Estamos solos, o mal acompañados

26 de Abril de 2026
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Estamos solos, o mal acompañados

A finales de febrero, el Consejo de Ministros se descolgó aprobando un rimbombante Marco Estratégico Estatal de Soledades, impulsado por el no menos rimbombante ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Tras ese Plan, Proyecto, Marco, Objetivo, de nombre tan estratégico, se encuentra la respuesta a la necesidad perentoria y urgente de combatir la soledad no deseada.

Vivimos en una sociedad que genera aislamiento, soledad, abandono. Vivimos vidas que ya no dan más de sí, tenemos necesidades reales y otras ficticias, creadas, generadas artificialmente, con o sin inteligencia artificial, que consumen tiempo y el tiempo es vida, capacidad de relacionarse, capacidad de decidir, pensar, relacionarnos.

Es curioso cómo nuestros gobernantes (y en ellos incluyo a nuestros partidos de oposición con aspiraciones a gobierno) aprovechan algún hueco sin noticias relevantes, para lanzar, promesas en materia de vivienda, educación, sanidad, atención a nuestros mayores… Obtienen algunos titulares, se promocionan un poco, esperan a que se declare una guerra de las de verdad y  adiós muy buenas, a otra cosa mariposa y, como dejó dicho Miguel de Cervantes,

–Y luego, incontinente,

caló el chapeo, requirió la espada,

miró de soslayo, fuese y no hubo nada.

Cuánto fue dicho queda relegado al olvido y hasta más ver.

Mientras tanto se crean mesas interinstitucionales, comisiones, saraos diversos, en los que estarán representados ministerios, comunidades autónomas, ayuntamientos, ONGs, entidades privadas de esas que llaman tercer sector, algo así como una mutación generada por los frecuentes encuentros entre el sector público y el privado.

Porque el primer objetivo es el de fomentar la participación, la organización de estructuras clientelares, financiadas por lo público, fundaciones, entidades, asociaciones, voluntariado, que propicien la desinstitucionalización, es decir, sacar a las personas solas de las residencias para que vivan en pisos tutelados por estas organizaciones.

Vivimos en una sociedad que genera aislamiento, soledad, abandono. Vivimos vidas que ya no dan más de sí, tenemos necesidades reales y otras ficticias, creadas, generadas artificialmente

Uno de los resultados, no digo que siempre, es que profesionales formados, seleccionados por sistemas de oposiciones, pagados de acuerdo a un convenio mejor, o peor, con empleos regulados, pasan a ser sustituidos por “voluntarios” que reciben ayudas, complementos y compensaciones, sin formación adecuada y contratados a dedo.

Las residencias tienen menos residentes y se convierten en centros sociales, centros de día, “multiservicio”, culturales, que “integran” jóvenes con viejos que igual valen para un roto que para un descosido. Creo que la idea es buena si se trata de fomentar residencias más abiertas a los barrios y con mayor presencia de la ciudadanía del entorno. Pero mucho me temo que el resultado no será ese.

De nuevo recurrirán a unos servicios sociales infradotados de personal y sobrecargados de trabajo para aplicar protocolos burocráticos de detección de la soledad no deseada. De nuevo reforzarán la teleasistencia que te llama para ver cómo estás, pero no invertirán mucho más en ayuda a domicilio, asistencia personal, atención domiciliaria, salvo que no cueste dinero y sea ejecutada por voluntarios.

Lo llamarán apoyo personalizado, acompañamiento, flexibilidad de los servicios y santas pascuas. Tampoco cuesta mucho dinero crear especialistas, o servicios de soledad no deseada en centros culturales, bibliotecas, centros cívicos, centros sociales,  o comisiones de coordinación interinstitucional. En cada barrio, pueblo, o distrito, un Programa Intergeneracional, por ejemplo. Y eso sí, todo muy dentro de la Agenda 2030, que para todo sirve y para poco aprovecha.

Si a estas cosas de bajo coste, todo muy participativo y voluntarioso, le unimos unos programas de formación del voluntariado y unos sistemas locales, autonómicos y estatales de medición, seguimiento y evaluación que permita hacer informes sobre el desarrollo de la estrategia, pues ya lo tenemos todo hecho.

Cuidado, que no digo que si los que gobernasen fueran de derecha ultra o de ultraderecha, las cosas fueran a ser mejores. Muy al contrario. Estarían viendo a qué pariente, amigo, socio, cómplice, le entregaban el negocio en ciernes. Ya estoy imaginando un magno programa de voluntariado en manos del novio de alguna amante de la fruta.

Pero, si es cierto que una de cada cinco personas viven en nuestro país en soledad no deseada. Si muchas de ellas tienen pocos recursos, no pueden participar en actividades sociales, pueden moverse poco de casa y tienen pocas relaciones sociales.

Si es cierto que nuestras formas de vida conducen a la soledad y el aislamiento y que la comunidad olvida con mayor frecuencia sus obligaciones con respecto a la ciudadanía. Tal vez deberíamos pensar una estrategia de este tipo en el marco de la necesidad de una economía y una sociedad orientada a los cuidados.

Y, a un Marco Estratégico, deberíamos añadirle un Plan Financiero, una memoria económica, que incorpore recursos materiales y humanos profesionalizados, además de un voluntariado, que nunca está mal, pero que no puede ser la base y el sustento para solucionar un problema del calibre del de la soledad no deseada.

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