La siguiente es una breve reescritura de uno de los textos clásicos y canónicos de mayor potencia simbólica en occidente en general y Europa en particular. Coincidiendo con la profesora de Lengua y Literatura Alemana de la Universidad de Vigo, Helena Cortés Gabaudan: "Fausto es el equivalente del ego moderno desmesurado y eternamente insatisfecho" y dada la amplitud de interpretaciones que la tragedia escrita por Goethe ofrece (una de las razones de la trascendencia de obra y autor) seguimos en consonancia con la profesora up supra citada: "El abrumador conglomerado de ideas científicas, filosóficas, literarias o estéticas que contiene el Fausto lo convierte en una obra siempre abierta que se puede abordar desde las perspectivas más variadas e incluso contradictorias, por lo que su interpretación no es fácil ni debe ser cerrada".
En el contexto de la instancia electoral próxima y de acuerdo al principio de la política práctica, dónde los oficialismos por ser tales, disponen de determinar o condicionar ciertas reglas del juego a los efectos del ejercicio de un poder pleno, más allá de lo que pueda modificarse o no a nivel jurídico-electoral o incluso en los armados político-partidarios e ideológicos (que determinaran la escenografía de las candidaturas) la siguiente es para nosotros una representación de lo que podría escribir el Presidente que irá por su reelección en la indispensable realización de una narrativa que no es ni más ni menos que la más contundente manifestación del poder.
Diciembre de 2026. Palacio Libertad (ex CCK).
¿Caerá el pueblo (Fausto) en la seducción de Mefistófeles (Kicillof)?
I. El doctor agotado. Democracia en cuestión
Fausto lo ha estudiado todo y nada lo satisface. Filosofía, derecho, medicina, teología: un saber acumulado que no transforma su vida. Esa es la primera clave de la reinterpretación. El doctor es el pueblo, que ha agotado los discursos, las doctrinas y las promesas, y sigue encontrando una distancia insalvable entre lo que se le dice y lo que vive. Fausto o el pueblo no se tienta a pactar por maldad sino por hartazgo. Demanda pruebas, antes que dar el salto de confianza para creer en el proceso que lo llevaría a no necesitar de la inmediatez de lo resuelto en forma maléfica, equivocada o incinerando el largo plazo.
II. La Tentación del mal
Mefistófeles (Kicillof) no llega como un monstruo. Aparece como un hombre sencillo, carente de excentricidad y seguro de sí, que incluso se disfraza de doctor para aconsejar a un estudiante. Su poder es trabajar sobre el deseo ajeno. Agitar y azuzar la tentación. Pretenderá que el doctor (pueblo argentino) confunda, otra vez, como los adictos en recuperación, goce con placer, y en tal obnubilación que el consumo de hoy, no se corresponda ni con el esfuerzo ni la producción del ayer, ni del que podría ser mañana, por haber empeñado tal futuro en la exaltación de un presente paroxístico. La clave del drama discute la estructura: quien administra el deseo del pueblo desde la tentación, en ejercicio claro de una intención ocupa una posición mefistofélica o en términos políticos maquiavélica o sencillamente maligna.
III. El infierno del Balotaje
Mefistófeles se define en Goethe como parte de una fuerza que quiere el mal y termina haciendo el bien, y como el espíritu que siempre niega. En clave política, la negación es la crítica permanente al orden vigente: al mercado, a los acreedores, a las élites, a las "restricciones" que explican por qué lo prometido no llega. Esa negación es productiva y a menudo certera, pero tiene un riesgo. Un proyecto que se define sobre todo por lo que rechaza necesita enemigos para seguir existiendo, y el pueblo-Fausto queda atrapado en una espera que se justifica por la resistencia del adversario. Es la situación dilemática (grieta) en la que desde años nos encontramos. El método sin embargo condiciona tanto el proceso como su posible resultado. ¿Que otra cosa podría generar el sistema electoral de Balotaje o segunda vuelta que no sea el actual clímax de lo agonal?
IV. La apuesta-Elección
Ante un pueblo endeudado, Mefistófeles propone emitir billetes respaldados por tesoros que yacen bajo la tierra, sin haberlos extraído aún. La corte celebra, el consumo estalla y el alivio es real. Después llegan el desorden y la desconfianza en el valor. La emisión como respuesta rápida al reclamo, el beneficio inmediato y la factura diferida. La moraleja goethiana no es que el alivio sea falso, sino que se paga en otra moneda y en otro momento, casi siempre quienes menos margen tienen. En toda lectura de Fausto, el costo del pacto recae sobre Margarita, la inocente que no firmó nada. En la alegoría son los sectores más vulnerables, que no negociaron los términos pero sufren los efectos de una apuesta librada por otros en su nombre. Los que peor la pasan tanto en crisis inflacionarias o de cualquier índole o razón. La mujer como símbolo de lo más sensible a ser cuidado y protegido sin que se haga alarde semántico o una militancia de lo "woke".
VII. La salvación de Fausto
Goethe(Milei) no condena a Fausto (el pueblo): lo salva, porque su error fue seguir esforzándose y buscando. Esa es la parte más exigente de la reinterpretación. Si el doctor es el pueblo, su redención no pasa por derrotar a Mefistófeles (Kicillof) sino por dejar de delegar su deseo. El pueblo se salva cuando asume autoría sobre su propio proyecto, cuando examina la letra chica del pacto y pregunta qué se le entrega a cambio. Cuando confía más allá del resultado. Tal camino se logra al escribir no sólo con números sino con palabras, la continuidad del ejercicio en el poder, teniendo en claro, que más allá de lo que expresen Caputo y Thiel, sobre el anticristo, el que puede convencer de otra cosa a Fausto (pueblo) es Mefistófeles que como todos sabemos no por ser de la condición que son, sus promesas dejan de tener hechizo y encanto.
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