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Entre el Papa y las Urnas, que Dios nos coja confesados

06 de Junio de 2026
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Entre el Papa y las Urnas, que Dios nos coja confesados

De cómo el César de Chamartín muda las cortes a Valdebebas ante el asalto del audaz alicantino.

Misa de domingo y urnas de lunes, o viceversa, que en este Madrid del asfalto ardiente y el cielo de Velázquez ya no se sabe si uno va a confesar sus pecados a Valdebebas o a depositar el voto en el altar del Bernabéu. Pónganse en situación, señores míos, que la tramoya que ha montado don Florentino Pérez Rodríguez tiene más de representación del Siglo de Oro que de asamblea de club de fútbol. Llevábamos veinte años, que se dice pronto, con unas elecciones incorpóreas, místicas, donde el candidato único se proclamaba a sí mismo por la gracia de Dios y de unos estatutos redactados con el mismo celo con el que el Santo Oficio redactaba sus índices de libros prohibidos. Un aval de ciento cincuenta millones de los de antes —de los de ahora, quiero decir— y dos décadas de fidelidad indómita al carnet. Total, que para ser presidente del Real Madrid hacía falta ser el Rey Midas o el mismísimo conde de Romanones.Y de repente, el milagro:

Aparece un muchacho de Cox, con la lozanía de sus treinta y siete abriles, la sonrisa de quien ha embotellado el sol en unos paneles de cristal y el bolsillo lo suficientemente profundo como para que los bancos patrios le firmen el pagaré. Enrique Riquelme, se llama el osado. Un don Álvaro de Luna de la energía fotovoltaica que se ha atrevido a plantarse con su barba de tres días y su traje entallado sin corbata ante el mismísimo césar de Chamartín. Pero Florentino, que es zorro viejo y tiene más conchas que un galápago, no se iba a dejar mover la silla así como así. ¿Que el niño de las renovables me promete a Haaland y a Rodri? Pues yo saco la billetera, pongo ciento cincuenta millones sobre el tapete y anuncio que vuelve José Mourinho para poner firmes a los gacetilleros.

Y como el órdago del chaval seguía en pie, don Florentino, que debe de tener línea directa con las alturas celestiales, se ha traído al Papa León XIV al mismísimo paseo de la Castellana ¡Qué genialidad de la providencia! El Papa en el Bernabéu el lunes, lo que obliga por pura necesidad logística y decoro cristiano a mudar las urnas del domingo al pabellón de baloncesto de Valdebebas. Un desierto de asfalto a las afueras, cercado por el colapso circulatorio que la propia comitiva papal va a organizar en el centro de la villa y corte. Dice Riquelme, con el lamento propio del que se ve cercado, que esto es una añagaza para que el socio anciano se quede en el brasero de su casa y no vaya a votar. Y no le falta razón al muchacho, que moverse por Madrid este fin de semana va a requerir un salvoconducto de la delegación del Gobierno o un milagro de San Isidro.Así están las cosas en esta España nuestra, donde la fe y el balompié se mezclan en el mismo porrón.

Florentino fía su suerte a la nostalgia del calvo de Setúbal, a la majestuosidad de un Bernabéu que lo mismo te acoge un concierto de rompe y rasga que una misa pontifical, y a esa masa social que prefiere lo malo conocido que la aventura solar de un imberbe millonario. Riquelme, mientras tanto, apura el voto por correo con la urgencia del que sabe que el domingo la Castellana será territorio de sotanas y no de papeletas.Vayan rezando lo que sepan, madridistas, porque el domingo se vota en el destierro de Valdebebas y el lunes, en el Bernabéu, se bendice el hormigón. Que Dios, o en su defecto don Florentino, nos coja confesados.

Tigre Tigre 
(con los fantasmas de Pedro Muñoz Seca Jaime Capmany 
por padrinos).
Viva la modernidad y el circo.

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