Cerdán

Entre la molicie y el felpudo

24 de Marzo de 2026
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iran. Entre la molicie y el felpudo

En primer lugar conviene recordar una obviedad; sólo el 12 % de la población mundial vive en lo que se llaman Democracias liberales. En Próximo Oriente y Oriente Medio su población vive en sistemas autocráticos. Así que ni de lejos Estados Unidos e Israel pretenden la Democracia en Irán. Además es imposible que la haya. Ni en Irán, ni en Arabia, ni en Irak, ni en Siria ni en ninguno de estos países.

Entonces, ¿qué pretenden? Pues si se aleja un poco la vista se pueden distinguir unos patrones que nos pueden ayudar a entender lo que está sucediendo.

En primer lugar, excepto Irán, todo Oriente Próximo y Medio pertenecía al Imperio Otomano hasta la finalización de la I Guerra Mundial. Al finalizar la misma, en 1918, se tomaron dos importantes decisiones. La primera, con los acuerdos de Balfour tomados en 1917 se propició la inmigración judía en lo que era Palestina, que estaba bajo dominio británico. De ahí surgiría el Estado de Israel en 1948. En segundo lugar, con el Acuerdo Sykes-Picot, las potencias vencedoras y sobre todo Gran Bretaña traicionaron a los árabes que les habían ayudado contra el Imperio Otomano (recordemos el famoso Lawrence de Arabia) y en lugar de cumplir su promesa de crear una gran nación árabe la trocearon en nuevo estados como Jordania o Líbano. A Fáysal, hijo de Húsein, quién comandó la rebelión contra los Otomanos, le dieron como premio de consolación el reino de Irak.

Dando un salto en el tiempo surgieron en los años 50 del siglo XX diversas ideologías panarabistas, deseosas de crear la gran nación árabe. Pero esta vez laicas. Una de ellas fue el pensamiento del llamado Partido Baaz, donde el islam sería diluido dentro de la mística de la gran nación árabe. Acabó cuajando en Irak, con Saddam Hussein, y en Siria, con Haféz al Ásad. Es cierto que acabaron en autocracias. Pero no distintas del resto de la región, y con una cierta actuación socializante. En Libia, con el Gadafi, y Egipto con Nasser, también triunfó el movimiento panarabista. Hoy sabemos lo que ha sucedido en estos países que pretendieron esa gran nación árabe. Hoy gobiernan en estos países o señores de la guerra o integristas musulmanes o una mezcla de ambos.

El segundo intento de crear una ideología panarabista fue el apoyo a los palestinos, a su pueblo. Esto acabó con el asesinato de Yasser Arafat y la potenciación en detrimento de la OLP de Hamás por parte de Israel, que desarrolló la típica operación de Divide et Impera, Divide y Vencerás. Fue Hamás la que desarrolló, ¿engañando al mejor servicio secreto del mundo, el Mossad?, una acción terrorista brutal contra Israel,  que ha acabado con la destrucción de Gaza por parte de los israelíes y la matanza de decenas de miles de palestinos. Y la muerte de toda idea de nación palestina independiente. Ante la pasividad de las monarquías petrolíferas del Golfo, instaladas a base de su riqueza en petrodólares, en la holganza y la molicie más burdas. Ahí, entre viajes y derroche, ya no queda ni un triste rescoldo de la idea de la gran nación árabe.

Es en este paisaje donde hay que entender lo que está sucediendo en Irán, donde Gran Bretaña y la CIA dieron un golpe de Estado para deponer a Mosaddeq en 1953, que había cometido la osadía de nacionalizar el petróleo, y potenciar al Sha Pahlevi, que gobernaría los siguientes 26 años como un autócrata en estrecha alianza con Estados Unidos, tal y como afirma Arne Westad.

En definitiva, estamos ante el último capítulo de un continuum, de una escenografía dirigida por la anglo-esfera, con el leitmotiv más antiguo del mundo: Divide y Vencerás. El último obstáculo,  eliminadas las ideologías panárabes y Palestina, entregadas a la molicie y el despilfarro las monarquías sunitas  petrolíferas de la zona, que queda es Irán. Queda el chiismo, la segunda gran rama del Islam. Y el objetivo de todo esto, del ataque a Irán, más que el petróleo, algo que no se plantea a corto plazo, es que implosione ese país, y que se divida en múltiples etnias o territorios con sus teocracias y sus señores de la guerra. Más o menos lo que ya se ha conseguido con lo que se pretendía el panarabismo. De esta manera dominaría sin ningún problema Estados Unidos y la anglo-esfera, y quedaría como estado dominante en Oriente Israel, rodeado de corruptas e inofensivas monarquías petrolíferas.

En definitiva, no se trata ni de Democracia, ni de derechos humanos. Y mucho menos de derechos de la mujer. Todo eso le importa un comino a Estados Unidos. Se trata de poder. Que se consigue, como se ha conseguido siempre, dividiendo al oponente y haciéndole inofensivo. La cuestión de todo esto es si Rusia y China lo permitirán. Porque saben que el siguiente objetivo, que ya empezó con la disolución de la Unión Soviética, es Rusia. De hecho cabe interpretar así lo sucedido los últimos años. China entonces se quedaría sola.

¿Y Europa? ¿Qué pinta en todo esto? Pues Europa, eliminado el Gaullismo y disuelta el área de influencia de Francia, no pinta nada. Lo único que nos queda es sufrir posibles atentados de represalia por lo que han hecho otros, y sufrir una vez más una crisis económica. Es lo que tiene la vocación de felpudo de los estadounidenses que muestra la antigua orgullosa Europa. Es lo que hay.

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