Electrochoques

ric
23 de Febrero de 2026
Actualizado a las 20:16h
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Electrochoques, la terapia electroconvulsiva

En el año 2024 participé en una encuesta sobre los déficits de memoria provocados por la terapia electroconvulsiva, o sea los electrochoques, y los resultados se han publicado en 2025 en forma de artículos académicos. A mí me aplicaron esta técnica entre los años 1969 y 1972, desde que tenía 17 años, para tratar la esquizofrenia que me habían diagnosticado poco antes.

En aquella época, la medicina no estaba tan avanzada como ahora y además estábamos en dictadura, así que los especialistas no se lo pensaban tanto como ahora para aplicarte descargas eléctricas en el cerebro. No esperaban mucho para ver si los medicamentos solos ya bastaban. El efecto positivo, que en mi caso creo que fue real, duraba un año, y por eso había que ir repitiendo la intervención pasado ese tiempo. A mí me dieron medicamentos y electrochoques durante cuatro años, y después ya solo me tenía que tomar los antipsicóticos.

Los efectos de la enfermedad desaparecían, pero el dolor físico provocado por una terapia agresiva como esta es tan grande que el médico me inyectaba morfina para que pudiera soportarlo. Cuando salía de la consulta, me tenían que llevar entre dos personas hasta el coche porque yo no podía caminar, y así estaba durante días. Entre la enfermedad, los electrochoques y la morfina quedaba tan despistado durante todo el año que no sabía qué responder cuando me preguntaban cómo me llamaba. No podía leer. De hecho, no sabía ni lo que me había pasado. Pero siempre se puede estar peor: como alternativa al tratamiento, a mí me habrían podido internar en un manicomio, pero le había pedido a mi madre que lo evitara a toda costa. A esa edad, además de trabajar, estaba estudiando, y el tratamiento interrumpió mis estudios para siempre. Continué trabajando durante unos años, pero al final me prejubilaron porque simplemente no les era rentable.

He visto cómo queda la gente cuando la tratan con electrochoques así, y es bastante impresionante. Ahora se suelen hacer menos, sólo cuando los medicamentos no bastan para solucionar un problema grave como las tendencias suicidas. También se hace de una manera más suave, y por tanto no se nota tanto en el aspecto del paciente.

Lo que estudia la encuesta en la que he participado es el efecto negativo de esta terapia. Se ha preguntado por Internet a 858 pacientes que habíamos recibido este tratamiento y a 286 familiares y amigos. Hemos participado personas de 44 países. La conclusión del equipo dirigido por el dr. John Read, de la Universidad del Este de Londres, es que hace falta informar mejor a los pacientes y a sus familiares del posible empeoramiento de la memoria a consecuencia de los electrochoques y que los investigadores deberían estudiar más este tema, que tradicionalmente no ha recibido la importancia que tiene. Además, consideran que los pocos y dudosos efectos positivos no justifican que se use una técnica con unos efectos negativos tan grandes y permanentes. De hecho recomiendan que se suspenda inmediatamente esta práctica como terapia mientras no haya estudios que demuestren que vale la pena.

El quinto año de mi tratamiento también podrían haberme administrado electrochoques, pero el psiquiatra me propuso tomar un medicamento nuevo por si me iba bien, con la advertencia de que si no era así volverían a darme descargas. Resultó que el medicamento (Majeptil) era suficiente, aunque tenía muchos efectos secundarios: por ejemplo, me dificultaba mucho dormir, y eso es muy perjudicial para la salud mental. Otros problemas provocados por este tipo de medicación son que no te deja pensar y que te provoca ataques de vista borrosa que te impiden ver bien, a veces en un solo ojo. Pero, cuando llevaba 35 años tomando ese medicamento, lo dejaron de fabricar y me dijeron que tenía que cambiar a otro, lo que me preocupó bastante porque tendría que pasar a tomarme un medicamento al que no estaba acostumbrado, con sus efectos secundarios diferentes. Luché todo lo que pude para evitarlo y recurrí a las autoridades, pero no me ayudaron: las farmacéuticas mandan.

Quiero concluir este artículo diciendo que, 56 años después, aún estoy sufriendo los efectos secundarios de esta técnica tan inhumana y me gustaría hacer un llamamiento a los profesionales para que tengan más en cuenta la experiencia de los pacientes y de sus familiares y amigos cuando se planteen administrar un tratamiento que no tiene vuelta atrás. Considero que hay que tratar estos trastornos sobre todo como un problema social, y no confiar tanto en métodos más físicos como los electrochoques y los medicamentos. Veo que ahora se ha puesto de moda decir que los afectados de problemas de salud mental están condenados a medicarse toda la vida, pero yo creo que hay que estudiar caso por caso y que a menudo se pueden ir dejando los medicamentos siempre que se haya encontrado un equilibrio personal, que el contexto familiar y social sea favorable y que se haga paulatinamente y con la ayuda de un buen psiquiatra. En el norte de Europa hace muchos años que lo hacen así y les funciona.

Artículos académicos de la encuesta:

* <https://uel-repository.worktribe.com/output/446766/a-survey-of-1144-ect-recipients-family-members-and-friends-incidence-severity-and-duration-of-memory-deficits>

* <https://uel-repository.worktribe.com/output/446703/a-survey-of-1144-ect-recipients-family-members-and-friends-does-ect-work>

* <https://uel-repository.worktribe.com/output/446941/a-large-exploratory-survey-of-electroconvulsive-therapy-recipients-family-members-and-friends-what-information-do-they-recall-being-given>

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