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El virus de la irresponsabilidad

04 de Junio de 2020
Actualizado el 02 de julio de 2024
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vox

“Eneste contexto de pandemia con miles de contagiados y fallecidos atrás, saltarseel confinamiento y no respetar las normas básicas de comportamiento social noes una decisión que podemos tomar individualmente dependiendo de lascircunstancias personales; la suma del tan manido “ Si no va a pasar nada” refleja el egoísmo que anida en cada unode nosotros sin importarnos el resto de miembros de la sociedad, como si laresponsabilidad de combatir al  virus nofuera de cada uno de nosotros, sino de los otros”

Madrid, barrio de Salamanca, un juevescualquiera del mes de Mayo, 20 horas: un grupo de ciudadanos salen a la calle,cacerola y cuchara en mano y con banderas en sus espaldas, algunasconstitucionales, otras no, a exigir libertad. Envalentonados por la presidentade la Comunidad de Madrid, Isabel DíazAyuso, días antes en la Asamblea de Madrid, bajan de sus lujosos balconesdesde donde estuvieron aplaudiendo a los sanitarios durante más de dos meses, ysin respetar la distancia de seguridad, vociferan Gobierno Dimisión“”GobiernoCriminal””Sánchez Vete Ya”. Los infectados, los más de 27.000 fallecidos, el personalsanitario que ha estado en primera línea arriesgando sus propias vidas, poco importan…..Laconsigna es clara; hay que desestabilizar al gobierno  y no hay estado de alarma que valga.

 Sábado 23 de Mayo. 12 horas Cuando granparte del país permanecía aún en fase 1, Madrid, por cierto en fase 0, Voxconvoca una manifestación en coche, más como provocación al gobierno de Sánchez–Iglesias, a la espera que le fuera denegada la misma, que como medio deprotesta política. Los resultados los vimos todos; los máximos dirigentes de Vox subidos a una carroza al mas estiloOrgullo Gay arengando a losfanáticos en sus coches y comparando el evento al triunfo de la selección española,por cierto, La Roja, en el Mundialde Fútbol del 2010.

En cualquier caso, ni Santiago Abascal, ni MacarenaOlona, ni Javier Ortega Smith niIván Espinosa de los Monteros ni Rocio Monasterio mantuvieron ladistancia mínima de seguridad recomendadas por las autoridades sanitarias comomedidas de prevención de la pandemia. Está demás decir que si los convocantesno daban el ejemplo mucho menos se les podía exigir a los manifestantes queabrieron las puertas de sus coches en medio de la Castellana para saludarse y darse ánimos en un clima de festividadcon mucho griterío, excesos de banderas y mucho ruido de cláxones. El bullicio teníaque ocultar que eran menos de los que decían ser.

Mientras ellos se lo pasaban en grande, como en Ifema hace unas semanas atrás, habíamiles de infectados luchando por su vida en los hospitales con la ayudainestimable de los sanitarios al límite del cansancio  y otro centenar de familias que no podíadespedir a sus seres queridos.En fin, un despropósito.

Si ciertos dirigentes políticos se comportanirresponsablemente poniendo en riesgo la salud de todos  ¿Podemos esperar que los ciudadanos a pie decalle tengan un comportamiento ejemplar? La respuesta es evidente.      

Cuando todavía una gran parte de la poblaciónespañola seguimos encerrados en nuestras casas, este mismo fin de semana hemossido testigos de cómo un grupo de hasta 3.000 jóvenes organizaban un macrobotellón en Tomelloso, Ciudad Real; queuna treintena de aristócratas, con visita especial del Príncipe de Bélgicaincluida, disfrutaban de una fiesta en Córdobay,  de cómo un pasajero cogió un vuelo Madrid- Lanzarote tras haber estar en Castilla La Mancha con familiares enestrecho contacto con una fallecida por Covid.Si a estos casos le sumamos el aumento de contagios por otras fiestas conexceso del límite permitido de personas en Lleida,Ceuta, Badajoz es evidente que la irresponsabilidad campa a sus anchas a lolargo de todo el país.

No obstante, no hay que ir a las noticias másdifundidas en la prensa. Basta darse un paseo por las fotos recibidas en los últimosdías por mensajes de WhatsApp o porlas imágenes subidas a Facebook oInstagram de nuestros amigos y familiares para confirmar que hay derrochede abrazos y besos… pero con mascarilla al cuello!       

  Y parafinalizar, otro ejemplo más de irresponsabilidad que no saldrá en los mediospero no menos importante.    

Sábado29 de Mayo. 13 horas. Hipermercado de  centro comercial del sur de Madrid. Fase 1.

En la puerta , una imagen que ya forma parte dela  “Nuevanormalidad” a la que este virus nos ha obligado a convivir vaya a saber porcuánto tiempo; una cola interminable para entrar a la tienda por superación deaforo y clientes poniéndose gel y guantes. La cadena de alimentación cumple con los protocolos deseguridad y los clientes…… ¿ Los cumplen?

Al rastrear detenidamente  la conformación de la cola a las puertas deesta gran superficie, se podía observar que había familias enteras, matrimoniose hijos menores de edad que se ve, habían tomado la salida al supermercado comoun paseo más, de esos que hacíamos todos antes de los 70 días de confinamiento.Eso sí, la mascarilla la tenían todos, desde el papá, la mamá, la abuela yhasta los niños de 7/ 8 años.

Una vez dentro el panorama no era mejor. Latienda estaba al máximo de su capacidad con tres cuatro personas por carro ycon niños correteando entre los pasillos a los que, por seguridad, los otrosclientes tenían que hacer todo un ejercicio de equilibrio para evitar contacto físico con ellos.

Tras un confinamiento emocional y psicológicamenteduro y también económicamente muy difícil para muchas familias, ya en fase de desescalada,el Gobierno estableció franjas horarias para disfrutar de paseos, realizaractividad física, para que los niños pudieran jugar en nuestras aceras,parques, jardines y plazas.  Asimismo,determinó algunas obligaciones a cumplir por parte de todos entre las cuales seencuentra que, en fase 1, NO  pueden ir aun comercio o tienda más de una persona por grupo familiar. 

En conclusión, algunos ciudadanos salen apasear, a entrenar, llevan a los niños a las plazas, acompañan a los abuelos enlos horarios para mayores de 70  dentrode las franjas permitidas para luego ir todos juntos al súper como si respetarlas leyes no fuera con ellos…. O sólo la parte que interesa. En fin. Otrodespropósito y una irresponsabilidad más.   

  En pocas palabras, a medida que las fasesavanzan, algunos ciudadanos van distendiéndose y desescalando sus medidas deprotección sin reparar que la suma del incumplimiento individual de lasnormas  puede afectar la salud de losdemás; no sólo se exponen ellos mismos al virus, sino que, al regresar a casa, tambiénponen en riesgo a su entorno más cercano, pareja, madre, padre, hijos,hermanos.

Ylos hechos hablan por sí mismos: 14 días después de las manifestaciones del barriode Salamanca, se han registrado 1.567 nuevos contagios y 4.173 nuevossospechosos. En las próximas dos semanas, veremos hasta qué punto lairresponsabilidad de algunos nos sale muy cara a todos. 

En este contexto de pandemia con miles decontagiados y fallecidos atrás, saltarse el confinamiento y no respetar lasnormas básicas de comportamiento social no es una decisión que podemos tomarindividualmente dependiendo de las circunstancias personales; la suma del tan manido“Si no va a pasar nada” refleja el egoísmo que anida en cada uno denosotros sin importarnos el resto de miembros de la sociedad, como si laresponsabilidad de combatir al  virus nofuera de cada uno de nosotros, sino de los otros. Si caemos en estatrampa, la lucha contra el Covid la habremos perdido por el virus de la irresponsabilidad; habremos dejado de ser unasociedad  para convertirnos en una jungladonde el “Sálvese quien pueda” sea su leitmotiv sin tener en cuenta quequizás ni siquiera seamos capaces de salvarnos a nosotros mismos. Estamos a tiempo.     

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