En este extraño verano marcado por los repuntes del coronavirustambién nos enfrentamos a extrañas serpientes de verano, inevitables en lastertulias de los medios de comunicación y en los noticiarios de cada día. Puedeque la falta de noticias veraniegas determinase en años anteriores elsurgimiento de estas serpientes, pero me da la impresión de que es el exceso demalas noticias lo que hace necesario ahora dedicar tiempo a eméritas serpientesveraniegas.
Mary Renault viene a ser a la novela histórica lo que ÁgathaChristie al género policiaco. Publicó, allá por el año 1958, un precioso libro,El rey debe morir, para entregarnos su versión del mito de Teseo, el recorridode un niño desde su infancia hasta la construcción del nuevo poder ateniense,pasando por su victoria sobre el Minotauro en Creta, o su voluntad para impedirser sacrificado, como lo eran cada año todos los reyes de Eleusis.
En el libro, de la mano de Mary Renault, encontramos todos losamores desencadenados, las ambiciones diseminadas, los designios amenazadores,las batallas desatadas, la sangre derramada, que han caracterizado desdesiempre al género humano. Lo que ayer fue, vuelve a ser hoy y volverá por susfueros mañana, para lo bueno y para todo lo malo.
Hubo un tiempo en el que el mundo era gobernado por un puñadode legendarias mujeres como la reina de Eleusis. No es algo que se hayadescubierto ahora. Hay suficientes pruebas históricas de la existencia desociedades matriarcales, en las que el gobierno correspondía a las mujeres yeran ellas las que determinaban la descendencia por la línea materna. La propiagenética nos dice que a través de la mujer se hereda el ADN mitocondrial.
El mito de Teseo nos describe cómo cada año el rey erasacrificado, hay quién dice que luego era desmembrado y sembrado en la tierrapara abonar los campos. En el libro Teseo se ve obligado a matar al esposo dela reina, que ha vivido durante un año a cuerpo de rey, para pasar a ocupar sulugar en el lecho real. Desde entonces todo su esfuerzo se centra en engañar aldestino y dar la vuelta a la tortilla, evitando su muerte y abriendo paso a lassociedades patriarcales.
La construcción de las polis griegas, como la ateniense, laderrota de otros imperios del mar, como el cretense, el enfrentamiento desigualde los seres humanos frente a los dioses, el feminismo antes del feminismo, elpequeño frente al fuerte, el poderdestructor de los grandes cataclismos, todo ello como si ahora mismo estuviera ocurriendo,como ahora mismo está ocurriendo, tan sólo con cambiar el nombre de losantiguos dioses del Olimpo (con Zeus a la cabeza) por los modernos dioses delDinero y su cetro de poder.
Siempre dije que no seríamos los republicanos los quetrajésemos la república a base de concentraciones, manifestaciones,convocatorias, votaciones y referéndums. Sostuve que serían los poderosos, losricos del lugar, los masivos medios de comunicación que todo lo sabían peronada dijeron durante décadas y la inmensa mayoría silenciosa que cotilleaba enlos cautelosos mentideros, los que un buen día se levantarían con el piecambiado, para poner ese pie en la pared, hasta aquí hemos llegado, hasta ahípodíamos llegar.
Quienes pagaron camuflados sobornos, quienes cobraron cuantiosascomisiones en bolsas de basura y descuidados maletines, quienes se beneficiaronde las puertas giratorias, las prebendas, ventajas, privilegios, corrupciones,corruptelas y el intercambio de favores y hasta quienes siguieron guardandosilencio aunque fuera para seguir comiendo la sopa boba, o las migajas quecaían de la mesa del banquete, necesitanque un buen día todo cambie para que todo siga igual, aunque para ello el reydeba morir.
El problema es que estos procesos se desencadenan y nadie sabehasta dónde pueden conducir. Si traerán la caída en demérito de un monarcaemérito, de la monarquía entera,arrastrada por el desprestigio sembrado en la institución, o si quedarán ennada, acallados por nuevos escándalos.
Son muy pocos quienes se salvan del desprestigio en la políticaespañola, en el mundo de la economía y en el conjunto de la sociedad. En unpaís como el nuestro la confrontación ha sustituido a la cooperación, elegoísmo personal y corporativo al sentimiento de pertenencia a algo más grandeque un partido, una patria chica, una tribu, una banda.
Por eso el argumento, el diálogo, es sustituido por el tú más,el insulto, el escrache a cara de perro. No importa quien caiga, porque alguientiene que caer para que todos sigan a lo suyo, a su negocio, a su interésparticular. Va tocando que caiga alguien, que alguien muera por todos, para quela mediocridad siga reinando en el país.
Una amiga de largo tiempo contaba en uno de esos grupossociales en los que todos nos movemos utilizando el móvil, que siendorepublicana de larga trayectoria y profundas convicciones, no pensaba que larepública podría llegar de esta manera, que no sería tan fácil, que sería algomás que cambiar a un Rey impuesto por un presidente de la República elegido.
De alguna manera creo que mi amiga tenía razón y que pasar deun régimen denominado monárquico a otro llamado republicano no es asuntonominal, ni consiste en elegir al Presidente de la República cada cuatro años,sino que es la consecuencia de una cultura republicana, que defiende la cosapública y lo que es de todas y de todos, la que defiende a los débiles frente alos fuertes, la que preserva la libertad y la igualdad.
Siempre he creído que esa es la república por la quecombatieron y murieron, o fueron encarcelados, mis abuelos, mis abuelas. La quequisimos desde siempre, la que ansiamos también hoy, la que España merece algúndía.
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