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El año de los dos patitos

03 de Enero de 2022
Actualizado el 02 de julio de 2024
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2022

Esta vez sí! ¡2022 será el último de la pandemia! Este deseo esperanzado – el más intercambiado en la noche de transición al año de los dos patitos – refleja el anhelo de vuelta a la normalidad para recuperar la seguridad perdida por mor de un bichito tan pequeño que, como dijo aquel inefable Ministro de Sanidad de UCD: “Si se cae de la mesa se mata” (Sancho Rof dixit en mayo de 1981), para referirse al agente patógeno que provocó miles de muertes, que anidaba escondido en el aceite de colza desnaturalizado. 

El Covid también es un “bichito” que viene matando a mansalva en los dos años y medio que lleva campando por el mundo, como paradigma de que el engreimiento humano basado en el desarrollo tecno científico, sigue sin poder parar a la naturaleza cuando saca sus garras para recordarnos que aquí, en la Tierra, quien sigue mandando es ella. El Covid es solo una muestra – la más letal – de los muchos y destructivos cambios que se vienen produciendo en el último quinquenio, en forma de temperaturas de oscilaciones erráticas y extremas; incendios inextinguibles hasta que no se consumen por sí mismos; tifones y vientos huracanados o movimientos telúricos que arrasan con miles de vidas y enseres, fruto de toda una vida de esfuerzo. Hechos naturales que nos pintan la cara a los humanos, como la reciente erupción del volcán de Cumbre Vieja, en la isla de La Palma, que nos recuerdan que cuando la naturaleza se desata al humano solo le queda poner paliativos y esperar a que se calme. En otras palabras: que la naturaleza es más fuerte y no se la puede alterar por el capricho humano pues, en cualquier momento, puede acabar con nuestra especie.

Llamada de atención a la soberbia y creencia humana de que el medio natural es un escenario a nuestra disposición para esquilmarlo, por el gusto de mantener un estilo de vida basado en el derroche que favorece la desigualdad sin límite. Por todo esto, 2022 debería ser el de la denuncia contundente y sistemática de todos aquellos que, para seguir en el machito del beneficio sin fin, del banal oropel, del “flow” que dicen los cursis; se niegan a ver los avisos que la Tierra nos envía poniendo en riesgo la vida de todos. Moderar el consumo y acabar con la sociedad del gasto desmedido y la acumulación; apostar por la economía circular; sustituir las energías fósiles por las limpias; o no dejarnos engañar por los heraldos del negacionismo sanitario ni por el mensaje de que la Tierra se regenera así misma; son los asuntos que deberían centrar la agenda del 2022. El año del cambio que debe comenzar por reducir nuestra contribución personal al desastre porque, de no hacerlo, nos aguarda la guadaña mortal.

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