Eduardo Luis Junquera Cubiles

El acuerdo de los idiotas

08 de Julio de 2020
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Se disparan los casos de lengua azul entre el ganado europeo

Tenemosderecho a matar a quien no piensa como nosotros. ¿Se imaginan un documentopolítico que comience de esta forma? Aniquilar al adversario al que ve comoenemigo es el sueño de todo extremista. Los hay en la derecha y también en laizquierda. Desconfiemos de cualquier proyecto que no persiga la igualdadabsoluta entre las personas, el desarrollo pleno del ser humano y el respetopor todas las ideologías, incluyendo las que cuestionan el sistema hasta suscimientos. La sociedad está sangrando y terminará muriendo por la simplificaciónde las ideas y la ausencia de debate riguroso. Y en todo este entuerto, claro, tambiénjuega un papel nuclear la cuestión de las noticias falsas.  

El pasado día21 de mayo fue entrevistada en la Cadena SER la portavoz de EH Bildu en elCongreso, Mertxe Aizpurúa y, refiriéndose de forma explícita a la etapa en queETA mataba (1968 a 2010, 857 personas asesinadas) habló del “sufrimientoextremo” de los familiares de los presos. No dijo una sola palabra de lasvíctimas de la banda terrorista, lo cual no es una sorpresa viniendo decírculos endogámicos como los del nacionalismo vasco próximo a ETA, en los quenada se discute y en los que la inteligencia brilla por su ausencia. Los presosvascos nunca mataron ni sembraron de terror aquellas mañanas que amanecían consangre, coches bomba y disparos en la nuca. Esta barbaridad se puede defenderahora, en este tiempo en el que ya poco o nada importan la historia y laverdad. Todo se puede falsear y todo encuentra acogida en una poblaciónentretenida y dominada, que no informada, porque, además, en la construcción deesta nueva sociedad se ensalza el derecho inalienable a defender cualquieridea, incluyendo las violentas o excluyentes. Es una exaltación del yo queacaba en perjuicio de toda la sociedad. Parece que hay un cierto consenso deidiotas que puede proporcionar una cierta paz social porque a todo imbécil sele permite un delirio a su imagen y semejanza, pero esto no dará ningún frutoporque la tierra de la estupidez suele ser estéril. Y al final, descubres conhorror que entre las pistolas de juguete regaladas a los tontos había alguna deverdad y estaba cargada. 

El próximopaso de ese nacionalismo siempre racista, siempre brutal y siempre excluyenteserá decir que la “tiranía” española encarceló a los etarras por repartirpanfletos y flores a favor de la libertad del pueblo vasco en medio del Paseode la Castellana, nunca por asesinar. No estamos tan lejos de esta distopía: unestudio de la Universidad de Deusto de hace apenas tres años revelaba que casila mitad de los estudiantes vascos de primer curso desconocían quien era MiguelÁngel Blanco. A esto hemos llegado. Hay algo similar en el independentismocatalán: si no reconocen que España no solo no es como Arabia Saudí, sino quees uno de los 22 países del mundo en los que sus ciudadanos pueden disfrutar deuna democracia plena es porque hay supremacismo, esa vieja soberbia queentre otras muchas cosas te impide admitir que aquel al que detestas u odiaspuede brillar en algún ámbito. La señora Aizpurúa tampoco se pronunció encontra del ataque que se había producido un día antes contra el domicilio de lasecretaria general del Partido Socialista de Euskadi, Idoia Mendía-de hecho, lojustificó-, algo esperado: EH Bildu impidió el 20 de mayo que el ParlamentoVasco y el Ayuntamiento de Bilbao hicieran una condena institucional contraeste atentado porque en el comunicado figuraba la palabra “condena”, lo cualsupone defender la violencia de forma inequívoca porque, en el fondo, laequidistancia o la ambigüedad no son más que eufemismos con los que se bautiza elapoyo activo o pasivo a determinadas ideologías. Aquella vieja neutralidad queesconde cobardía, egoísmo, comodidad, conformismo…o apoyo real, quiensabe.   

No pongamosperos a estas cosas y, repito, no pensemos que estas fantasías están muy lejosde la realidad: hace algún tiempo, la hija de unos amigos, con 19 años, sepermitió decir durante una cena familiar a la que fui invitado que Españanecesitaba otro Franco porque con él había trabajo y prosperidad. Su padre y yodedicamos varios minutos a hablar de los millones de españoles exiliados por lamiseria, el hambre, la persecución política y la violencia policial, y creo quehicimos un retrato bastante aproximado de aquella España empobrecida que nosolo no estaba homologada con Europa en ningún aspecto, sino que era un pariainternacional sin el menor peso en el tablero político mundial. Creo que lapendiente se está inclinando de forma peligrosa y todo lo que echemos a rodarirá hacia abajo. Los bolos somos nosotros, espero que todos lo comprendamos.

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