Diversidad y dispersión
Acabamos el año sumergidos en la indigencia moral y política. Con media España dando coces y la otra media pastando de las televisiones como si la cosa no fuera con ellos. Los prejuicios, la división de la izquierda (lo que Daniel Bernabé explica en su libro como la trampa de la diversidad) y sobre todo un pasotismo que raya lo enfermizo, están sustituyendo a los franquistas que solo miraban por su bolsillo por otros, que además, son partidarios de imponer sus intereses por la fuerza y a tiros si es preciso.En la estupidez supina de los lánguidos de moral que no creen que esto vaya con ellos, está la creencia de que estos, los franquistas, que no dudarán en usar la fuerza para imponer su criterio y sus “negocios”, no son peores que los que ellos llaman extrema izquierda. Y no se dan cuenta de que hay una diferencia esencial. Mientras que los que ellos llaman populistas de izquierdas luchan por el bienestar de todos dentro del sistema o fuera, pero sustituyéndolo con el consenso de la mayoría, admitiendo dentro del sistema a todos, incluso a los que quieren destrozarlo aunque tengan que usar pistolas, aquellos, los que creen que la razón está dentro del escroto y no en el cerebro, no dudarán en volver a ensanchar las cunetas si es preciso, con todo aquel que no esté de acuerdo con ellos, para conseguir sus planes.La izquierda se está ahogando en un mar tranquilo por su toma de decisiones erróneas. Primero por su división. La izquierda es como los aficionados al júrgol que todos saben lo que le conviene más a su equipo cuando engancha una serie repetitiva de malos resultados, olvidando que es el equipo al completo el que falla y no el entrenador, un defensa o el portero. Como bien explica Daniel Bernabé, ese empeño por olvidar los objetivos comunes y centrarse en el ideario específico de cada cual a quién beneficia es a la derecha porque su único objetivo es ganar dinero y convencer a los de abajo que ellos también pueden ser como los que gobiernan. Animalistas, feministas, antifascistas, nacionalistas de izquierda (si es que uno puede ser de izquierdas y nacionalista, cosa que dudo), todos olvidan que en la actual coyuntura lo importante sería parar este sistema de mierda que está llevándonos a la quiebra social, moral y económica de la mayoría y poner consenso en aquello que pueda ponernos todos en principios básicos comunes para cimentar y construir la estructura de un nuevo sistema. Y no empezar a poner Pladur en las habitaciones antes de tener construida la estructura de la casa.Hay una idea que creo que ha quedado obsoleta y aunque es posible que siga siendo necesaria, ya no funciona: la lucha de clases. Este sistema de hijoputismo desilustrado que ha sustituido la explotación del trabajo ajeno para obtener riqueza por la especulación, y además de cosas irreales como el dinero electrónico, las plusvalías o las apuestas sobre ganancias o pérdidas a futuro de bienes de primera necesidad, ya no necesita obreros para mantener su ritmo de crecimiento económico. Ahora las cuentas corrientes crecen a base de comisiones, a base de explotar concesiones de servicios públicos esenciales que pagamos al triple de su coste que si fueran prestados por las administraciones, y a base de negocios chanchulleros en los que se mueve dinero ficticio que solo existe en la pantalla de un ordenador y que no está soportado por ningún bien tangible (como antes lo era con el oro).En este sistema de hijoputismo especulador el personal ya no es obrero, burgués, noble o clase media. Ahora todos nos hemos convertido en consumidores por obra y gracia de este capitalismo global especulador. Es el consumo el que mueve el sistema. Nadie está dispuesto a renunciar al móvil de última generación, al coche, a las zapatillas de marca, a la colonia del famoso… Hasta tal punto que hemos llegado al summun del consumismo: la televisión por plataformas. Sin anuncios, sin que parezca que nos la meten doblada pero consumismo que se basa en el mismo principio que todos los demás artículos de consumo: la inmediatez, una sensación de libertad de elección y la explotación laboral de la empresa suministradora a quiénes no les queda otra que trabajar por lo que les den. Hemos asumido todos sus principios de amoralidad y nos autoconvencemos de que lo que hacemos está bien a base de cinismo.Hasta hemos asumido que pagar impuestos está mal y sucumbimos a la idea para tontos de que bajar los impuestos (directos) nos beneficia, cuando es todo lo contrario. Los impuestos son necesarios para la subsistencia del estado de bienestar, para una sanidad pública y universal y para una educación en igualdad y cuanto menos impuestos directos que son proporcionales a la renta de cada uno, más impuestos indirectos como el IVA que pagamos todos, independientemente del nivel de vida de cada uno. Y comer, tenemos que comer todos y todos los días.El consumismo es esa pandemia que nos embrutece y nos nubla el cerebro. Hasta el punto que en la lucha de los Chalecos Amarillos en Francia, la principal reivindicación era la bajada de impuestos a los derivados del petróleo. Parecerá una anécdota pero es una muestra ejemplar de lo que pasa. Una de las pocas tiendas que sufrieron daños por los disturbios en París, fue una tienda de Apple de la que arrasaron con todos los Iphones y los Ipad.Si queremos parar el fascismo, debemos buscar un objetivo que la gente considere indispensable, es decir, algo que pueda convertirse en un objetivo más de consumo. Por mucho que les hablemos del peligro del trabajo esclavo, de la desaparición de derechos y servicios públicos, de la muerte de muchos de ellos a manos de los fascistas, nada calará porque no estamos dispuestos a dejar de consumir y sin dejar de hacerlo no es posible acabar con este sistema.Es el momento de aparcar la diversidad y empezar a preparar una estrategia de mínimos que acabe construyendo de nuevo ese edificio social sobre el que poder plantear más adelante las distintas diversidades.El tejado es importante porque salvaguarda la casa de la humedad. Pero quién se pone a discutir sobre el color de las tejas sin haber consolidado una estructura férrea que sostenga la cubierta, acabará aplastado por la ruina del edificio.Para los más decepcionados que creen que es imposible revertir la situación, de los resultados andaluces podemos sacar la concusión de que casi la mitad del censo no fueron a votar, lo que significa que los tres partidos de extrema derecha que van a gobernar no llegan a representar ni a un 30%.El cambio de año no significa nada si no ponemos todo de nuestra parte. Salud, república y más escuelas.Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
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