Nicolás Puerto Barrios

¿Dios percibido? Una aproximación a su posible matematización

19 de Septiembre de 2026
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Dios no ha demostrado que existo

Lo más importante para el ser humano respecto de la realidad es que esta pueda ser percibida.

La percepción no constituye un fenómeno ajeno al método científico. La ciencia ha trabajado siempre, de una u otra forma, con realidades que no son accesibles directamente a nuestros sentidos. Incluso algunas ideas que en un principio pudieron parecer intuitivas o aparentemente acientíficas han terminado encontrando una formulación racional y, en determinados casos, matemática.

De hecho, muchas veces trabajamos con fenómenos que se manifiestan a velocidades, escalas o frecuencias que superan ampliamente los límites de percepción de nuestros sentidos tradicionales, aquellos que primero utilizó el ser humano para relacionarse con el mundo exterior e interior.

Un ejemplo particularmente claro lo encontramos en las telecomunicaciones. Quienes trabajamos con ondas electromagnéticas comenzamos describiéndolas mediante parámetros como la amplitud, relacionada con su energía; la frecuencia, que expresa la velocidad con la que se repiten sus ciclos; y la fase, que determina en qué punto de ese ciclo se encuentra la onda.

A partir de estos conceptos hemos desarrollado sistemas capaces de generar, transmitir y procesar señales mediante formulaciones matemáticas y geométricas cada vez más complejas. Algunas de las estructuras que utilizamos son construcciones abstractas que no existen en la realidad física de una manera literal, pero que resultan extraordinariamente útiles para describirla, transformarla y operar sobre ella.

Esto nos lleva a una cuestión más profunda:

¿Podría el tradicional concepto de Dios ser también matematizado?

Si fuera posible encontrar una formulación matemática de aquello que tradicionalmente denominamos Dios, la cuestión dejaría de pertenecer exclusivamente al ámbito de la fe o de la filosofía y se abriría a una forma diferente de reflexión sobre la realidad.

Pero quizá el propósito no debería ser demostrar matemáticamente a Dios, sino preguntarnos si existe alguna estructura, relación o principio que pueda ser expresado mediante un lenguaje formal y que nos permita aproximarnos a aquello que, hasta ahora, hemos llamado Dios.

La historia de la ciencia muestra que los límites de lo perceptible no coinciden necesariamente con los límites de lo real. El ser humano ha aprendido a ampliar sus sentidos mediante instrumentos, modelos y matemáticas. Lo que antes era invisible puede hacerse medible; lo que no podía percibirse directamente puede revelarse a través de sus efectos.

Por eso, quizá la pregunta fundamental no sea únicamente si Dios puede ser percibido, sino si podemos desarrollar nuevas formas de percepción capaces de aproximarnos a aquello que todavía permanece fuera de nuestro alcance.

Y la cuestión adquiere una dimensión especialmente urgente cuando observamos el mundo actual. Las fuerzas y poderes terrenales, incluso aquellos surgidos de sistemas democráticos, parecen encontrarse en ocasiones atrapados en dinámicas que conducen al desorden y al caos.

Ante esa situación, puede surgir la necesidad de buscar algo que trascienda esos poderes.

Trabajemos, pues, en la posibilidad de modular a Dios.

No necesariamente en el sentido de dominarlo o someterlo, sino en el de encontrar un lenguaje capaz de establecer una relación con aquello que hemos llamado Dios.

Si la ciencia ha conseguido aprender a percibir lo que nuestros sentidos no podían percibir, quizá haya llegado el momento de preguntarnos si también podemos construir nuevas formas de percepción para aquello que, hasta ahora, solo hemos podido intuir.

Tal vez las matemáticas no sean únicamente un instrumento para describir el universo.

Tal vez puedan convertirse también en una vía para formular las preguntas que todavía no sabemos responder.

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