Bueno, la verdad es que no me resulta tan difícil de comprender lo que ha ocurrido a propósito del Congreso de Daños por Vacunas que se celebró el sábado 28 de febrero en Ciudad Real.
Y es que la temática de este Congreso mete el dedo en una llaga cada vez más sangrante. Como todo el mundo entiende y asume, aunque las personas sean acérrimas defensoras de las vacunas, cualquier fármaco (vacunas incluidas) puede generar efectos adversos a las personas que lo tomen.
La cuestión, siempre desde el punto de vista médico, reside en la llamada relación beneficio/riesgo de la toma de un fármaco. O sea, cuánto beneficio se obtiene por la toma del producto en comparación al riesgo de sufrir efectos adversos, más o menos graves. Y aquí está el lío montado.
Históricamente, se ha producido un ocultamiento generalizado de los posibles efectos adversos de los fármacos y más especialmente de las vacunas.
La situación ha llegado a un punto culminante con los engendros que se han inoculado a la mayoría de la población mundial para evitar la posible enfermedad y muerte, provocados a ciencia cierta por la mano humana en los llamados experimentos o investigaciones de «ganancia de función».
Siguiendo los mismos documentos de la empresa Pfizer, puntera en el negocio del covid, su producto generó alrededor de 1 efecto adverso grave por cada 800 inoculaciones. ¿Se escucha claramente este dato?
Una de cada 800 personas inoculadas, además de no verse beneficiada por la imaginaria protección frente a la enfermedad covid-19, puesto que, sigo citando la misma fuente (la empresa Pfizer), estos productos no fueron probados para evitar el contagio, sufrieron efectos no deseables de intensidad grave.
¿Cómo reaccionó el estamento médico-científico y, por consiguiente, qué hicieron los diferentes gobiernos del mundo?
Tapar lo que era imposible de ocultar a largo plazo debajo de la alfombra. Además de no darles presencia a las personas afectadas, se les trató mayoritariamente como perturbadas, testigos fieles de una realidad políticamente incorrecta, privándoles del derecho a mostrar su realidad.
El colmo de los colmos ha sucedido cuando algunos afectados llegaron a instancias judiciales. El Santo Tribunal Supremo del estado español sale, apoyando la tesis del Ministerio de Sanidad, con que las personas se inocularon «de forma voluntaria» y que, en otras palabras, en aquella situación de pánico médico-social, lo que había que hacer era vacunarse, para evitar un posible desastre de salud pública.
Conclusión: además de sufridores de algo que se podía haber evitado, salen apaleados por la injusticia de un tribunal ciego a la realidad, a lo que realmente ocurrió: la enorme presión gubernamental, mediática y desde círculos médico-científicos. La resolución del tribunal concluye, aunque no con estas mismas palabras, claro, que no ha habido mala praxis sino... mala suerte. Y se quedan tan anchos.
Bueno, pues ahora se ha organizado un Congreso para dar voz a esta realidad ocultada siniestramente por el poder en sus diferentes versiones. 19 personas van a dar la cara desde las diversas áreas del problema: médicos, biólogos, terapeutas, abogados, afectados...
¿Y qué ha ocurrido a botepronto? Un aluvión de voces críticas presionando para que dicho evento se cancele. Incluso el Colegio de Médicos de Ciudad Real se atrevió a denunciar el evento ante los juzgados al considerar que el contenido del Congreso puede suponer un riesgo para la salud pública.
¡Ahí es nada! Como diría aquél: «tócate los cojones».
O sea, que dar espacio y tiempo en una sala privada a diversos profesionales de diversos ámbitos relacionados con las vacunas y a personas afectadas por ellas ¿es un peligro para la salud pública?
Esta institución médica «... sólo reconoce como válido el conocimiento científico contrastado y aceptado por la comunidad profesional y rechaza de forma expresa las pseudoterapias y la difusión de mensajes sanitarios que cuestionen la seguridad, eficacia y utilidad de las vacunas».
Las mismas monsergas de siempre cuando son ellos los que se tapan los ojos y los oídos y se quedan mudos ante los ya numerosos estudios que correlacionan vacunas y ciertas enfermedades con afectación inmunológica y neurológica.
Incluso la fiscalía ha decidido archivar la denuncia al no encontrar motivo alguno por el que la presentación del Congreso atente a la salud pública.
Otro de los protagonistas y voceros del paradigma vacunal es la Asociación Española de Vacunología. Es obvio y de dominio público que sus integrantes están constantemente beneficiados por las dádivas de la industria farmacéutica en forma de contraprestación de servicios.
Pues tal asociación ha exigido en un escrito a la Consejería de Sanidad de Castilla La Mancha la suspensión del evento, afirmando que tal tipo de actos genera desinformación y puede tener consecuencias muy graves para la salud de la población.
¡Cuánto miedo a que se les acabe el chollo!
Se hace énfasis a que en los últimos 50 años se han salvado 150 millones de vidas por la acción de las vacunas. Pura propaganda que no se basa en datos científicos válidos; meros cantos de sirena. Esta gente que, al hablar de evidencia científica se les llena la boca de autoridad sobre los demás que, obviamente, no tenemos idea de nada, qué poca ciencia exigen a esos estudios que, por modelación matemática-estadística, pregonan esa millonada de muertes evitadas.
También afirman que las vacunas «son los fármacos más seguros que existen y no guardan relación con el autismo». ¿En qué basan la seguridad de estos productos? Pues en que, según ellos y los diversos reguladores, una vez autorizado su uso se mantienen múltiples niveles de vigilancia de su seguridad mientras se distribuyen.
¡Ja!
¿Me van a decir a mí que se ha estudiado, científicamente hablando, la causalidad entre vacunas y autismo para llegar a semejante conclusión? Por favor... Lo que se está pretendiendo desde los colectivos más conscientes de este peligro es, precisamente, que se estudie en condiciones el fenómeno para que se pueda tomar la decisión más oportuna de cara a mantener o suprimir estos fármacos que parece que ostentan una bula papal de intocables.
Corro un tupido velo por la mediocridad de este tipo de argumentaciones teóricas, que no valen ni un pimiento en la vida científica real.
Desde las instituciones de gobierno del ayuntamiento de Ciudad Real y de la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha tampoco han ahorrado «elogios». Tildan de «cantamañanas» a los ponentes del Congreso y hacen referencia a que es «un lucro vergonzoso».
Es que me troncho: 25€ por seguir en línea un evento de jornada completa, desde las 10h de la mañana hasta las 21h de la noche les parece un lucro vergonzoso... No sé qué les parecerán los más de 90.000 millones de dólares generados por el negocio de las inoculaciones covid entre 2021 y 2022. Aquí no dicen ni pío.
Ayer mismo leí el título de un artículo en una revista digital de divulgación médica que se refería al asunto de este Congreso que ha levantado ampollas en las esferas del poder sanitario. Este título decía así: «Lejía contra el autismo».
Viendo la categoría periodística del título, tomé la decisión más acertada: no leer el artículo. No merece la pena que pierda ni un minuto más de mi tiempo sumergiéndome en esos andurriales y generando mala sangre. Me tengo un gran respeto y suelo cuidarme.
Lo único que merece la pena resaltar del asunto es la reacción que ha tenido la sala donde se va a celebrar el Congreso. Ha emitido un comunicado, siendo éste sí digno de ser leído. Es una explicación llana de lo que es la libertad de expresión y de lo que trata el evento: un muestrario de opiniones por parte de personas que tienen su propio bagaje y su criterio en este tema... en un escenario privado ante personas que han optado libremente por acudir.
También aprovecha la sala para ofrecer el mismo marco para que si otras personas, profesionales u organizaciones tienen algo diferente que decir, lo puedan hacer allí mismo.
¡Punto pelota! Ya no hay nada más que señalar.
Desde aquí muestro mi total apoyo a todas esas personas valientes y a la sala que ha mantenido su compromiso frente a la inmundicia de los dirigentes de este paradigma caduco.
Salud para ti y los tuyos.