Hace unos días, el departamento de medio ambiente de la Generalitat de Catalunya tomó la decisión de anular temporalmente las restricciones de circulación a los vehículos “más contaminantes” en las zonas de bajas emisiones (ZBE) de Cataluña, debido a la lamentable situación en su red de Cercanías (Rodalies).
Resulta que los vehículos más antiguos, esos diablos con ruedas errónea y gratuitamente calificados como los más contaminantes, son a quienes la Generalitat se agarra para intentar minimizar los efectos del desastre ferroviario.
¿Por qué cambié mi vehículo sin necesidad? ¿Antes mi vehículo contaminaba y ahora no?
A consecuencia del relato oficial, ese que viene a decir que los españolitos por el mero hecho de movernos, comer carne o simplemente vivir nos estamos cargando el planeta. A consecuencia de la presión de la Generalitat con el impuesto al CO₂, gas esencial para la vida que ha sido demonizado como los vehículos antiguos. Y a consecuencia de la amenaza de sanciones, conozco yo a más de uno y de una que se ha visto obligado a vender su vehículo o a empeñarse en uno nuevo. Lamentablemente, se da el caso de personas mayores que han tenido que deshacerse de su coche malvendiéndolo y se les ha jubilado anticipadamente de su derecho a conducir y moverse. Imagínense qué cara se les ha quedado al ver que su vecina “resiliente” sí circula con su vehículo “insostenible” y otros, en lugar de disfrutar de su vehículo que funcionaba perfectamente, “disfrutan” cada vez que llega la letra de su nuevo vehículo al banco o han cogido una depresión por no poder recoger a los nietos del colegio o ser independientes para ir a su pueblo.
Exactamente la misma cara que tienen aquellos propietarios de los vehículos sin etiqueta madrileños que han actuado de la misma manera “por el bien de nuestra salud y del planeta” intimidados por las cartas-amenaza del ayuntamiento de la capital o simplemente para poder ir al trabajo. Estos que han visto que finalmente el ayuntamiento no se ha atrevido a cumplir las amenazas de las restricciones y ven por la ventana como los coches de sus vecinos pobres o “resilientes” siguen circulando.