Eduardo Luis Junquera Cubiles

De coronas y reyes

22 de Julio de 2020
Actualizado el 02 de julio de 2024
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CoronaCetro

El mismo sistema-monarquía o república-ha sumidoa unos países en la miseria y la corrupción, mientras que a otros los hallevado a la excelencia. Lo determinante no es el sistema, sino la gestiónpolítica, tarea que corresponde a los servidores públicos. Según TransparenciaInternacional, algunos de los países más transparentes, democráticos, ricos eigualitarios del mundo son monarquías, tal es el caso de Noruega, Dinamarca,Holanda o Japón. Lo mismo podemos decir de repúblicas como Austria, Islandia,Finlandia o Corea del Sur, que poseen algunos de los Índices de Desarrollo Humanomás altos del planeta. Entre los países menos ejemplares también podemos hablarde monarquías como las de Arabia Saudí, Camboya, Marruecos o Tailandia. Losmismos parámetros desoladores de opacidad, desigualdad, pobreza y corrupción deestos reinos los encontramos en repúblicas como Corea del Norte, Irak,Venezuela o Rusia. A algunos les ilusiona eso de la guillotina, pero antes haymuchas cosas que cambiar en España, empezando por nosotros mismos. Laresponsabilidad del ciudadano no es menor que la de un rey, y también somosnosotros los que edificamos o destruimos el país con nuestros actos cotidianos.Parte de la izquierda se muestra revanchista con la corona, como si estainstitución fuera la causa de todos nuestros males, pero el sector público lovendieron PP y PSOE y las reformas laborales que han denigrado las condicionesde trabajo también son obra del bipartidismo. La corona no tiene legitimidaddesde el punto de vista democrático-ninguna del mundo la tiene-, de acuerdo, peroeste no es nuestro principal problema. Antes que la corona está la Educación,la Ciencia, la innovación, la cultura, la sanidad pública, las carencias en lasuniversidades, el modelo de transición ecológica, la desigualdad, laprecariedad laboral, la temporalidad, el problema de la vivienda y unas cuantascosas más.

        Segúnel Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, todas las monarquías deEuropa se encuentran entre los veintisiete países del mundo con mayor Índice deDesarrollo Humano (IDH), y entre los treinta y cinco con menos corrupción,según Transparencia Internacional. Entre las monarquías del Golfo Pérsico tansolo dos de ellas-Qatar y Emiratos Árabes Unidos-se colocan entre los treintapaíses menos corruptos del mundo. En cuanto al Índice de Desarrollo Humano,estos dos países se sitúan en los puestos 36 y 42 respectivamente, siendo losúnicos reinos árabes en figurar entre las naciones con un IDH considerado muyalto. Estos datos nos muestran la importancia del contexto regional, ya quetodos los países de Europa Occidental son, en general, prósperos, ricos y pococorruptos (la percepción de la corrupción es otra cosa), y todo elloindependientemente de que su jefe de Estado sea un rey o un presidente.

        Porotro lado, la Transición la hizo el pueblo. Hay toda una serie de periodistasde la prensa de la derecha y la ultraderecha, que en España son hermanas, empeñadosen que creamos que un proceso histórico de la dimensión de la Transición dependióde un solo hombre, que por supuesto era el rey Juan Carlos, pero si el procesosalió adelante fue por muchas cosas, entre otras y la más importante por eldeseo de pasar página de los españoles, que no querían retroceder a épocaspasadas, sino avanzar, aunque no supieran cómo, aunque fuera a tientas en mediode la oscuridad. Luego vino la “traición” del PSOE, que todavía quiereconvencernos de que para lograr el mínimo común que imperaba en toda EuropaOccidental-derecho a la educación y a una sanidad pública-había que vender unode los tres sectores públicos más grandes del continente, laminar por completolos derechos de los trabajadores a través de varias reformas laborales infamesy dirigir la economía practicando políticas de derechas de forma invariable.Pero eso es otra historia. Entrecomillo la palabra traición porque muchos delos políticos que entonces nos presentaron como socialdemócratas eran, sin más,políticos de derechas adscritos a la ideología neoliberal. El proceso estabapreparado, no fue un golpe de timón que el Partido Socialista dio obligado porla tormenta. Con un partido verdaderamente socialdemócrata a España le hubieraido mucho mejor, pero siempre nos ha gobernado la derecha, siempre. Lo quecambian son las siglas.

        Loirónico de esta historia es que no son los republicanos los que pueden enterrara la monarquía, sino el propio rey Juan Carlos con sus comportamientos. En eltranscurso de su vida una persona puede llegar al heroísmo y puede comportarsetambién como un miserable, y esto es lo que estamos comprobando en el caso delrey emérito. Lo peor es que entre el infantil revanchismo de esa izquierdaobcecada con la monarquía y la adhesión inquebrantable de la derecha nosquedaremos una vez más sin saber toda la verdad, aunque el esfuerzo delperiodismo de investigación arrojará mucha luz a estas tinieblas. En fin, quesi don Juan Carlos hizo méritos para hacernos “juancarlistas” también ha hechotodo lo posible por acabar con la institución. La cuestión principal es queciertas prácticas ya no son toleradas en democracia, y esto tiene más que ver conel decoro y la apariencia que con la ética, por eso digo siempre que las próximascorrupciones serán más sofisticadas y muy difíciles de detectar, porque lo querealmente importa a nuestros políticos no es que la mujer del César sea verdaderamentehonesta, sino que lo parezca.

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