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Contexto histórico y desconocimiento

19 de Mayo de 2026
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Contexto histórico y desconocimiento. Hernán Cortés

Me siento obligado a escribir, contra mi deseo de no volver a redactar una línea más sobre las continuas sandeces que salen por la boca de Isabel Díaz Ayuso, para no contribuir a su vil estrategia de lanzar al mercado mediático todo tipo de mentiras, despropósitos y sinsentidos para ocultar sus fracasos de gestión y desmanes en el uso del dinero de todos con el objetivo ideológico de convertir los servicios públicos en un negocio para el sector privado derruyendo, lentamente, el estado del bienestar que aborrece.

Vuelvo a escribir sobre ella y su reciente viaje—de provocación y recreo— a México como percha para recordar a la interfecta y a los que comulgan con sus ideas que todos los hechos del pasado deben analizarse bajo el prisma del contexto histórico en el que se produjeron, y no con la lente del momento presente, porque de hacerlo nos cargamos la historia verídica subyugada por el interés de ahormarla a una visión ideológica. Y menos con mensajes y declaraciones de brocha gorda que confirman el adagio popular de que es mejor parecer tonto y estar callado, que abrir la boca y confirmarlo.

En los siglos XV y XVI no existía el concepto de Estado Nación o Nación como lo entendemos hoy, pues se forjo a finales del siglo XVIII con la revolución francesa y cristalizó durante el siglo XIX con la caída de los reinados absolutistas. Por esta razón histórica, afirmar que México no existía hasta que llegó Hernán Cortés, contraponiéndolo a la idea de que la España de la época era un Estado Nación como lo entendemos hoy, solo tiene el objetivo enfrentar a dos naciones hermanas al olvidar—por maldad o desconocimiento—, que los Reyes Católicos no gobernaban la Nación España, concepto que no existía en la época, sino sobre las Españas: una serie de territorios y reinos representados por Consejos territoriales (Castilla, Aragón, Navarra, Portugal o Italia) con los que negociaban la financiación de las guerras y el desarrollo de sus políticas.

En este sentido, el hecho histórico de que en siglo XVI no existiera la nación mexicana—que se configuró como tal tras la guerra de independencia de España en 1821—, no quiere decir qué a la llegada de Hernán Cortés a su costa atlántica no existiera un pueblo hegemónico respecto de otras etnias, los Mexicas, con una cultura y rituales —algunos brutales—sobre el que se orquestó la identidad mexicana. Época en la que, en España, y en Europa, se cometían ordalías o juicios de Dios de los que se encargaba la Inquisición para castigar, con la hoguera o la horca, a los que se salían del estrecho marco de la ortodoxia católica.

Las guerras y pogromos cometidos por unos pueblos sobre otros han sido y son una constante a lo largo de la historia—como el que comete hoy Israel sobre el pueblo palestino—, por eso no se puede afirmar que unos fueran más salvajes que otros, y menos hace seis siglos, cuando la vida de las personas carecía del valor que le atribuimos hoy a partir de la Declaración Universal de los Derechos del Humanos —que muchos países siguen incumpliendo— aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1948, cuyo antecedente es la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada en 1789 por la Asamblea Nacional Constituyente en la Revolución Francesa.

Por todo ello, no tiene sentido reprocharse mutuamente las crueldades cometidas por unos y otros con la llegada de los españoles al nuevo continente americano, porque pasó en todos los procesos de colonización con diferentes grados de barbarie según la crueldad aplicada por los colonizadores a los naturales de las tribus y poblaciones conquistadas. Proceso en el que hubo notables diferencias —hay una ingente investigación histórica al respecto—; por ejemplo, entre la colonización española en América, la británica en Norteamérica y Oriente Medio, o la belga y holandesa en África. Por tanto, no tiene razón de ser juzgar con la moralidad de hoy lo que sucedió en el pasado, que solo debe servir para aprender de los errores sometidos en el proceso colonizador que inauguró una nueva visión globalizada del mundo y del derecho de los pueblos a existir y mantener su cultura e idiosincrasia. 

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