Estos días atrás nuestro ya indispensable Uclés ha probado todas las mieles del intelecto que los fracasados (como recuerda Manuel Vilas somos quienes no vendemos trescientos ejemplares de nuestros libros, jajajajá, ojalá), Vilas cuya obra desconozco pero también tiene fama: digo que Uclés, cuyo libro famosérrimo tampoco me despertó curiosidad en el hojeo, quizá me equivoque, ha probado cómo ha sido elevado al Parnaso, le llegan los premios y los mismos medios lo usan ahora para darse prestigio de solidez destrozando su siguiente novela famosa... es el procedimiento habitual.
Convertido en referencia de aquéllos que compran referencias y de aquéllos que las venden, desconozco qué construye él como intelectual, Uclés ha hecho de su capa un sayo rural y ha generado toda una polémica peligrosa. Por partes, Pérez Reverte tiene el mérito de haber resucitado el género del novelón entretenido que, como lector, no consumo, pero quizá el éxito, igual que a Uclés pero más consolidado, le permite hablar con unas seguridades que no nos deja a los otros otra opción que ser imbéciles, afectivo adjetivo que usa con frecuencia nuestro nuevo Cela menos literario.
Uclés tiene razón, el drama español es que quienes por su posición de mandarines intelectuales deberían haber superado la doctrina franquista de la Guerra Civil no lo han hecho; fuimos nazis (¿lo somos?) documentadamente, la República no era un bando sino el Estado español y la fatalmente denominada Guerra Civil fue un exterminio provocado por la Iglesia, los riquísimos poseedores y el ejército en connivencia para mantener sus privilegios y superioridad económica hiperbólica. Cualquier otra explicación es un falseamiento histórico y un fregado intelectualoide para fijar, dar brillo y esplendor a lo que fue un crimen. Añadan los delitos cometidos en el seno de los partidos y facciones que no participaron en el alzamiento y ya tienen todo el material de estudio.
Como individuo pensante no creo en la censura, sí en el debate; si no quiero ir a un sitio no voy, lo pienso antes; el CAL me sugirió presentar en cierta ocasión a un escritor sevillano de admirable prosa, mucho mejor técnicamente que la de los citados anteriormente juntos, pero dados sus elogios extremosos y ultras decliné la misma, ni él se enteró ni pasó de una anécdota personal, otro lo hizo y me pareció muy bien. Uno ha de saber con qué bueyes ara, si no lo sabe o se cree en la potestad de decidir motu proprio sin importar las consecuencias en los demás, no lo considero ni ejemplar ni humanista.
Chomsky y Epstein, ni idea de qué hay detrás. La obra de aquél es indispensable en el siglo XX, como la de Rousseau o Baroja la son en otros contextos, ¿Ezra Pound?, y qué me dicen de Thomas Mann... Leer a esta gentuza es terrible, pero en la vida existe el mal y hay que conocerlo, la idea de la cancelación por sus actos es tentadora y salvífica pero moral (yo no tengo moral), la consecuencia es peor que lo que se intenta evitar porque perdemos talento y estímulo salvo que Pérez Reverte, Uclés y Vilas sean nuestros nuevos clásicos; no se trata de escoger entre el bien y el mal, sino de vivir correctamente entre el mal y el bien, ética, no moral; yo no me entiendo sin Mann por mucho que abusara de menores o maltratara a su descendencia, yo no tengo ninguna responsabilidad en ello, y cuando los cito no tengo ningún inconveniente en alabar literariamente lo de Tadzio o Lolita. Beethoven y Schubert conocieron a fondo la esclavitud de las prostitutas, qué no toleraría Shostakovich al estalinismo... yo no soy un héroe, ni siquiera de salón; tengo un sofá y leo, y si salgo de él digo lo que pienso y llevo una década advirtiendo modestamente sobre la normalización del ultrarreaccionarismo en España y el mundo, pero no creo que se deba prohibir nada ni niego a nadie su libertad de decir la tontería que quiera porque la Libertad es que yo le pueda contestar. Cito a alguien a quien sí admiro profundamente, José Miguel Monzón: “Libertad de Expresión es que lo que tu digas no sea punible”.
Me repugna ver a Chomsky con Epstein. Y me hace pensar. Es un tío, lleno de mierdas inconfesables, de traumas y sufrimientos, lleno de avaricia y soberbia, de errores y virtudes, de instantes admirables en su vida y otros propios de un criminal. Como todos. Ahí está su obra; quizá haya aportado mucho bien a la Humanidad, a diferencia del propio Epstein y otros que aparecen en sus archivos, el delincuente a juicio con las Leyes y alerta siempre como dijera mi faro humanístico JRJ (otro cuya obra habría que leer despacio para notar ciertos escarceos no muy admirables), negarse a pensar o debatir porque se posee la poltrona para recibir apoyos de tu facción es propio de quienes ya pagados de sí no necesitan explicar; hemos de estar siempre alerta para que, en la batalla eterna entre el conocimiento y el oscurantismo, venza la paz y la empatía, el Humanismo, sin justificar jamás violencias, de ningún tipo, luz frente a la oscuridad de la perversión de usar a los demás como instrumentos, como dijo el racista y ultramachista Kant.