Para mí está muy claro que la labor de un médico es ayudar a las personas que se le acercan a preservar su salud. Y también veo de forma muy nítida que esta labor tiene un límite insuperable: la muerte.
Y es que hemos venido a vivir una serie de años... para después, simplemente, morir. Y no hay vuelta de hoja. Ya nos podemos golpear la cabeza repetidamente contra ese muro... que no se va a agrietar. Al menos, en este plano dimensional en el que nos está tocando (o hemos elegido) vivir.
¿Qué ocurre cuando las personas mueren? El Estado articula un mecanismo burocrático para certificar el hecho de la muerte, y la persona deja de contar como «activo» del sistema.
El procedimiento pasa porque el médico de turno debe constatar que la persona ha fallecido y documentarlo en un papel. En dicho formulario debe detallar las causas o posibles causas de la muerte.
Son varios los tipos de causas a explicitar en este documento:
Hay una primera parte que registra la secuencia causal de los eventos que condujeron directamente a la muerte, siguiendo el orden lógico de arriba hacia abajo:
- (a) Causa inmediata: Es la enfermedad, lesión o complicación que produjo la muerte directamente. Debe anotarse la patología específica, no el modo de morir (como por ejemplo, una parada cardíaca).
- (b) y (c) Causas intermedias: Son los estados morbosos que produjeron la causa inmediata. Se anotan en orden cronológico inverso, donde la causa de la línea (b) es anterior a la (a).
- (d) Causa inicial o fundamental: Es la enfermedad o lesión que inició la cadena de acontecimientos patológicos que condujeron a la muerte. Es la causa originaria de todo el proceso.
Hay también una segunda parte que incluye:
- Otros procesos significativos: Enfermedades o condiciones que influyeron en el desenlace fatal pero no forman parte de la cadena causal directa (por ejemplo, diabetes o hipertensión en un fallecimiento por neumonía).
¿Adónde voy con todo esto?
Si un médico sospecha que la lesión que ha generado la muerte es un producto farmacológico, como por ejemplo el engendro que se ha inyectado a la población para hipotéticamente protegerla del covid, convendrás que debe señalarlo en el certificado correspondiente, ¿no?
Pero ¿cómo hacerlo si la gran mayoría de los médicos están ciegos a esta realidad? Por más que la mortalidad haya aumentado no sólo en la «primera ola pandémica» de 2020 sino fundamentalmente en 2021 y 2022, tras las campañas de inoculación masivas de esos engendros. Pocos se atreven a decir ni palabra de lo que puedan sospechar para sus adentros. Y, mucho menos, lo van a poner, blanco sobre negro, en un documento firmado.
Me he decidido a escribir sobre este tema tras haber leído a médicos estadounidenses mostrando una realidad palpable: en los formularios donde se certifica la muerte de las personas, por ejemplo, los forenses tienen marcados unos casilleros con las posibles causas de muerte que puedan encontrar.
Aquí nos topamos con la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Todas las posibles causas de muerte deben estar recogidas por esta clasificación, consensuada por el establishment médico.
Ahora lanzo una pregunta con un poco de malicia: ¿Creéis que está contemplada en esta Clasificación Internacional de Enfermedades la muerte por efecto directo de una vacuna?
Pues la verdad es que sí, sí lo está, en varios epígrafes: tanto si la vacuna es bacteriana como vírica... Forman parte de un bloque denominado «Eventos adversos de procedimientos médicos y quirúrgicos».
Pero cuando un médico asistencial o un forense van a rellenar un certificado de defunción en EEUU, en los casilleros donde deben hacer constar que la causa real de, por ejemplo, una muerte súbita de un lactante a las 24 horas de haberle inoculado una vacuna cualquiera, no tiene manera objetiva de reseñarlo marcando ningún casillero específico, por lo que queda sin constar oficialmente ese vínculo causal.
En España, el facultativo de turno (o forense), si sospecha que la muerte ha tenido relación con una vacuna de las habituales o tras haberse inoculado ese engendro covid, deberá hacerlo constar de puño y letra en la parte del certificado que corresponda:
- En la parte 1 si se sospecha que la relación ha sido causal respecto a esa muerte.
- En la parte 2 si se sospecha que ha contribuido indirectamente al fallecimiento de la persona.
Convendréis conmigo en que, tal como está el patio entre mis compañeros médicos en esta cuestión, será muy difícil que en las estadísticas oficiales consten las muertes reales derivadas por estos inóculos.
Y otro tanto pasa con los errores médicos, fundamentalmente hospitalarios: errores en la ejecución de pruebas y/o tratamientos, equivocaciones en la administración de fármacos (cambiando productos o aumentando las dosis), etc.
En EEUU se ha documentado que este grupo de muertes puede llegar a ocupar el tercer puesto en las estadísticas de mortalidad. Y no lo digo yo sino el actual director de la FDA norteamericana, el Dr. Martin A Makary, en un artículo que publicó en el BMJ en 2016.
En mis tiempos de galeno recién salido de la Facultad de Medicina, había muy poca información sobre este tema, y las pocas veces que me tocó rellenar uno de estos certificados, aunque ya no lo recuerdo muy bien, no me pareció nada fácil hacerlo.
Me alegro mucho haberme retirado de aquel trabajo en la sanidad pública hace ya tantos años y dedicarme a lo que realmente ha sido mi vocación profesional: ayudar a las personas a restablecer el equilibrio roto en su camino, a veces tortuoso y cuesta abajo hacia la muerte.
Salud para ti y los tuyos.