Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio. Hace 11 años que por primera vez un medio de Comunicación, El Mundo en su edición Balear, hablaba de las presuntas irregularidades que podía haber cometido el yerno del Rey. Y exactamente han pasado cinco años desde aquel paseíllo de Urdangarían para llegar a la entrada de los Juzgados de Palma en los que declaraba en el canutazo a los medios: “ comparezco hoy para demostrar mi inocencia, mi honor y mi actividad profesional. Durante estos años he ejercido mi responsabilidad y he tomado decisiones de manera correcta y con total transparencia”. Triste historia la del cuñado del Rey y su esposa, aunque ésta se haya librado de la cárcel. La ambición, codicia, sensación de impunidad han salpicado a la Casa Real, que nunca volverá a ser la misma, a un país –el que apoyaba el poder establecido y la Monarquía- al que se le ha caído su mito, a un sector republicano que clama Justicia y que siente con esta condena que España sigue siendo un país de pandereta. Hay cosas ya irreparables y todo lo ocurrido daña, sin lugar a dudas, aún más la imagen internacional de la transparencia de España.Desconozco si la Justicia, según la ley en la mano, ha sido justa. Si la sentencia hubiera sido la misma si yo hubiera hecho lo mismo que Urdangarín. Carezco de formación y cultura necesaria en Derecho para valorar si la infanta, como tantas otras mujeres reconocidas como institucionales, es de verdad sólo responsable –como dice la sentencia- por responsabilidad civil a título lucrativo. (¡anda, como Ana Mato!).Hoy, no lo será, pero debería ser el día de los juristas para valorar esta sentencia.Pero mientras un pueblo entero, incluido periodistas y políticos, hacemos valoraciones públicas y privadas, en redes sociales y por whatsapp, sabemos que no han quedado saciadas las ganas de venganza de la ciudadanía.Y es que esta vez se pasaron de la raya. Y Justo lo hizo quien más tenía, quien lo tenía absolutamente todo. Ahora dicen que será un preso privilegiado. Y yo que, a pesar de los pesares, creo en la Justicia y respeto a las instituciones -aunque no todo me guste ni siempre me identifique con ellas- espero con toda mi alma que no exista ese privilegio y que de verdad los poderes establecidos se unan para que todos sintamos que se va a hacer justicia. Aunque esa justicia llegue once años después de que se descubriera que un sinvergüenza –fuera un marido, yerno y cuñado de quien sea- había cometido delitos –como detectó la fiscalía anticorrupción- de tráfico de influencia, malversación, prevaricación, fraude, estafa, falsedad, delitos contra Hacienda y blanqueo de capitales.Si, además, éste delincuente en cuestión, se ha aprovechado de “su privilegiado posicionamiento institucional”, dejemos que “de libro” y sin más presiones que la de la Ley, limpie su honor-tal y como él mismo declaró- en la cárcel sin privilegio alguno. En ello confío. Pues eso.Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
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