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Barcelona nunca estuvo cerca

25 de Septiembre de 2026
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Entre las ciudades compactas de alta densidad destacan Barcelona, Milán, París y Basilea. | Foto: Pexels
Entre las ciudades compactas de alta densidad destacan Barcelona, Milán, París y Basilea. | Foto: Pexels

En plena vorágine organizativa a los efectos de nuestro II Congreso Internacional para abordar la pobreza que realizaremos en Guadalajara, México, resulta imposible olvidar el lugar desde el que partimos en este gran desafío que creemos es fundamental para reconvertir la institucionalidad democrática y nutrirla de los elementos que creemos debieran ser prioritarios.

Desde el lugar que esto se escribe, el instituto nacional de estadísticas y censo reporta los números de pobreza material, arrojando un 41, 6% de la población total en la región NEA en tal condición, superando el 48% en conglomerados urbanos a un puñado de distancia del presente ordenador.

Junto a colegas mexicanos, principalmente el Dr. Jorge De la Torre López, coincidimos con hombres y mujeres de España, principalmente de Barcelona y resolvimos, realizar allí en febrero de 2023 nuestro primer congreso internacional para abordar la pobreza.

No solamente asistieron personas vinculadas al quehacer intelectual, sino también autoridades políticas y sociales del lugar en dónde llevamos a cabo el encuentro, cuyos nombres no recuerdo.

En tránsito de difundir nuestro segundo congreso, me sorprende y extraña, la grandilocuente pobreza "empática" o solidaria por parte de todos aquellos que han formado parte de la organización de tal encuentro, cómo los que de alguna u otra manera participaron en el mismo.

Sí bien cómo en todos los ámbitos, en dónde lo humano desanda sus aspectos más deleznables, la filosofía no podría estar exenta de tener que soportar estas vicisitudes, que al menos, debieran ser puestas en evidencia, como es la intención de estas palabras, para trabajarlas y modificarlas.

Independientemente del dolor que pueda significar, siquiera recibir un mensaje de aliento, una salutación formal, ya ni siquiera un mínimo interés en participar o colaborar de algún modo, quebrar el silencio, es una obligación moral, por más que moleste a quiénes se puedan dar por aludidos.

No se trata de las personas que puedan estar dentro de este campo, con las que hemos compartido tiempo, trabajo, temores, sueños, energía y todo lo que implica el desandar de lo humano ( incluyendo desencuentros y enojos) sino de algo mucho más amplío incluso que el espíritu de camaradería y el encuentro bajo el significante de lo solidario.

Pensamos en voz alta, que se trata de algo más profundo y espeso que posiblemente tenga que ver con la superioridad moral de la que aún no logran despojarse quiénes viven del otro lado del Atlántico.

Ojalá sea una sensación enturbiada por la afección de no ser considerados, de ser olvidados y estar bajo la más desagradable carga que otorga la indiferencia. Sin embargo, en nuestra disposición al pensar, debemos hacer el esfuerzo de sobreponernos y tratar de pensar al respecto.

Posiblemente esta actitud tan aberrante de colegas cómo de quiénes considerábamos amigos, obedezca a un comportamiento cultural que los excede y que por tanto los exime de responsabilidad individual.

Recuerdo que en tal congreso, el contrapunto mayor, al menos para quién esto suscribe, se dio a partir del concepto de "aporofobia" que una filósofa española hubo de suscribir tiempo atrás y que fungió en el mitin, como para sintetizar allí la problemática principal de la pobreza en general. Nunca sentí que tal odio a los pobres o a lo pobre tuviese que ver conmigo o incluso con la mayoría de los que habitamos las "indias" dónde la pobreza material golpea más fuerte. Elucubre el concepto de "aporofilia" como para conceptualizar, que para otros o "nosotros" el problema no pasaba ni pasa por desechar al pobre, sino en amar la pobreza, tutelarla, mimetizándonos con la misma y romantizándola, para ulteriormente no hacer nada para modificarla. Trabaje con letras de un cancionero de mi tierra, enraizado en nuestra poética originaria del "chamamé" a los efectos de sostener la idea.

A días de nuestro segundo congreso, para tratar esta cuestión para nosotros prioritaria e indispensable en el campo de la filosofía política y la actualidad crujiente de nuestra institucionalidad republicana y democrática, y superando el dolor expresado de no sentirnos acompañados por aquellos con los que iniciamos este camino, creo sin embargo que estaban en lo cierto.

No son pocos, incluyendo a funcionarios e intelectuales que en la vieja Europa, están afectados de "aporofobia". Eso sí, el concepto o afección es mucho más amplio, no sólo odian al pobre material que tienen en frente, a lado, o que desea ingresar como migrante o visitante temporal (turista), sino también (y espero estar equivocado) a todos aquellos que no hemos nacido en sus tierras y a los que sólo nos prestan atención o nos devuelven el saludo, cuando osamos estar allí, aún sea para pensar en una problemática como la pobreza desde una perspectiva política y filosófica para mejorar lo humano.

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