Eduardo Luis Junquera Cubiles

Ángeles y demonios

22 de Junio de 2020
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Existe unatendencia un tanto infantil a demonizar o blanquear, según nos convenga, adeterminados grupos o personas. Hay gente en España que de verdad piensa que elPSOE es el caballero blanco de nuestra democracia y que, por el contrario,cuando gobierna el PP las fuerzas franquistas andan por ahí desbocadas y casi esmejor permanecer en casa antes de que te detengan y te manden de nuevo a la desaparecidacomisaría de la Puerta del Sol. Mucho fantasear para llegar a una conclusión tansimple como realista: que las políticas que más nos afectan, las económicas,son idénticas en ambas formaciones. No he dicho parecidas, sino idénticas. Puedeque Pedro Sánchez constituya una excepción respecto a Zapatero y González, perosi esto es así, algo que solo podremos juzgar al final de su presidencia, seráporque con él gobierna un partido de izquierdas como Unidas-Podemos, no porquesu deseo sea llevar a cabo políticas diferentes a las neoliberales.

Lo mismoocurre en el caso de Estados Unidos cuando idealizamos el período de Obamacomparándolo al de Trump. Obama fue el presidente que más inmigrantes deportóen la historia del país y durante su mandato también había niños en jaulas enla frontera con Méjico. Siguiendo con esta idealización del pasado, hay quedecir que fue Clinton el que comenzó a construir el muro en el sur de EstadosUnidos, pero insisto en que vivimos en un tiempo en el que analizamos más conel corazón que con la razón. Por cierto, que la firma del propio Clinton de laderogación de la ley Glass-Steagal, en 1999, mediante la aprobación de la leyGramm-Leach-Bliley, que permitió las fusiones entre bancos tradicionales ybancos de inversión y que se hizo a medida de Citicorp, entonces el banco másgrande del mundo, para que este se fusionase con un holding de bancoscomerciales y con el gigante de servicios financieros, seguros y fondosTravelers Group dio inicio, de forma tal vez irreversible, a un mundo dominadopor la ley del más fuerte. En realidad, la fusión entre Citicorp y Travelershabía tenido lugar un año antes, en 1998, y la ley se reformó con los apoyos delos secretarios del Tesoro, Robert Lubin y Lawrence Summers y del presidente dela Reserva Federal, Alan Greenspan. Para que el grupo resultante de la fusiónpudiera operar antes de la aprobación de la ley Gramm-Leach-Bliley fuenecesaria una exención de la propia Reserva Federal. No fueron solo Reagan yThatcher quienes fortalecieron el neoliberalismo, no seamos simplistas.

Precisamente,en tiempos de Obama murió Eric Garner. Fue en julio de 2014, y lo hizo de unmodo que recuerda demasiado al de George Floyd: mediante una llave deestrangulamiento y murmurando las mismas palabras, “No puedo respirar”. Ocurrióen Nueva York. Ante este asesinato, Obama exhortó a la calma porque su políticafue siempre inacción y buenas palabras. Da igual qué problema estuviera sobrela mesa, Israel, Oriente Medio, las tropas en Irak o Afganistán, los abusospoliciales contra negros e hispanos o el matrimonio entre personas del mismosexo: inacción y buenas palabras. Obama estuvo en guerra durante sus ocho añosde mandato. Claro que los presidentes estadounidenses manipulan el términoguerra a conveniencia: a veces lo estiran como un chicle y en ocasiones ni lonombran. El sistema necesita gente como Obama para seguir haciendo las mismascosas execrables, pero pareciendo que no se hacen o que incluso se hace locontrario. Esos ocho años de guerras no están del todo mal para un Nobel de la Paz,aunque en ese tiempo casi era suficiente con no ser Bush para que te lo dieran.

Todas lasrevueltas protagonizadas por los negros durante el siglo XX fueron sofocadaspor la fuerza porque en la sociedad y en las instituciones existía laperniciosa idea de que eran ciudadanos de tercera categoría. Ejemplo evidenteson los llamados disturbios de Watts, un barrio de Los Ángeles, ocurridos en1965 tras el intento de detención por parte de la policía de un joven negro queconducía ebrio. Las protestas se prolongaron durante una semana y en ellasmurieron 34 personas, hubo más de 1.000 heridos, 3.500 detenidos y destrucciónde propiedades, que incluyeron saqueos e incendios, por valor de 50 millones dedólares de la época. Poco después, se formó la comisión Mc Cone a instanciasdel gobernador de California, Edmund Gerald Brown, con el fin de que jamáspudieran repetirse revueltas similares. Pero los factores socioeconómicos queperpetuaban la segregación de los negros y que fueron señalados por la comisiónfueron ignorados. Decía Ortega y Gasset que “La realidad ignorada, con eltiempo se toma su venganza”. Así es como el pasado se repite una y otra vez yasí asistimos, en 1992, a las revueltas de Los Ángeles a causa de la paliza dela policía a Rodney King, un hombre negro que conducía a gran velocidad bajolos efectos del alcohol. La gente no se rebela solo por ver las imágenes de laviolencia policial, sino porque en alguna ocasión a lo largo de su vida hapasado por algo parecido, aunque la agresión sufrida no haya tenido la mismaintensidad.

El informede 101 páginas redactado por la comisión Mc Cone acerca de las condiciones devida en el barrio de Watts describía discriminaciones en el mercado de lavivienda-la Proposición 14 del estado de California permitía rechazar unaoferta de alquiler o compra por motivos raciales-; enormes carencias eninfraestructuras educativas y de transporte; nula comunicación entre lapolicía, mayoritariamente formada por blancos, y la comunidad negra; y menosoportunidades de trabajo para los negros. Algunas de las recomendaciones de lacomisión se pusieron en marcha con su consiguiente efecto positivo: mejoras enla alfabetización y los programas preescolares, mayores facilidades paraacceder al mercado de la vivienda, políticas activas de empleo y más inversiónen salud y transporte. Pero, de forma paulatina, estas medidas perdieron fuerzapor la disminución de su presupuesto o por su eliminación. Algo tendrá que verque, año y medio después de las protestas, fuese elegido gobernador deCalifornia Ronald Reagan, un hombre con la misma sensibilidad humana que elcomisario jefe de cualquier gulag soviético, eso sí, sosteniendo siempre undiscurso de honor que revelaba una firme creencia en el apoyo divino a suspolíticas.

Lasprotestas posteriores han estado protagonizadas por hispanos porque estecolectivo ha crecido enormemente y supone en la actualidad casi el doble que elde la comunidad negra. Pero los hispanos se ven afectados por los mismosproblemas porque las carencias de los suburbios en los que viven son las mismasque arrasaban Watts hace más de 50 años.

Por vez primera, siento que pueden cambiar las cosas en EstadosUnidos porque creo que se ha iniciado una auténtica toma de conciencia entrelas clases privilegiadas acerca de la brutalidad con la que históricamente hansido tratados los negros. Ya sé que hay blancos afectados por la pobreza y laincultura, pero es un hecho objetivo que, al menos ellos, no ven como susufrimiento aumenta por padecer la lacra del racismo. Ese cambio no puede sersolo institucional, por importante que sea crear un marco jurídico contra elracismo y cualquier forma de discriminación, sino que ha de tener un reflejo enlas relaciones entre las personas. De lo contrario, asistiremos al triunfo deuna nueva inquisición sociocultural y no a una etapa renovada basada en lafraternidad y la igualdad.

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