Yolanda Díaz compara a Feijóo con una "lavadora vieja" de programa único

La vicepresidenta ha advertido de que si no se actúa frente a la desigualdad, la extrema derecha seguirá creciendo

12 de Marzo de 2026
Actualizado a las 17:04h
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Yolanda Díaz Entrevista RTVE (1)
Momento de la entrevista a Yolanda Díaz en RTVE

La política española se enfrenta a un desafío que trasciende la gestión administrativa para adentrarse en el terreno de la ética global. La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha trazado en una entrevista en RTVE una hoja de ruta que combina la serenidad institucional con una crítica feroz a la inacción europea. Ante el reciente ataque a Irán y la persistente tragedia en Gaza, la postura del Gobierno de España se erige no solo como una estrategia de contención económica, sino como una defensa cerrada de la legalidad internacional frente a la barbarie.

Díaz no duda en calificar la situación actual como una quiebra del orden establecido, señalando una preocupante parálisis en las altas esferas del poder mundial. Para la ministra, el silencio de gran parte de la comunidad internacional es una falta de integridad que España debe denunciar. En sus propias palabras, define la coyuntura como un momento de máxima gravedad: "El diagnóstico moral es que es una infamia lo que estamos viviendo, y es una infamia que la mayor parte de los dirigentes en el mundo estén callados". Esta denuncia del genocidio y la guerra ilegal sitúa al Ejecutivo español en una posición de vanguardia diplomática que busca despertar la conciencia de una Europa atenazada.

El análisis de Díaz se extiende hacia el futuro de la Unión Europea y su preocupante dependencia de potencias externas. La vicepresidenta advierte sobre un plegamiento de los intereses europeos ante la figura de Donald Trump, una dinámica que considera humillante para la autonomía del continente. La crítica se dirige especialmente hacia la Comisión Europea, exigiendo que se recupere el espíritu fundacional de paz y bienestar social. Según Díaz, Europa debe reaccionar para reducir su dependencia tecnológica, energética y financiera, evitando convertirse en un actor secundario entre Washington y Pekín.

La preocupación por el auge de la extrema derecha también ocupa un lugar central en este ensayo informativo. Díaz vincula directamente la desafección ciudadana y la pobreza laboral con el crecimiento de opciones reaccionarias. Sostiene que, si Europa no ofrece soluciones reales a los 93,3 millones de personas en exclusión social, el terreno será fértil para el odio. "Como no actuemos, claro que va a ser no solamente grave la posición de desigualdad, sino que todavía va a crecer más la extrema derecha en Europa", advierte, subrayando que la política útil es la única vacuna contra el autoritarismo.

En el plano doméstico, la respuesta a la crisis energética provocada por los conflictos en Oriente Próximo se traduce en un plan de choque inmediato. La vicepresidenta lanza un mensaje de tranquilidad basado en la experiencia previa de la pandemia y la guerra en Ucrania. El objetivo es claro: proteger a las familias y evitar que la incertidumbre paralice la economía productiva. Entre las medidas previstas destaca el control de precios y la prohibición de despidos por causas energéticas, herramientas que ya demostraron su eficacia en el pasado reciente.

La defensa de lo público y la justicia fiscal se contraponen a las recetas de la oposición, que Díaz critica con dureza. Al referirse a las propuestas de bajada generalizada de impuestos, la ministra utiliza una metáfora punzante al comparar al líder del PP con una "lavadora vieja" de programa único. Frente a la desregulación, Díaz apuesta por la corresponsabilidad de los márgenes empresariales, especialmente en sectores como el de la distribución. Sobre la protección del empleo, su instrucción es taxativa: "Quiero mandar un mensaje a las empresas: no hay que despedir a nadie. Los ERTE y el mecanismo RED ya están en vigor".

Finalmente, no se puede ignorar el peso de la memoria en el discurso de Díaz. Al evocar episodios oscuros de la historia reciente de España y las teorías conspirativas que aún resuenan en ciertos sectores, la vicepresidenta apela a la movilización de la España progresista. Considera que la "internacional del odio" ha sabido diagnosticar la crisis de identidad contemporánea, pero la resuelve a través del enfrentamiento. Para Díaz, la decencia y los derechos humanos deben ser el motor de una mayoría social que no puede permitirse caer en el desánimo ante los "señoros de la guerra".

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