La red de Rodalies inicia la semana sin recuperar la normalidad prometida. Lejos del escenario que esperaba el Govern, el servicio ferroviario seguirá fragmentado este lunes, con once tramos cubiertos por autobuses y una red condicionada por reparaciones de urgencia que evidencian el alcance real de la crisis de movilidad desatada tras el accidente de Gelida. La garantía formal de “movilidad asegurada” convive con una operativa aún precaria, marcada por limitaciones de velocidad, cortes selectivos y una infraestructura sometida a inspección intensiva.
La comunicación oficial de Renfe llegó entrada la noche del domingo, confirmando lo que ya se intuía durante el fin de semana: la recuperación completa no era viable. Pese a los refuerzos anunciados —más de 150 autobuses y trenes de reserva—, el servicio ferroviario sigue lejos de una explotación ordinaria. El problema ya no es un punto concreto de la red, sino la acumulación de incidencias estructurales detectadas tras semanas de inspecciones aceleradas.
Adif mantiene trabajos activos en 31 puntos de la red ferroviaria catalana, centrados principalmente en trincheras, taludes y zonas especialmente expuestas a episodios meteorológicos extremos. Las actuaciones derivan de más de 400 inspecciones realizadas desde el accidente del 20 de enero en Gelida, un siniestro que actuó como detonante de un proceso de revisión que, en condiciones normales, habría sido más gradual.
El alcance de estas inspecciones explica por qué, incluso en los tramos donde los trenes circulan, lo hacen con restricciones severas de velocidad en hasta 179 puntos. El resultado es un servicio formalmente operativo pero funcionalmente inestable, con retrasos acumulados y márgenes de recuperación muy limitados.
Solo la línea R11, entre Figueres y Portbou, recupera este lunes la circulación ferroviaria completa. El resto de la red mantiene cortes parciales o totales, con sustitución por carretera en tramos estratégicos de líneas como la R1, R4, R8 o varios servicios regionales del sur de Cataluña. Dos de los cortes —en la R3 y la R7— responden a obras previas, pero quedan diluidos en un mapa general de disrupción que el usuario percibe como continuo.
El Govern había trasladado la expectativa de que este lunes se recuperara, al menos, una parte sustancial del servicio previo a la crisis. Esa previsión se apoyaba en un calendario de reparaciones que, a la vista de los datos actuales, resultó excesivamente optimista. La distancia entre la planificación política y la capacidad técnica efectiva vuelve a aparecer como un problema recurrente en la gestión ferroviaria.
No se trata únicamente de reparar lo dañado, sino de hacerlo en una red envejecida, sometida a una presión creciente y con déficits acumulados en mantenimiento. La decisión de acelerar inspecciones ha tenido un efecto paradójico: ha mejorado el conocimiento del estado real de la infraestructura, pero ha ampliado el número de puntos críticos que requieren intervención inmediata.
Renfe insiste en que la movilidad está asegurada “en todas las líneas”, ya sea por tren o por carretera. Técnicamente es cierto. Pero el recurso masivo a autobuses, combinado con desvíos, transbordos y tiempos de viaje más largos, configura una experiencia de transporte degradada, especialmente para los usuarios recurrentes de Rodalies, que dependen del servicio para desplazamientos laborales y educativos.
El refuerzo con servicios gratuitos de Media Distancia por la línea de alta velocidad entre Barcelona y Lleida —cuatro trenes adicionales— actúa como válvula de escape puntual, pero no resuelve el problema de fondo: la falta de resiliencia de la red convencional ante incidencias encadenadas.
Una crisis que trasciende el accidente
Lo ocurrido en Gelida fue el origen visible de la crisis, pero no su causa profunda. La actual situación pone de manifiesto una red que funciona al límite de su capacidad de absorción de fallos, donde cada incidente obliga a decisiones drásticas que afectan a amplias zonas del territorio. La simultaneidad de cortes ferroviarios y viarios —como el de la AP-7 en Martorell— agrava el impacto y reduce las alternativas reales de movilidad.
A corto plazo, el escenario apunta a una recuperación gradual y selectiva, no a un retorno inmediato a la normalidad. A medio plazo, el debate vuelve a situarse en el mismo punto de siempre: la necesidad de una planificación sostenida del mantenimiento y la modernización de Rodalies, más allá de las respuestas reactivas que solo se activan cuando el sistema entra en crisis.
Por ahora, este lunes se presenta como un nuevo día de servicio condicionado, en el que la red sigue funcionando, pero no todavía como debería.