La Policía Nacional avisó tres días antes del ataque a Ceuta

Los documentos desclasificados revelan que se lanzó una alerta reglada sobre la "entrada masiva a nado" de migrantes mientras, durante 40 días, el Marlaska ha negado por activa y por pasiva disponer de información sobre el ataque híbrido contra Ceuta

09 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 19:11h
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Miles de personas entran en Ceuta desde Marruecos
Miles de personas entran en Ceuta

Pedro Sánchez estaba acorralado y se soltó un "sujétame el cubata" en forma de desclasificación urgente de documentos. Sin embargo, como en las sevillanas de la motosierra, le tiraron el cubata con la realidad que muestra esa documentación de las fuerzas de seguridad y de los servicios de inteligencia. Al final, el cuento de la "sorpresa" se ha desmoronado. Se veía venir. La excusa oficial de que nadie podía prever la llegada de más de 80.000 personas a las costas de Ceuta a finales de julio se ha ido por el desagüe. Y no por acusaciones de la oposición, no. Han sido los propios papeles del Estado, recién desclasificados, los que le han dejado los vergüenzas al aire al Ministerio del Interior.

Ni ceguera, ni fallo de los espías, ni mala suerte. Lo que hubo fue un goteo constante de alertas rojas que llegaron puntuales a los despachos de Madrid. Pero allí, por razones que nadie aclara del todo, prefirieron no mover un solo dedo. Y en la playa del Tarajal, los agentes siguieron a lo suyo, con el mismo dispositivo rutinario de un martes cualquiera.

Un informe a las 12.30 que lo cambió todo

Retrocedamos al 27 de julio. Tres días antes del caos. A las doce y media de la mañana, la Policía Nacional rellena un documento interno de esos que llevan el sello de "hecho relevante". No era para menos. Los agentes sobre el terreno avisaban negro sobre blanco: en los últimos veinte días se estaba produciendo una “entrada masiva a nado” desde Marruecos.

La causa era clara. Tras la sentencia del Tribunal Supremo del 8 de julio, que ponía coto a las devoluciones en caliente, el flujo en el agua se había disparado.

Pues bien, ese papel no se quedó en un cajón de comisaría. Se subió directamente al Centro Nacional de Comunicaciones, el cerebro de información que maneja el mismísimo Fernando Grande-Marlaska. Por eso choca tanto escuchar al ministro repetir en televisión que ellos no tenían ni idea de la ola que se les venía encima. Entre el "entrada masiva" de los policías a pie de playa y el "no se podía saber" del ministerio hay una distancia difícil de salvar.

Dos alertas en treinta minutos

Aquel 27 de julio las alarmas saltaron por partida doble. Apenas media hora antes de la nota policial, el CNI ya había lanzado su propia llamada de socorro advirtiendo de que las redes sociales ardían con convocatorias para cruzar la frontera.Es decir: los servicios secretos por un lado y la Policía por otro estaban diciendo exactamente lo mismo. El Estado tenía la foto completa.

Y los números sobre el terreno daban miedo. En esos veinte días previos habían llegado a nado 748 personas. Sumadas a las casi 500 que ya abarrotaban el Centro de Estancia Temporal de Extranjeros, el centro estaba a reventar con más de 1.200 ocupantes. Las costuras del sistema ya estaban rotas antes del gran golpe.

Ahora bien, ¿qué pasó con el aviso de la Policía una vez que entró en el sistema de Interior? Ahí está el gran misterio. La ley dice que esos informes deben volar a la Dirección General de la Policía y a la Secretaría de Estado de Seguridad. Sin embargo, en los papeles desclasificados no hay ni rastro de que la alerta se compartiera con la Guardia Civil o con el Ejército. Se esfumó en la burocracia.

Solo ante el peligro en la orilla

Las consecuencias de ese apagón informativo las pagaron, como siempre, los de abajo. Mientras en los despachos de Madrid los papeles circulaban de bandeja en bandeja, los policías y guardias civiles en Ceuta esperaban la embestida de miles de personas sin más armas que la rutina diaria.

Ver a los agentes desbordados en los espigones, improvisando sobre la marcha mientras la marea humana los sobrepasaba, deja un mal cuerpo tremendo cuando sabes que en Madrid tenían los datos tres días antes.

¿Fue descoordinación? ¿O se congeló la alerta para no enturbiar las delicadas relaciones diplomáticas con Rabat? Sea como fuere, la coartada de la "tragedia imprevista" ya no sostiene a nadie.

Pasar por caja

A Marlaska y a su equipo se les acumulan las explicaciones. Cuando tus propios agentes sellan un documento hablando de "entrada masiva" 72 horas antes del colapso, el margen para la excusa se reduce a cero.

No se trata solo de un fallo en la valla o en la playa. Se trata de una cadena de mando que recibió los avisos, se encogió de hombros y dejó vendidos a sus hombres sobre el terreno. Y eso, en cualquier administración que pretenda ser seria, exige algo más que dar la callada por respuesta.

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