Bajo un sol abrasador y con la coreografía precisa de las visitas de Estado, el presidente del Gobierno español volvió a posar en Nueva Delhi por segunda vez en 18 meses. La escena no es anecdótica: simboliza la voluntad declarada de que España mire al Indo-Pacífico como vector estratégico de su política exterior. En el llamado “año dual”, que conmemora siete décadas de relaciones diplomáticas entre España y India, la cultura, el turismo y la inteligencia artificial funcionan como estandartes de una ambición mayor.
Acompañado de ministros, startups y empresarios, Pedro Sánchez agradeció el trabajo de la embajada y de la oficina comercial mientras prometía una nueva estrategia exterior hacia Asia. “España mira al este”, insistió, en una formulación que busca trascender el simbolismo.
España-India
La relación bilateral ha ganado densidad bajo el liderazgo de Narendra Modi. India representa no sólo un mercado de 1.400 millones de personas, sino un actor central en la competencia tecnológica, energética y logística del siglo XXI. Para Madrid, acercarse a Nueva Delhi es también diversificar dependencias en un mundo fragmentado entre Washington y Pekín.
En los salones diplomáticos, Sánchez se reunió con inversores indios ya instalados en España (biotecnología, renovables, defensa, agroindustria) y defendió que “la economía española crece de forma singular en Europa”. El mensaje implícito: España como puerta de entrada a la Unión Europea y como plataforma industrial en reconfiguración.
El telón de fondo es el acuerdo comercial entre la UE y la India, negociado durante dos décadas y pendiente de ratificación. Para el ministro de Agricultura, las oportunidades son claras: vino y aceite de oliva españoles podrían expandirse en el subcontinente. Para las empresas españolas, el atractivo se extiende a logística, automoción y transición energética.
En privado, Modi habría trasladado “voluntad de invertir”. En público, el Gobierno español habla de sectores (agroalimentario, farmacéutico, renovables) más que de cifras. La prudencia diplomática suele preceder a los anuncios concretos.
Cultura, cine y diplomacia blanda
La jornada comenzó con la inauguración de un mural en un barrio popular de la capital india, obra de un pintor español premiado con la Medalla de Oro junto a dos artistas locales. El gesto, cargado de simbolismo social, apuntaba a la narrativa de dignidad y cohesión.
Más tarde, Sánchez presentó “Mudras”, la primera coproducción cinematográfica hispano-india, celebrada por Modi como un “hito”. En un mundo donde el poder blando compite por audiencias globales, el cine y la cultura se convierten en herramientas diplomáticas tan eficaces como los memorandos de entendimiento.
Inteligencia artificial
El presidente español aprovechará la cumbre de IA en India para reiterar su mantra: “la tecnología al servicio de las personas”. España ha defendido una aproximación regulatoria basada en la Carta de Derechos Digitales de 2020 y en una gobernanza centrada en Naciones Unidas.
El discurso conecta con la preocupación europea por los algoritmos tóxicos, la desinformación y los deepfakes. Sánchez citó cifras alarmantes sobre contenidos manipulados y defendió que regular no equivale a censurar, sino a exigir responsabilidad a las plataformas. En ese punto, lanzó críticas al empresario Elon Musk, a quien acusó de fomentar la polarización y dañar la salud mental juvenil.
La escena revela un contraste interesante: mientras India explora su propio modelo de soberanía digital y Estados Unidos debate los límites del poder tecnológico privado, España intenta posicionarse como puente normativo entre innovación y derechos.
Polémicas nacionales
Ninguna visita exterior escapa al ruido interno. Desde Nueva Delhi, Sánchez respondió a preguntas sobre polémicas nacionales: defendió al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, reivindicó coherencia en casos sensibles y acusó al Partido Popular de doble rasero.
También admitió que parte del electorado socialista se abstiene en elecciones autonómicas recientes, prometiendo análisis y movilización de cara a futuras generales. Sobre un supuesto desencuentro con Felipe González, restó dramatismo. La política exterior, incluso en el Indo-Pacífico, nunca está completamente aislada de la aritmética doméstica.
Indo-Pacífico, apuesta estratégica
Más allá de titulares y polémicas, el viaje encaja en una tendencia mayor: la creciente centralidad del Indo-Pacífico en la estrategia europea. Francia y Alemania han articulado ya sus propias hojas de ruta regionales. España, tradicionalmente más volcada en América Latina y el Magreb, busca ahora equilibrar su proyección.
El cálculo es claro. India emerge como potencia demográfica y tecnológica; su peso en cadenas de suministro críticas aumenta; su diplomacia se vuelve más asertiva. Para Madrid, consolidar vínculos significa asegurar inversiones, diversificar mercados y ganar relevancia en foros multilaterales.
El desafío reside en traducir la retórica en resultados tangibles. Las promesas de inversión deben materializarse; la cooperación en IA necesita mecanismos concretos; el comercio requiere ratificaciones parlamentarias. La diplomacia cultural, por sí sola, no sustituye a la geoeconomía.
Sánchez proclamó que España no viaja a India sólo para observar, sino para “cambiar el mundo” junto a ella. Es una frase ambiciosa, quizá inevitable en la retórica contemporánea. El verdadero examen no será la fotografía bajo el sol de Nueva Delhi, sino la capacidad de convertir esa luz en proyectos duraderos.