La provincia de Almería sufre las consecuencias de una catástrofe medioambiental y humana sin precedentes que ha conmocionado a todo el país. Lo que comenzó como un conato de incendio en una cuneta se ha transformado, en cuestión de horas, en una tormenta de fuego incontrolable que ya se ha cobrado la vida de doce personas fallecidas en Los Gallardos y mantiene en vilo a las autoridades ante la existencia de veintitrés personas sin localizar. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha confirmado la magnitud de un siniestro que avanzó a una velocidad inusitada de quince kilómetros en apenas dos horas, impulsado por rachas de viento que alcanzaron los cincuenta kilómetros por hora. La voracidad del frente no solo ha obligado a suspender de inmediato los actos institucionales en la comunidad, sino que ha provocado una movilización masiva de los servicios de emergencia para frenar un desastre que amenaza con seguir devorando núcleos poblacionales.
La reconstrucción de los hechos apunta a que las llamas convirtieron el relieve accidentado de la zona en una trampa mortal para residentes y excursionistas. El desalojo de los vecinos diseminados se realizó puerta a puerta por parte de las fuerzas de seguridad, aconsejando en múltiples puntos el confinamiento o la evacuación urgente. Sin embargo, la velocidad del avance y la decisión de algunos habitantes de ignorar las advertencias oficiales para emprender la huida a pie por senderos escarpados propició el trágico balance de víctimas. La complejidad para acceder al terreno ha dificultado las labores del Instituto de Medicina Legal de Almería y de la Guardia Civil en el levantamiento de los cadáveres, mientras equipos especializados del Grupo Especial de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) centran sus esfuerzos en peinar las áreas calcinadas en busca de los desaparecidos, un escenario dantesco donde el hallazgo de bastones de senderismo sugiere que el fuego sorprendió también a grupos de turistas en mitad de la sierra.
Los servicios de emergencia han localizado los cuerpos en dos puntos geográficos diferenciados que reflejan el pánico vivido durante las primeras horas del siniestro. En el primer escenario, cuatro personas perdieron la vida atrapadas en el interior de un vehículo que fue devorado por el frente de fuego. Los indicios preliminares apuntan a que las víctimas eran de origen extranjero, presuntamente británicas, debido a que el coche siniestrado presentaba el volante en el lado derecho, característico del sistema de conducción del Reino Unido. En el segundo foco del desastre, un grupo de nueve personas, mayoritariamente ciudadanos belgas y británicos junto a un ciudadano español, tomó la determinación de abandonar sus fincas a pie desoyendo las recomendaciones de confinamiento de las autoridades locales. Siete de ellos fueron cercados por el avance de las llamas y perecieron en el monte, mientras que solo dos integrantes lograron sobrevivir a la quema.
A las víctimas mortales se suman cuatro heridos con quemaduras de extrema gravedad que han requerido su evacuación inmediata en helicóptero hacia la unidad de referencia del Hospital Virgen del Rocío en Sevilla, mientras que otros afectados reciben atención médica especializada en los centros sanitarios almerienses de Torrecárdenas y La Inmaculada. En el plano logístico, el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, ha elevado por encima de seiscientas las personas desalojadas, habilitando espacios de acogida en el teatro de Lubrín, el polideportivo de Garrucha y un convento en el municipio de Antas. En estas dependencias se atiende con carácter prioritario a la población más vulnerable, compuesta por ancianos, enfermos y niños que se vieron obligados a huir con lo puesto ante la proximidad del humo negro.
La controversia sobre el origen exacto de la tragedia planea sobre la gestión de la catástrofe, sumando tensión al debate político regional. Si bien el inicio del fuego quedó geolocalizado en el kilómetro quinientos once de la carretera nacional N-340A debido a la rotura y caída de un cable de alta tensión, las principales compañías energéticas del país se han desmarcado de la titularidad de la infraestructura. Tanto Red Eléctrica como Endesa han aclarado de manera tajante a través de informes de urgencia que la línea afectada no forma parte de su red de distribución ni de sus activos corporativos. Técnicos especializados desplazados al epicentro del inicio constataron de madrugada que el cable originario pertenece a una instalación estrictamente privada que, según los datos técnicos recabados, debía carecer por completo de tensión eléctrica, un misterio que ya investigan los equipos de la policía judicial.
El cambio en las condiciones meteorológicas mantiene en vilo al Puesto de Mando Avanzado, dado que una violenta variación en la dirección del viento está provocando el retorno de las llamas hacia el núcleo urbano de Los Gallardos, golpeando con especial virulencia el barranco de Alfaix. Ante el peligro inminente de confinamiento por humo, las autoridades han ordenado el desalojo inmediato de otros doscientos cincuenta vecinos de la zona y han procedido a cortar nuevamente el tráfico en la autovía del Mediterráneo A-7, repitiendo las llamadas a la prudencia del director general de Tráfico, Pere Navarro, quien ha instado a la población a no arriesgar la vida intentando salvar enseres personales o vehículos en las vías de evacuación.
El impacto político de la tragedia ha congelado la agenda pública en Andalucía y ha forzado una inusual sintonía de colaboración entre administraciones. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha telefoneado a Juanma Moreno para expresarle su profundo dolor y garantizar la máxima colaboración de los recursos estatales, un despliegue que incluye el envío de más de doscientos efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME), setenta vehículos terrestres y una veintena de medios aéreos coordinados por el Ministerio de Defensa que dirige Margarita Robles. La gravedad de la crisis ha llevado a la Junta de Andalucía a aplazar indefinidamente el acto oficial de toma de posesión de los nuevos consejeros autonómicos en el Palacio de San Telmo, mientras la Casa Real se sumaba a las muestras de consternación enviando el pésame a los familiares de los fallecidos.
Desde Madrid, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha suspendido sus compromisos oficiales para monitorizar la evolución de un siniestro que ha despertado la solidaridad de regiones vecinas como Murcia, Navarra y la Comunidad Valenciana, dispuestas a aportar dotaciones de bomberos forestales. La presencia en el terreno a primera hora de la tarde del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de la secretaria general de Protección Civil, Virginia Barcones, subraya el carácter estatal de una emergencia donde el trabajo de quinientos profesionales conteniendo el flanco derecho busca impedir que el fuego devore las vitales zonas de cultivo del levante almeriense. Emergencias 112 mantiene operativo un teléfono de asistencia atendido por psicólogos de emergencias para encauzar el dolor de unas familias atrapadas en la angustia de la espera mientras el monte sigue ardiendo.
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