La tragedia del incendio forestal de Los Gallardos continúa creciendo incluso después de que las llamas hayan dejado de avanzar. La muerte de una mujer británica de 93 años, que permanecía ingresada en estado crítico en el Hospital Universitario Torrecárdenas, ha elevado a trece el número de víctimas mortales del mayor incendio registrado en Andalucía en los últimos años.
La paciente había ingresado en Urgencias durante la madrugada del pasado 10 de julio con quemaduras que afectaban al 20 % de la superficie corporal. Tras una primera estabilización fue trasladada a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde finalmente falleció. Su delicado estado se veía agravado por importantes patologías previas, según ha informado la Junta de Andalucía.
Su fallecimiento se suma al de las doce personas que perdieron la vida durante el incendio, muchas de ellas sorprendidas por un fuego de extraordinaria violencia que avanzó impulsado por rachas de viento de hasta 70 kilómetros por hora y unas condiciones meteorológicas extremadamente adversas. El incendio llegó a calcinar unas 7.000 hectáreas y obligó a evacuar a miles de vecinos de Los Gallardos, Bédar, Antas y otros núcleos próximos.
Aunque el Plan Infoca logró declarar estabilizado el incendio durante el fin de semana y los desalojados han comenzado a regresar de forma progresiva a sus viviendas, el dispositivo de emergencia mantiene desplegados numerosos efectivos para asegurar el perímetro, extinguir los puntos calientes e investigar el origen del fuego, que apunta inicialmente a la caída de un cable eléctrico, una hipótesis que aún deberá confirmar la investigación judicial.
Las tareas de búsqueda desarrolladas durante las últimas jornadas por un centenar de agentes de la Guardia Civil, la Unidad Militar de Emergencias, el Grupo de Emergencias de Andalucía y equipos de Protección Civil concluyeron sin localizar nuevas víctimas. Sin embargo, las autoridades continúan tramitando denuncias por desaparición y avanzando en la identificación de los fallecidos, un proceso especialmente complejo debido a la gravedad de los daños sufridos por muchos de los cuerpos.
La dimensión humana de esta catástrofe trasciende las cifras. Detrás de cada balance oficial aparecen familias rotas, vecinos que han perdido sus hogares, personas que escaparon por minutos del avance de las llamas y profesionales de emergencias que durante días trabajaron en condiciones extremas para salvar vidas y contener un incendio de comportamiento imprevisible.
Los expertos recuerdan que los grandes incendios forestales ya no son episodios excepcionales. El aumento de las temperaturas, la acumulación de combustible vegetal y fenómenos meteorológicos cada vez más extremos favorecen fuegos mucho más rápidos, intensos y difíciles de controlar. La tragedia de Los Gallardos vuelve a situar sobre la mesa la necesidad de reforzar la prevención, mejorar la gestión del territorio y adaptar los dispositivos de emergencia a un escenario climático que multiplica el riesgo.
Almería inicia ahora una etapa distinta. Las llamas comienzan a apagarse, pero el duelo apenas empieza. Hay pérdidas que ningún operativo puede reparar y una cicatriz que permanecerá durante mucho tiempo en la memoria de quienes vivieron aquellos días en los que el fuego convirtió una comarca entera en el escenario de una tragedia.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.