Hacienda ya estaba investigando a Zapatero y a sus hijas

El cerco fiscal a los Zapatero: El dilema del juez Calama y el fantasma de la prejudicialidad penal

03 de Julio de 2026
Actualizado a las 15:08h
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Zapatero a su entrada a la Audiencia Nacional para declarar ante el juez Calama
Zapatero a su entrada a la Audiencia Nacional para declarar ante el juez Calama

La fina línea que separa el derecho administrativo del derecho penal se ha convertido en el nuevo campo de batalla para el entorno más íntimo del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. En un movimiento de honda repercusión política y judicial, la Agencia Tributaria ha desvelado que mantiene abiertos expedientes de inspección de máxima envergadura contra el exlíder socialista, sus hijas Alba y Laura Rodríguez Espinosa, y el controvertido empresario Julio Martínez Martínez. La ofensiva de los inspectores de Hacienda, que abarca tributos nucleares como el IRPF, el IVA y el impuesto sobre el patrimonio entre los ejercicios de 2021 y 2024, sitúa la lupa fiscal sobre las finanzas de la familia del exmandatario en el momento de mayor vulnerabilidad institucional, conectando directamente con las pesquisas que se instruyen en los despachos de la Audiencia Nacional.

La estrategia de los organismos de la delegación de Hacienda en Madrid y la Comunidad Valenciana no responde a un mero control rutinario, sino a una calculada maniobra de blindaje administrativo ante la posibilidad de un delito contra la Hacienda Pública. Al remitir sendos escritos al titular del Juzgado Central de Instrucción número 4, el magistrado José Luis Calama, el fisco busca activar el resorte de la prejudicialidad penal. Esta figura jurídica obliga a suspender la vía administrativa cuando los mismos hechos están siendo analizados por un tribunal penal, evitando así resoluciones contradictorias. Sin embargo, el verdadero trasfondo de la consulta de la Agencia Tributaria reside en la necesidad perentoria de conseguir el aval del juez para interrumpir los plazos de prescripción de la deuda tributaria, impidiendo que el paso del tiempo extinga las posibles responsabilidades económicas y penales de los investigados en el caso Plus Ultra.

El nudo gordiano del conflicto se encuentra ahora en el tejado judicial. La normativa vigente impide que los inspectores paralicen estos procedimientos de forma unilateral; necesitan imperativamente la orden expresa del órgano jurisdiccional que pilota la macrocausa. Ante este dilema de enorme calado técnico y político, el juez José Luis Calama ha optado por la prudencia procedimental a través de una providencia dictada el pasado 29 de junio, mediante la cual traslada la patata caliente a la Fiscalía Anticorrupción para que emita el preceptivo informe sobre la viabilidad de la suspensión. El dictamen del Ministerio Público será decisivo para determinar si las pesquisas fiscales se integran en la corriente principal de la causa penal o si, por el contrario, deben seguir caminos separados, marcando el devenir de un proceso que ya amenaza con reescribir el control judicial sobre las altas esferas del poder político.

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