La historia de RMC no es excepcional y precisamente por eso resulta inquietante. Es el retrato de un sistema fiscal que presume de progresividad pero que en la práctica actúa con una dureza quirúrgica sobre los eslabones más frágiles mientras tolera con parsimonia las grandes bolsas de morosidad entre las rentas altas.
RMC es trabajador autónomo, realiza pequeños encargos para pymes y factura lo justo para sobrevivir. “Yo facturo cada mes por debajo del salario mínimo, ¡en bruto!”, explica a Diario Sabemos. Ha pedido que no se publique su nombre por miedo a represalias de la Agencia Tributaria, un temor que dice compartir con su familia y que revela hasta qué punto la relación entre el contribuyente vulnerable y el Estado se ha vuelto asimétrica.
El caso que denuncia funciona como una lupa sobre una tendencia más amplia en España: la persecución fiscal de las rentas bajas frente a la tolerancia estructural hacia los grandes deudores. Hace unas semanas RMC recibió una llamada que le dejó paralizado. Era su banco. “Hacienda te ha dejado la cuenta a cero, te ha vaciado la cuenta”. Sabía que tenía una deuda pendiente de algo más de 700 euros, una cantidad modesta que, sin embargo, fue tratada con la máxima severidad.
“Efectivamente, la cuenta estaba a cero. A partir de ese momento comenzaron las devoluciones de recibos y la imposibilidad de hacer frente a los gastos comunes para mi familia. Menos mal que teníamos unos 300 euros en efectivo, pero ese dinero se va acabando, lo que nos da mucho miedo”, relata. Desde entonces, facturas esenciales como la luz, el teléfono, internet, los seguros, los impuestos, e incluso un tratamiento médico no cubierto por la Seguridad Social han quedado impagados, con un impacto no solo económico sino también psicológico.
“No duermes, no haces más que mirar la cuenta a ver si alguno de mis clientes ha abonado las facturas que tengo pendientes de cobro”, explica mientras muestra documentos que acreditan cerca de 10.000 euros en facturas impagadas. Si esos ingresos los clientes los hubieran pagado en tiempo y forma, la deuda con Hacienda habría sido saldada sin conflicto. “Si esos clientes estuvieran al corriente de pago, yo no estaría viviendo lo que estoy viviendo. Pero no es así”.
Lejos de considerar este contexto, la Agencia Tributaria ha ido un paso más allá y ha contactado con algunos de esos clientes para investigar posibles pagos pendientes y cobrarse la parte de la deuda que el saldo bancario no cubría. Para RMC la experiencia ha sido devastadora y ha quebrado una fe que él mismo defendía con convicción.
“Hay que ser muy buitre y muy miserable para hacer eso. Puedo entender que es su trabajo, pero su trabajo también debería ser verificar la situación económica de cada persona que pueda tener pequeñas deudas con Hacienda antes de dejarles sin dinero. Yo soy el primero que defiende que hay que pagar los impuestos que corresponden a cada uno, pero no es de recibo que dejen sin recursos a los que menos tenemos mientras hay personas que deben millones y a esos no se les deja sin su pasta”.
La rapidez del procedimiento ha sido clave en su cambio de percepción. “En mi caso, desde la primera notificación de esa deuda de 700 euros hasta que me vaciaron la cuenta del banco apenas pasaron 4 meses. Entonces te cuestionas si de verdad es o no confiscatorio. Si me preguntas, ahora mismo te diría que sí y que durante años me he equivocado”.
El debate entronca con otro de los grandes temas de actualidad: la desigualdad estructural entre trabajadores. RMC señala una frontera invisible pero decisiva la que separa a los asalariados de los autónomos. “Si estuviera contratado por una empresa, Hacienda no me habría hecho eso. Con lo que yo facturo al año no tendría siquiera obligación de declarar porque estoy por debajo del salario mínimo. Pero soy autónomo y estoy obligado a declarar en cuanto supero los 1.000 euros anuales. ¿Esto es igualdad? No”. Añade además que su nómina no habría sido embargable en esas condiciones. “Pero soy autónomo, ni siquiera me consideran un trabajador. Es asqueroso. ¿No dice la Constitución que todos los españoles somos iguales ante la ley? Pues parece ser que la Constitución es sólo para algunos”.
El caso de RMC no es una anomalía estadística ni un caso aislado, sino una política de recaudación aplicada de forma sistemática. Miles de trabajadores autónomos ven cómo Hacienda vacía sus cuentas por deudas menores sin análisis previo de la situación familiar o económica. Al mismo tiempo los datos muestran que los grandes patrimonios incrementan año tras año sus deudas fiscales sin sufrir embargos inmediatos ni consecuencias equivalentes. El resultado es una sensación creciente de injusticia fiscal, un sistema que parece eficaz con los pobres e inexplicablemente lento con los ricos.