La creciente incertidumbre económica internacional, marcada por las tensiones geopolíticas, las disputas comerciales y el avance de discursos proteccionistas, centró buena parte de la intervención de Felipe VI durante la clausura del XVI Encuentro Empresarial Iberoamericano, celebrado en Madrid en la víspera de la XXX Cumbre Iberoamericana.
Ante representantes empresariales e institucionales de ambos lados del Atlántico, el monarca defendió una economía abierta, basada en reglas compartidas, cooperación e integración, frente a las tendencias de repliegue que han ganado terreno en los últimos años en distintas regiones del mundo.
Lejos de plantear una respuesta defensiva ante el nuevo escenario internacional, Felipe VI apostó por reforzar la colaboración entre el sector público y el privado como herramienta para impulsar el crecimiento económico, atraer inversiones y generar oportunidades en un contexto global cada vez más competitivo.
Una apuesta por la integración y la seguridad jurídica
Durante su intervención, el jefe del Estado advirtió de que la economía mundial atraviesa una etapa de profundas transformaciones condicionada por la fragmentación geopolítica, las tensiones sobre las cadenas de suministro y la creciente competencia por recursos estratégicos.
En ese contexto, defendió el papel de Iberoamérica como un espacio con un enorme potencial económico gracias a su capacidad productiva en ámbitos como la alimentación, la energía o la sostenibilidad medioambiental. Para aprovechar esas oportunidades, reclamó mayores inversiones, más innovación y una cooperación capaz de reducir desigualdades y facilitar la incorporación de miles de pequeñas y medianas empresas a los mercados internacionales.
Felipe VI subrayó además que ningún proyecto de desarrollo puede consolidarse sin marcos institucionales sólidos. Por ello, puso el acento en la importancia de la seguridad jurídica, la estabilidad política y la existencia de instituciones transparentes que generen confianza entre inversores y empresas.
La confianza, advirtió el Rey, constituye uno de los activos más valiosos para cualquier economía, pero también uno de los más frágiles cuando se deterioran las garantías institucionales o aumentan las incertidumbres.
El español, el portugués y el desafío de la inteligencia artificial
Uno de los momentos más destacados del discurso llegó cuando Felipe VI cambió temporalmente al portugués para reivindicar el valor estratégico de las dos grandes lenguas de la comunidad iberoamericana.
El monarca sostuvo que tanto el español como el portugués representan activos culturales, científicos y económicos de primer nivel y defendió que la revolución tecnológica vinculada a la inteligencia artificial debe desarrollarse también en ambos idiomas.
Más allá de una cuestión lingüística, presentó este reto como una prioridad económica y estratégica para garantizar que la comunidad iberoamericana mantenga presencia e influencia en las nuevas tecnologías que marcarán el desarrollo de las próximas décadas.
Más vínculos entre Europa y Latinoamérica
Felipe VI aprovechó también su intervención para reivindicar una relación más estrecha entre la Unión Europea y América Latina. Destacó los acuerdos alcanzados con Chile y México y señaló la importancia del pacto entre la UE y Mercosur como una oportunidad para fortalecer un espacio económico compartido basado en intereses comunes.
Según defendió, España seguirá trabajando para que ese acercamiento genere beneficios tangibles para los ciudadanos de ambas orillas del Atlántico y contribuya a reforzar la estabilidad económica de la región.
Recuerdo a Fátima Báñez y a las víctimas de Urda
El acto estuvo marcado igualmente por el recuerdo a las víctimas del accidente ferroviario de Urda. Felipe VI expresó su profunda tristeza por el fallecimiento de Fátima Báñez, exministra de Empleo y presidenta de la Fundación CEOE, que tenía previsto participar en el encuentro empresarial.
El Rey agradeció además las muestras de solidaridad recibidas desde toda la comunidad iberoamericana tras la tragedia y trasladó su reconocimiento a las familias afectadas por uno de los episodios más dolorosos vividos recientemente en España.
La clausura del encuentro sirvió asimismo para escenificar el relevo en la presidencia del Consejo de Empresarios Iberoamericanos (CEIB). Felipe VI reconoció el trabajo realizado por Antonio Garamendi al frente de la Secretaría Permanente del organismo y deseó éxito a Anabel Gallardo, presidenta del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, que asumirá ahora esa responsabilidad.
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