El resultado de este primer adelanto electoral en la historia de unas elecciones autonómicas en Extremadura ha dejado dos hechos meridianamente claros para apocalípticos e integrados: la democracia no está en duda, ni mucho menos, y sobre todo ha marcado, como los pespuntes de un diseñador de moda, la senda de lo que vendrá en los próximos meses en el resto del país. Así que apriétense los machos, que las curvas ya están aquí con un más que notable viraje a la derecha extrema en una tierra, Extremadura, que ha sido gobernada en nueve de sus once legislaturas por el PSOE, el gran derrotado sin paliativos de este domingo 21 de diciembre de 2025, amén de un Partido Popular que ha recorrido un costoso viaje para el que no se necesitaban tantas alforjas. Cada autonomía tiene vida propia pero todas respiran por los mismos poros, por lo que el mensaje extremeño ya ha sido lanzado vía urnas para gurús de todo pelaje e influencia. Lección número uno para la izquierda: así no.
La coalición Unidas por Extremadura, liderada por Irene de Miguel, jugaba a priori en esta cita electoral con un elemento a favor que al mismo tiempo podía volvérsele en contra, como así ha sido: una previsible caída rotunda del PSOE redundaría en un mejor resultado para su formación con respecto a los cuatro diputados obtenidos en los comicios autonómicos de mayo 2023. Pero esto podía ser también un arma de doble filo, ya que no todo el votante descontento del PSOE vira a su izquierda, ni mucho menos, como así ha quedado constatado este 21D, ya que la sangría sufrida por el partido liderado por Miguel Ángel Gallardo ha tenido un claro trasvase hacia la derecha. Mientras tanto, buena parte del votante progresista extremeño se ha quedado en casa a verlas venir. No hay más.
Cada autonomía tiene vida propia pero todas respiran por los mismos poros, por lo que el mensaje extremeño ya ha sido lanzado para gurús de todo pelaje. Lección número uno para la izquierda: así no.
En unos comicios convocados a las puertas de las navidades y con los polvorones en la boca, la participación ha sido la más baja en la historia de unas autonómicas extremeñas y la abstención se ha incrementado casi siete puntos respecto a la cita de mayo de 2023.
La coalición liderada por Irene de Miguel casi dobla este 21D los porcentajes obtenidos en 2023, pasando del 5,98% de los sufragios al 10,24%. En términos absolutos, logró 36.379 votos hace dos años y este domingo ha sumado 53.877, casi 20.000 votos más. Pero esta cifra de nuevos votantes está muy lejos de los casi 100.000 votos que ha dejado escapar el PSOE en solo dos años. Hasta el PP de María Guardiola ha perdido casi 10.000 votos respecto a 2023 pese a haber sumado un diputado más respecto a los 28 de 2023.
Por todo ello, la alegría del equipo de Unidas por Extremadura en su comparecencia ante los medios se antoja del todo inexplicable, teniendo en cuenta que el cómputo global de las fuerzas progresistas está muy lejos de lo que suman las derechas, 25 escaños (PSOE y Unidas por Extremadura) y 40 (PP y Vox). “Es una luz de esperanza”, asegura una sonriente De Miguel, quien ve en estos resultados “el camino”, que lo relaciona con “la unidad” de la izquierda que representa Unidas por Extremadura. En ningún momento ha realizado autocrítica alguna por un incremento de la coalición de izquierdas tan insuficiente como inútil, dado el varapalo que ha experimentado el PSOE. La travesía del desierto del progresismo en Extremadura se antoja largo y difícil y emite una clara señal a las próximas convocatorias electorales que se avecinan para la primera mitad de 2026 en Aragón, Castilla y León y Andalucía.
El lobo de que viene la ultraderecha ya no asusta a los votantes, porque no viene ni llega, está aquí ya, perfectamente asentada y asimilada, y con más fuerza que nunca desde que en 2018 entrara por primera vez en un parlamento en España, en la Andalucía de Juan Manuel Moreno Bonilla.