Exteriores anuncia mecanismos preventivos en Ceuta de cara al supuesto ataque del día 23 pero sin contar con Interior ni Defensa

Resulta desconcertante que la defensa física y la soberanía de la frontera sur queden relegadas a comunicados de prensa y gestiones diplomáticas, manteniendo al margen a los ministerios de Interior y Defensa

21 de Septiembre de 2026
Actualizado a la 13:49h
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Comparecencia de José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, sobre la crisis de Ceuta
Comparecencia de José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, sobre la crisis de Ceuta

Se mueve un rumor tenaz por los teléfonos de miles de jóvenes en el norte de Marruecos. Una cita: 23 de septiembre. ¿El objetivo? Saltar la valla de Ceuta. Un nuevo ataque híbrido.

Uno esperaría ver al ministro del Interior repasando planos a toda prisa o al estamento militar reforzando la vigilancia en el espigón. Pero no. En la primera línea de esta batalla no hay cascos ni escudos. Lo que hay es un diplomático hablando por la radio.

En un movimiento que ha dejado a más de uno descolocado en Madrid, la tarea de defender la frontera ha recaído sobre el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares.

¿Su plan de choque? Lanzar notas de prensa y publicar anuncios en la prensa marroquí para explicarle a la gente que entrar sin papeles no te da derecho a quedarte. Hombre, la intención es buena..., pero pretender frenar una marea humana a base de pedagogía mediática roza lo insólito. Resulta raro, francamente raro.

¿Dónde están Interior y Defensa en todo esto? La soberanía de un país, que fue atacada el día 30 de julio, según afirmó el propio presidente del Gobierno, no se defiende con micrófonos ni con campañas de publicidad. Exige agentes sobre el terreno, logística impecable y una presencia física disuasoria. Pero Moncloa parece haber decidido que esto no es un problema de seguridad nacional, sino un mero trámite de relaciones públicas.

Y la cosa no acaba ahí. Albares dice que habla casi a diario con su homólogo en Rabat. Depender de la buena voluntad del agresor para que mantenga el orden al otro lado siempre ha sido un juego peligroso. Si las redes sociales arden y la desesperación aprieta, de poco sirve que la embajada española publique un comunicado desmintiendo bulos.

Las mafias van a mil por hora en TikTok y Telegram, mientras la burocracia de los expedientes de devolución se arrastra a paso de tortuga por los despachos oficiales. La desconexión con la realidad de la valla es total. Pues bien, el tiempo se agota.

Nadie niega que la diplomacia sea fundamental para no romper platos rotos con Rabat. Sin embargo, dejar fuera a Interior y Defensa es una apuesta arriesgada. De esas que salen muy caras.

Si el próximo 23 de septiembre el invento de la pedagogía falla por otro ataque híbrido provoque que la valla vuelve a ceder, el problema no lo van a resolver en los salones del Palacio de Santa Cruz. La frontera de Ceuta necesita firmeza, recursos y la presencia clara de quienes tienen el mandato de proteger el territorio. Todo lo demás es pura ilusión mediática.

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