La versión oficial que ha evitado atribuir responsabilidades a Marruecos por la crisis migratoria de Ceuta encuentra escaso respaldo entre los españoles. Casi nueve de cada diez ciudadanos consideran que el Gobierno marroquí tuvo mucha o bastante responsabilidad en la entrada masiva de inmigrantes registrada durante los últimos días de julio, según una encuesta de 40dB.
El reproche no termina al otro lado de la frontera. Un 72% atribuye también mucha o bastante responsabilidad al Gobierno español y cerca del 63% considera mala o muy mala la actuación de Pedro Sánchez durante la crisis.
Los resultados dibujan un escenario particularmente incómodo para el Ejecutivo, pero contienen además una advertencia que alcanza al conjunto de la política española. El episodio de Ceuta ha endurecido considerablemente la percepción social de la inmigración y quien mejor está aprovechando ese desplazamiento no es el PP de Alberto Núñez Feijóo, sino Vox.
El partido de Santiago Abascal es considerado el más capacitado para gestionar la inmigración por el 27% de los encuestados. El PSOE obtiene un 18,4% y el PP queda relegado al 13,9%.
La encuesta se realizó mediante 2.000 entrevistas online antes de conocerse el informe policial que apunta a la posible colaboración de agentes marroquíes durante la avalancha. Ese elemento resulta especialmente relevante porque la atribución de responsabilidad a Marruecos era ya abrumadora antes de que esa información llegara a la opinión pública.
La "supuesta" lentitud pasa factura al Gobierno
La valoración de la actuación del Ejecutivo es negativa en todos los aspectos analizados, desde la eficacia y la transparencia hasta la cohesión interna y la rapidez de respuesta. Este último apartado concentra el mayor castigo. Dos de cada tres españoles consideran mala o muy mala la rapidez con la que reaccionó el Gobierno ante los acontecimientos del 30 y 31 de julio. Un 18,6% la califica de mala y otro 47,7% de muy mala.
Pedro Sánchez convocó el Consejo de Seguridad Nacional 26 días después del estallido de la crisis, una demora que se ha convertido en uno de los principales argumentos contra la actuación del Ejecutivo.
El problema para el PSOE es que el descontento atraviesa incluso sus propias fronteras electorales. Entre quienes tienen intención de votar socialista también son más quienes suspenden al Gobierno en eficacia y, especialmente, en rapidez que quienes aprueban su actuación.
La gestión de una crisis de esta naturaleza exigía algo más que preservar las relaciones diplomáticas con Rabat. La prudencia institucional puede ser necesaria cuando faltan pruebas concluyentes, pero pierde capacidad explicativa ante una ciudadanía que ha interpretado masivamente lo ocurrido como una actuación de Marruecos y que, al mismo tiempo, percibe una reacción tardía de su propio Gobierno.
La inmigración se desplaza hacia posiciones más duras
Más allá del desgaste político inmediato, los resultados más preocupantes están probablemente en el cambio de percepción social sobre la inmigración.
Un 70% de los encuestados prefiere endurecer los controles fronterizos incluso si eso dificulta la entrada de personas vulnerables que necesitan protección. Menos del 20% opta por priorizar su acogida aunque ello pueda facilitar la entrada de más inmigrantes. El endurecimiento no pertenece exclusivamente al electorado conservador.
Aunque entre los votantes de PP y Vox la preferencia por controles más estrictos se aproxima al 90%, también la comparte el 51,8% de los votantes socialistas, el 41,9% de los de Sumar y el 26,8% de quienes apoyan a Podemos.
La misma tendencia aparece al preguntar por otras medidas. El 81,7% respalda aumentar las vallas y los medios de vigilancia en las fronteras españolas y el 81,4% está a favor de acelerar las devoluciones de inmigrantes en situación irregular.
En ambos casos, el apoyo supera incluso el 60% entre los votantes del PSOE. La fotografía cambia cuando se pregunta por aumentar los recursos destinados a la acogida y a la tramitación de solicitudes de asilo. Menos del 40% del conjunto de los encuestados respalda esa posibilidad, aunque sigue siendo mayoritaria entre los electorados de PSOE, Sumar y Podemos.
Marruecos pierde la batalla de la opinión pública
La percepción sobre Rabat constituye uno de los resultados más contundentes del estudio. No solo cerca del 90% le atribuye responsabilidad en la crisis. El 45,7% de los españoles considera que España debería endurecer su relación con Marruecos y reducir la cooperación, frente al 36,8% que apuesta por reforzarla debido a su importancia para controlar la frontera.
La posición del Gobierno español, basada durante los últimos años en preservar una relación estratégica con Rabat, se enfrenta de esta manera a una opinión pública considerablemente más desconfiada.
La preocupación social resulta igualmente elevada. Más del 83% asegura haber seguido de cerca la crisis y el 53,2% señala precisamente la preocupación como su principal sentimiento ante lo sucedido. Más de seis de cada diez ciudadanos consideran además que Ceuta representa uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta España.
La percepción de que el episodio puede repetirse está ampliamente extendida. Un 72,2% cree que crisis similares volverán a producirse con regularidad.
Vox gana la batalla que Feijóo quería disputar
El dato políticamente más incómodo para el PP aparece al preguntar qué partido está mejor preparado para gestionar la inmigración.
Vox obtiene el 27%. El PSOE, pese al fuerte desgaste de la gestión de Ceuta, alcanza el 18,4%. El PP de Feijóo se queda en un 13,9%.
El resultado resulta especialmente significativo porque la dirección popular lleva tiempo endureciendo su discurso migratorio para contener el crecimiento de Vox. La estrategia presenta un problema evidente. Cuando la discusión política se desarrolla exactamente sobre el terreno elegido por la extrema derecha, una parte del electorado parece preferir el original.
Cerca de uno de cada cuatro ciudadanos que tienen intención de votar a Feijóo considera que Abascal gestionaría mejor la inmigración. El trasvase de credibilidad no funciona en sentido contrario. Solo el 2,4% de quienes tienen previsto votar a Vox considera que el PP sería más competente en esta materia.
Feijóo se encuentra así ante una de las trampas más conocidas de la competición con la extrema derecha. Endurecer el discurso puede legitimar el marco político del adversario sin conseguir arrebatarle a sus votantes. La encuesta de septiembre de 40dB. refuerza esa advertencia porque Vox es también el partido que registra un mayor crecimiento en intención de voto.
Ceuta y Melilla permanecen fuera de discusión para la mayoría
La crisis ha reabierto además el debate sobre la relación con Marruecos y la soberanía española de Ceuta y Melilla. El 63,6% considera que la soberanía de ambas ciudades es innegociable. Solo un 3,9% cree que España debería plantearse su cesión para mejorar las relaciones con Marruecos.
Existe, sin embargo, un 16,8% favorable a hablar con Rabat sobre el futuro de los dos territorios y otro 15,7% que considera que deberían ser sus habitantes quienes decidieran. La disposición a defender la soberanía llega bastante más lejos. Un 63,8% respaldaría la participación del Ejército español en una guerra ante una agresión exterior contra Ceuta o Melilla y un 53,9% estaría dispuesto a asumir las consecuencias económicas derivadas de posibles sanciones contra Marruecos.
Un 44,6% aceptaría pagar más impuestos para incrementar el gasto en defensa y un 41% asegura que participaría personalmente en la defensa de las ciudades si fuera llamado a hacerlo. La encuesta deja así dos mensajes políticos difíciles de separar. El Gobierno ha perdido claramente la batalla de la percepción sobre su gestión de Ceuta y sobre la responsabilidad de Marruecos, pero el desplazamiento de la opinión pública hacia posiciones más restrictivas no está beneficiando principalmente al PP. Está beneficiando a Vox.
Y ese resultado plantea una cuestión de mayor alcance que la propia crisis ceutí. Si la inmigración continúa ocupando el centro de la confrontación política y el debate se desarrolla fundamentalmente sobre el control fronterizo, las devoluciones y el endurecimiento de las políticas migratorias, Feijóo puede descubrir que acercarse al terreno de Abascal no reduce su espacio electoral, sino que contribuye a ensancharlo.
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