La CIAF ya advirtió en 2024, un año antes de Adamuz, que había que tomar medidas para evitar accidentes como el de Urda

Un informe interno sobre un incidente en Cuenca y nueve fallos reiterados de señalización revelan la vulnerabilidad del sistema de la alta velocidad

29 de Octubre de 2026
Actualizado a las 10:33h
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Accidente Urda 03

La tesis del accidente impredecible y el error humano aislado se desmorona a medida que la documentación oficial y los registros de tráfico salen a la luz pública. ¿Hubo error humano por parte del operador de Atocha? Sí. ¿Fue un accidente impredecible o inexplicable, como afirmó el ministro Óscar Puente? Bueno, esto es más discutible en base a los informes oficiales que están saliendo a la luz y, sobre todo, tras las consultas a maquinistas realizadas por Diario Sabemos.

La catástrofe ferroviaria en Urda, que se cobró la vida de, al menos, 68 personas tras la colisión entre un AVE de Renfe y un tren de Iryo, no fue un rayo en un cielo despejado. Por el contrario, constituyó el desenlace fatal de una secuencia de grietas técnicas e incidencias desatendidas que el sistema venía advirtiendo con insistencia. Según los informes de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) publicados por la Cadena SER demuestra que la infraestructura de alta velocidad operaba bajo un margen de vulnerabilidad inaceptable, fiaba la seguridad de miles de viajeros al eslabón más frágil de la cadena: la comprobación visual y el juicio verbal de los operarios en condiciones de estrés.

El informe oficial, fechado en 2024, esto es, un año antes del accidente de Adamuz, sobre un incidente previo en la estación de Cuenca Fernando Zóbel expone la magnitud de un problema sistémico. En aquel episodio, un tren de alta velocidad realizó un rebase de señal en rojo en un tramo equipado con el avanzado sistema ERTMS. La conclusión de los técnicos resulta hoy escalofriante. El documento subrayaba de forma categórica que la única barrera efectiva para evitar una tragedia consistió en la verificación visual por parte del responsable de circulación. Los expertos advertían de que depositar la última línea de defensa en el factor humano constituía un riesgo inasumible, exigían la implantación urgente de medidas mitigadoras de carácter técnico. Lejos de ser una excepción, las estadísticas de la CIAF revelan que desde 2023 se han registrado hasta quince rebases de señal similares en la red, lo que configura un patrón de peligro que la administración no supo o no quiso atajar a tiempo.

Nueve averías en el tramo de Urda

La vulnerabilidad del trazado donde se produjo el accidente mortal de ayer no era un secreto para los reguladores del tráfico. La recopilación de incidencias muestra que la señalización en el tramo de Urda falló hasta en nueve ocasiones desde 2024, sufrió caídas recurrentes por averías informáticas, problemas de suministro o robos de cableado. Tan solo en los meses previos al desastre, entre mayo de 2024 y julio de 2026, la línea entre Urda, Mora y Malagón experimentó interrupciones reiteradas que obligaban a degradar la circulación y a gestionar el paso de los convoyes mediante autorizaciones manuales desde el centro de control de Atocha.

Esta dinámica de cadencia degradada convirtió la excepción en rutina operativa. La mañana del siniestro, mientras la maquinista del Iryo se comunicaba con la central para notificar que el tren no podía arrancar, recibiendo un indolente "cuando pueda, y si tiene problemas, nos llama", la caída de la central de Urda dejó al AVE en situación de "meta cero". Fue en ese escenario de máxima tensión cuando el centro de mandos cometió el error definitivo: autorizar la reanudación a marcha normal en lugar de exigir la estricta marcha a la vista a cuarenta kilómetros por hora y ordenando rebasar la señal sin garantizar que el cantón estuviera libre.

Responsabilidad institucional

El afloramiento de estos antecedentes transforma la crisis de Urda en un ajuste de cuentas con la política de mantenimiento y supervisión del Ministerio de Transportes. Atribuir el desastre a un despiste puntual del operador de Adif resulta insostenible cuando los propios informes de seguridad venían alertando sobre la urgencia de implementar salvaguardas automáticas que impidieran que la responsabilidad recayera en la intervención humana. La reiteración de quince rebases de señal en la red y la persistencia de averías crónicas en la señalización del tramo evidencian una negligencia en la gestión de las prioridades presupuestarias.

La ciudadanía española está en shock tras comprobar que en menos de un año han muerto más de 100 personas en la misma línea de AVE y exige ahora que la transparencia no se detenga en la filtración de los audios. La responsabilidad política no se liquida con el señalamiento del técnico de turno, sino con la depuración de las cúpulas que permitieron operar una red de alta velocidad en condiciones de degradación permanente. El desastre de Urda demuestra que cuando la tecnología de seguridad falla y la política ignora los avisos de los expertos, la factura se paga trágicamente con vidas humanas sobre los raíles.

Rebase de señal: el factor humano como última barrera

El rebase no autorizado de señales en rojo (SPAD, por sus siglas en inglés: Signal Passed at Danger) constituye uno de los eventos de mayor riesgo en la circulación ferroviaria. Supone la invasión inadvertida de un tramo de vía (cantón) no resguardado o comprometido por otro vehículo. Los informes de la CIAF sobre los incidentes registrados en la red española ponen de manifiesto que los rebases no responden a fallos aislados, sino a una compleja interacción entre factores humanos, fallos del entorno operacional y vulnerabilidades del propio diseño técnico.

La causa más crítica identificada en los informes de la CIAF surge cuando los sistemas de protección automática (como el ERTMS o el LZB) quedan fuera de servicio por averías en la infraestructura o en el material rodante. Al caer la señalización automática, la responsabilidad de garantizar que el cantón está libre recae exclusivamente en la comunicación verbal entre el Responsable de Circulación y el maquinista. La CIAF ha constatado reiteradamente que las instrucciones emitidas durante situaciones de estrés o saturación en los centros de regulación del tráfico sufren de fraseología no estandarizada, falta de colación (repetición obligatoria del mensaje por parte del receptor) o autorizaciones precipitadas de marcha normal en lugar de "marcha a la vista" (limitada a 40 km/h).

En el ámbito de la conducción, la CIAF subraya que el rebase de una señal en rojo suele ser el resultado final de un proceso de pérdida de conciencia situacional inducido por el entorno de trabajo. En líneas de alta frecuencia o en trayectos rutinarios donde la señalización habitualmente muestra aspecto verde, los conductores pueden incurrir en la expectativa previa de no encontrar señales en parada, ralentiza el tiempo de reacción ante un aspecto rojo imprevisto. La atención del maquinista se ve dividida con frecuencia por comunicaciones de servicio (vía telefonía GSM-R), consulta de boletines de órdenes, rearme de averías menores o avisos acústicos de la propia cabina, condicionantes ambientales como el sol de cara en las primeras o últimas horas del día, la ubicación de la señal en curvas pronunciadas o la interferencia visual de luminarias ajenas a la vía han sido señaladas como factores contribuyentes que reducen la distancia de visibilidad de las señales luminosas.

A pesar de que la red de alta velocidad cuenta con sistemas de protección, la CIAF ha puesto el foco en los puntos de discontinuidad técnica donde el riesgo se multiplica, los puntos de la vía donde el tren pasa de una supervisión continua (donde el sistema frena el tren automáticamente si detecta la señal en rojo) a una supervisión puntual (como el ASFA analógico o digital) generan "huecos" de cobertura si el maquinista no reconoce a tiempo el cambio de modo. Ante fallos informáticos recurrentes o falsas alarmas, la normativa permite aislar los equipos de protección de la cabina para despejar la vía. La CIAF advierte que operar bajo estas condiciones sin imponer restricciones drásticas de velocidad elimina la última barrera técnica que evita la colisión.

Un elemento crecientemente citado en las investigaciones es el impacto del mantenimiento diferido o de los fallos repetitivos en un mismo tramo. Cuando un tramo de vía presenta fallos de señalización de forma continuada (como averías en los circuitos de vía, robos de cableado o fallos de alimentación), tanto los operadores de control como los maquinistas tienden de forma inconsciente a "normalizar" la incidencia, reducen el nivel de alerta operativa y confían en que se trata de una falsa alarma más. La CIAF ha insistido en que, mientras persista una avería en la señalización, la administración ferroviaria debe implementar enclavamientos temporales o barreras técnicas adicionales en lugar de fiar el 100% de la seguridad al juicio y verificación visual del personal operativo.

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