La tensión acumulada durante semanas en Ceuta volvió a desbordarse este domingo en el puerto. Una concentración convocada contra la llegada de miembros del colectivo navarro Negu Gorriak/Derecho a Techo terminó con el coche de la diputada de Ceuta Ya! Julia Ferreras atacado por varios manifestantes, enfrentamientos con la Policía Nacional y disparos disuasorios al aire por parte de los antidisturbios.
Lo ocurrido va bastante más allá de una protesta vecinal que se complicó. Alrededor de medio centenar de personas se habían concentrado desde las 18.45 horas en la salida de vehículos del puerto, donde esperaban la llegada de la furgoneta del colectivo navarro. Los convocantes acusaban a sus integrantes de ser “radicales” y “proetarras” y de acudir a Ceuta para “romper la convivencia”. Son acusaciones de los manifestantes, no hechos acreditados sobre el colectivo.
La protesta había sido convocada a través de las redes sociales después de que Negu Gorriak/Derecho a Techo anunciase su intención de desplazarse hasta Ceuta con ayuda humanitaria y para denunciar las condiciones en las que permanecen numerosos migrantes.
La ciudad atraviesa desde finales de julio una situación extraordinaria después de la entrada masiva desde Marruecos. Miles de personas continúan alojadas en recursos temporales o en asentamientos improvisados y el nuevo centro habilitado en el puerto completó sus 1.700 plazas apenas unas horas después de abrir.
Del rechazo a los activistas al ataque contra una diputada
La concentración comenzó a descontrolarse pasadas las 20.15 horas, cuando varios manifestantes interceptaron un vehículo. Según la primera información difundida por Europa Press, algunos asistentes aseguraron que uno de sus ocupantes los estaba grabando y se burlaba de ellos. A partir de ahí comenzaron los lanzamientos de huevos y los golpes contra el coche.
Pero las informaciones conocidas posteriormente muestran una agresión de mayor gravedad. El vehículo recibió también pedradas y acabó con importantes daños, entre ellos la luna delantera fracturada y un retrovisor roto. Al volante estaba Julia Ferreras, diputada en la Asamblea de Ceuta por Ceuta Ya!, que posteriormente acudió a dependencias policiales para presentar una denuncia.
Ferreras ha relatado después que llegó a temer que los ocupantes no pudieran salir del lugar y ha denunciado que quienes atacaron el vehículo acudieron hacia ellos con intención de agredirlos. La Policía tuvo que escoltar el coche para sacarlo de la zona.
La Policía ha detenido al menos a una persona por su presunta participación en el ataque y ha identificado a otras que podrían ser detenidas posteriormente, según fuentes policiales citadas por medios locales.
La violencia contra una representante pública marca así una nueva frontera en un clima social que lleva semanas deteriorándose en Ceuta. El legítimo malestar de una población que soporta una presión extraordinaria sobre sus servicios y espacios públicos no convierte en legítimo rodear un automóvil, golpearlo y lanzar objetos contra quienes están dentro.
Una ciudad sometida a una presión extraordinaria
Reducir lo sucedido a una simple confrontación entre vecinos y activistas tampoco ayudaría a entender lo que está ocurriendo. Ceuta vive una situación excepcional desde la entrada masiva de finales de julio. Los recursos de acogida se encuentran sometidos a una enorme presión y siguen existiendo asentamientos improvisados en las playas. La apertura de nuevas instalaciones en el puerto ha permitido alojar a 1.700 personas, pero no ha resuelto el problema de quienes permanecen fuera del sistema de acogida.
El malestar ciudadano existe y no necesita ser inventado. Más de un millar de personas participaron este mismo domingo en otra movilización convocada por la Federación de Asociaciones de Vecinos para reclamar soluciones y denunciar una sensación de abandono. Aquella marcha llegó hasta la frontera del Tarajal custodiada por la Policía y transcurrió sin los incidentes registrados posteriormente en el puerto. Precisamente por eso conviene distinguir entre protesta y violencia.
Se puede exigir al Gobierno una gestión más eficaz, reclamar soluciones para una ciudad sometida a una presión excepcional y cuestionar las actuaciones de cualquier colectivo que llegue a Ceuta. Lo que no cabe dentro de esa protesta es convertir a quien circula por el puerto en objetivo de una multitud ni decidir a golpes quién tiene derecho a entrar en una ciudad española.
La palabra “proetarra” como salvoconducto
También merece atención la facilidad con la que determinadas etiquetas han acabado sustituyendo a los hechos. Los manifestantes calificaron a los miembros de Negu Gorriak/Derecho a Techo de “proetarras”. La palabra aparece después reproducida en titulares y relatos informativos hasta adquirir apariencia de descripción objetiva. La información disponible acredita que el colectivo anunció un viaje a Ceuta para prestar ayuda humanitaria y protestar por el trato dispensado a los migrantes. Otra cuestión distinta son sus acusaciones contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y el Ejército, a los que atribuyen actuaciones violentas, o su decisión de anunciar “desobediencia” y “resistencia”, planteamientos que pueden y deben ser sometidos a escrutinio. Pero una acusación pronunciada durante una protesta no se convierte en un hecho por muchas veces que se repita.
La distinción resulta especialmente importante en un momento en el que el lenguaje político sobre Ceuta se ha endurecido hasta incorporar de manera habitual términos como “invasión”. El Parlamento Europeo aprobó esta semana una resolución que utilizó precisamente esa expresión, con el respaldo de fuerzas de derecha y ultraderecha y el rechazo de los grupos progresistas.
Feijóo, por su parte, ha responsabilizado a Pedro Sánchez del “polvorín” de Ceuta y ha reclamado el retorno de todos los migrantes que, según sus propias palabras, “han invadido” la ciudad.
Las palabras no explican por sí solas que alguien lance una piedra contra un coche y tampoco convierten automáticamente a quien las pronuncia en responsable de una agresión cometida por terceros. Pero la responsabilidad política incluye saber que describir permanentemente una crisis humanitaria y migratoria en términos de invasores, enemigos y amenazas contribuye a construir el clima en el que después se desarrolla la convivencia.
La protesta terminó necesitando antidisturbios
Después del ataque al vehículo de Ferreras, la tensión se trasladó a los agentes desplegados en el puerto. Los enfrentamientos obligaron a intervenir a los antidisturbios y, con la llegada de refuerzos, la Policía efectuó disparos al aire para dispersar a los concentrados.
Algunos manifestantes respondieron enviando verbalmente a los policías “al Trampolín”, una de las playas donde permanecen migrantes, y acusándolos de proteger a quienes llegaban mientras controlaban a los propios ceutíes.
La escena resume bastante bien hasta dónde ha llegado la degradación del clima en Ceuta. Una protesta convocada para defender la convivencia acabó con una diputada denunciando el ataque a su coche, al menos un detenido y agentes antidisturbios disparando al aire para recuperar el control.
Ceuta necesita soluciones para una situación que desborda sus dimensiones y sus recursos. Necesita capacidad de acogida, gestión migratoria, seguridad y respuestas institucionales que no obliguen a sus vecinos a convivir indefinidamente con una excepcionalidad que ya dura semanas. Lo que difícilmente no necesita Ceuta es que el miedo se convierta en combustible político y que la palabra convivencia termine sirviendo para justificar exactamente lo contrario.
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