Caos y disparos en el desalojo de las playas de Ceuta

Un masivo despliegue policial de 150 efectivos traslada a los migrantes atrapados en el litoral hacia el polémico campamento temporal del puerto. La operación, autorizada por la Audiencia Nacional, arranca entre estampidas y momentos de extrema tensión

18 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 11:54h
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Caos Traslado Migrantes Ceuta

Apenas se apagaban las farolas en Ceuta y el silencio de la madrugada ceutí saltó por los aires. Eran casi las siete de la mañana de este viernes. Lo que en los papeles del Ministerio del Interior figuraba como un operativo ordenado estuvo a punto de acabar en tragedia a pie de playa. Cientos de personas, agotadas tras semanas durmiendo sobre la arena en playa Benítez y El Trampolín, no aguantaron más la tensión. Se rompió el cordón policial y arrancó una carrera desesperada hacia el muelle. Cintas volando, gritos, carreras a ciegas. Un sálvese quien pueda.

La Policía Nacional tuvo que emplearse a fondo para frenar la estampida. Disparos al aire para sobrecoger, defensas fuera y empujones. El saldo: varios heridos sobre el asfalto del paseo marítimo y una escena de caos absoluto antes del primer rayo de luz.

Pues bien, todo este despliegue de 150 antidisturbios no surgió de la nada. Venía con el sello de la Audiencia Nacional. Los jueces dieron este jueves un aval in extremis para abrir los módulos temporales del puerto. Un permiso que frena, de momento, la guerra política y la lluvia de reproches entre el Gobierno de Ceuta y la Moncloa por el uso de esas instalaciones. Con la orden judicial en la mano, los agentes empezaron a despejar la costa, arrancando por Benítez y dejando El Trampolín acordonado para la siguiente fase.

Superado el susto inicial, el despliegue conjunto de policías, guardias civiles y militares logró imponer un orden precario. Organizaron a la gente en filas a lo largo de casi un kilómetro de paseo. Megáfono en mano, pidiendo calma a grito limpio. Todos al suelo, esperando turno. Las nuevas casetas del muelle de Poniente están listas para recibir a unas 1.700 personas, pero entrar allí no es cuestión de llegar y besar el santo; el filtro de seguridad es brutal.

Y aquí viene el detalle fino de la instrucción judicial: este campamento es solo para hombres adultos. Nada de menores.

A diferencia de lo que pasó en Loma Colmenar, las órdenes hoy eran clarísimas. Los agentes anduvieron ojo avizor, rastreando las filas y sacando uno a uno a varios chavales que intentaban hacerse pasar por mayores para no quedarse fuera. Los apartaron del grupo, al suelo otra vez, a la espera de que Asuntos Sociales decida qué hacer con ellos. Porque centros para niños, de momento, no hay.

Al final, la marcha a pie hacia el puerto terminó entre aplausos improvisados por los propios migrantes. Normal: después de tantas noches al raso pasando frío, cualquier techo parece un triunfo.

Sin embargo, no nos engañemos. Esta tranquilidad tiene fecha de caducidad. El traslado masivo de hoy no es más que un parche sobre un volcán institucional que sigue echando humo. Ceuta aguanta el tipo, pero el embrollo político y legal en los despachos de Madrid está lejísimos de cerrarse.

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