Adif sobre el caos en Rodalies de hoy: "No sabemos qué ha pasado"

La nueva jornada de caos en Rodalíes ha sido provocada por incidencias en el centro de control de Adif

26 de Enero de 2026
Actualizado a las 14:11h
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Rodalies afronta un examen de seguridad tras los accidentes ferroviarios
Rodalies afronta un examen de seguridad tras los accidentes ferroviarios

La red de Rodalies y Media Distancia de Cataluña ha vuelto a convertirse este viernes en el símbolo cotidiano de una infraestructura frágil, sometida a fallos reiterados y a una gestión que parece incapaz de garantizar la normalidad del servicio. Lo ocurrido no es solo una sucesión de incidencias técnicas, sino un episodio más de una crisis estructural del sistema ferroviario catalán que afecta de manera directa a miles de usuarios y erosiona la confianza pública.

La jornada arrancó con una promesa de normalidad. A las 6.00 horas, tras un fin de semana prácticamente paralizado, se anunciaba la reanudación del servicio. Sin embargo, apenas treinta minutos después, la circulación volvió a suspenderse por un problema informático en el centro de control centralizado de Adif, ubicado en la estación de França de Barcelona. El patrón se repetiría durante toda la mañana: anuncios de recuperación seguidos de nuevas interrupciones, como si el sistema avanzara a trompicones sobre una base inestable.

A las 7.05 horas, Renfe comunicó que la incidencia había sido resuelta. Diez minutos después, el servicio volvió a caer. No fue hasta las 7.44 horas cuando Adif informó de una nueva —y supuestamente definitiva— recuperación de la circulación. Para los viajeros, atrapados en andenes y vagones, la sucesión de comunicados contradictorios solo añadió incertidumbre y frustración a una situación ya límite.

“Fallo informático”, más allá de la tecnología

En declaraciones a Catalunya Ràdio, el director de comunicación de Adif, Salvador Almenar, atribuyó lo sucedido a un «fallo informático» en el sistema de comunicación del centro de regulación ferroviaria. El matiz es clave: no se trata de un tren averiado o de una incidencia puntual en la vía, sino del corazón mismo del sistema de control, el cerebro que coordina la circulación ferroviaria.

Almenar insistió en que las suspensiones se produjeron por motivos de seguridad, un argumento difícil de rebatir pero que deja al descubierto un problema mayor: cuando la seguridad obliga a parar reiteradamente todo el servicio, el sistema ya está fallando antes de que se pulse el botón de emergencia. La apertura de una investigación y la admisión explícita de que «no descartamos ninguna opción. No sabemos qué ha pasado» refuerzan la sensación de descontrol.

Normalización del caos

Lo más inquietante no es el fallo en sí, sino su carácter recurrente. Las incidencias en Rodalies han dejado de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje cotidiano. Cada nueva avería se explica como un hecho aislado, pero el conjunto dibuja una realidad persistente: infrafinanciación, sistemas obsoletos y una gobernanza fragmentada entre administraciones que se reparten competencias y responsabilidades.

La imagen de la estación de Passeig de Gràcia abarrotada, captada este viernes, no es solo una fotografía de actualidad; es el retrato de una ciudadanía que paga el coste de decisiones aplazadas durante años. En ese contexto, hablar únicamente de un fallo informático resulta insuficiente y casi evasivo.

Más que trenes parados

El colapso de Rodalies no afecta solo a la movilidad. Impacta en la productividad, en la conciliación laboral, en la credibilidad de los servicios públicos y en la percepción de agravio territorial. Cada mañana caótica refuerza la idea de que el sistema ferroviario catalán funciona al límite, sostenido más por la resignación de los usuarios que por una planificación sólida.

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