La investigación sobre el trágico accidente ferroviario en Adamuz, ocurrido el pasado 18 de enero de 2026, ha dado un paso definitivo con la entrega del último informe de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) a la jueza encargada del caso. Tras un análisis exhaustivo de las grabaciones de seguridad y los registros de datos, el documento, según ha informado El País, concluye que la rotura de un carril en la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla fue el factor desencadenante que provocó el descarrilamiento del tren Iryo y su posterior colisión frontal con un Alvia, un siniestro que se cobró la vida de 46 personas.
El informe detalla con precisión quirúrgica el horror vivido en el interior de los vagones durante los segundos previos al impacto. Las cámaras de vigilancia captaron cómo, a las 19:43:33, el convoy comenzó a experimentar movimientos bruscos tanto laterales como verticales mientras circulaba a 207 kilómetros por hora. En las imágenes del coche número 8, los investigadores han identificado la presencia de esquirlas incandescentes que pasaban junto a las ventanillas, un fenómeno provocado presumiblemente por la fricción extrema entre las ruedas descarriladas y los elementos metálicos de la infraestructura ferroviaria.
La cronología de los hechos sitúa el origen del desastre en el coche número 6, que fue el primero en salirse de la vía al pasar por el punto kilométrico donde el acero colapsó. Mientras los últimos vagones sufrían vibraciones violentas y desprendimientos de material, en la parte delantera del tren el personal y los pasajeros se agarraban desesperadamente a los asientos para no caer ante lo que parecía una inercia de freno de emergencia. La tragedia se consumó apenas unos segundos después, cuando el coche 6 invadió la vía contraria, impactando de lleno contra el tren Alvia que circulaba en sentido opuesto.
Este nuevo análisis descarta cualquier tipo de anomalía técnica previa en los trenes implicados, reforzando la tesis de que el fallo residió íntegramente en el estado de la vía. Según los registros de la caja negra, el tren Iryo pasó de una velocidad de crucero a la detención total en apenas dos segundos tras el choque, quedando el morro del convoy situado a más de un kilómetro de distancia del punto inicial de la rotura. La violencia del desplazamiento lateral hacia el exterior de la infraestructura confirma la magnitud de las fuerzas físicas desatadas por la pérdida de guía del carril.
A pesar de la contundencia de las imágenes, la CIAF ha advertido que estos hallazgos tienen un carácter provisional hasta la redacción del informe final. El organismo está a la espera de una autorización judicial para contratar a un laboratorio externo especializado en ensayos metalográficos. Este paso es crucial para determinar por qué se produjo la fractura del carril y si existió un defecto oculto en la soldadura de la vía que no fue detectado por los protocolos de mantenimiento preventivo de la línea de alta velocidad.