Xi Jinping se lo deja muy claro a Trump

Xi Jinping lanzó un guante intelectual al preguntar si ambas potencias serán capaces de superar la llamada "trampa de Tucídides", ese patrón histórico donde una potencia emergente y una consolidada acaban inevitablemente en guerra

14 de Mayo de 2026
Actualizado a las 12:50h
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Donald Trump Xi Jinping China
Donald Trump y Xi Jinping en una imagen de archivo | Foto: The White House

El Gran Salón del Pueblo de Pekín se ha convertido esta semana en el epicentro de un reordenamiento geopolítico global. Bajo los techos artesonados de la plaza de Tiananmen, el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, han escenificado un encuentro cargado de simbolismo, pompa militar y una retórica que oscila peligrosamente entre la amistad personal y la advertencia histórica. Tras un 2025 marcado por una cruenta guerra comercial y arancelaria, ambos líderes buscan ahora una "estabilidad estratégica constructiva" que defina los próximos tres años, en lo que Xi ha denominado una "encrucijada histórica" para la humanidad.

Sentado frente a la delegación norteamericana, Xi Jinping lanzó un guante intelectual al preguntar si ambas potencias serán capaces de superar la llamada "trampa de Tucídides", ese patrón histórico donde una potencia emergente y una consolidada acaban inevitablemente en guerra. El líder chino, siempre dado a los mantras filosóficos, advirtió que el mundo atraviesa cambios que no se veían en un siglo. Sin embargo, el envoltorio de la reunión fue de una cordialidad extrema: Trump, fiel a su estilo directo y personalista, insistió en el "honor" de estar con su "amigo" Xi, asegurando que su relación bilateral será mejor que nunca gracias a la línea directa que mantienen para resolver fricciones con una llamada telefónica.

Bajo la superficie de las sonrisas y el paseo por el Templo del Cielo, laten los conflictos que podrían descarrilar esta entente. El tema de Taiwán se mantiene como el nervio más sensible de la relación; Xi fue tajante al calificarlo como el asunto más importante y avisar de que un mal manejo podría conducir al conflicto armado. Por su parte, Estados Unidos vigila con recelo el dominio chino sobre las tierras raras y minerales críticos, esenciales para su industria, mientras que Pekín ve las restricciones tecnológicas estadounidenses como un boicot directo a su desarrollo soberano.

La delegación que acompaña a Trump es, en sí misma, una declaración de intenciones sobre el peso de la tecnología y la economía en esta cumbre. La presencia de figuras como Elon Musk, Tim Cook y Jensen Huang (Nvidia) subraya que la competencia por la Inteligencia Artificial y los semiconductores es el verdadero campo de batalla del siglo XXI. Trump busca compromisos de compra masiva por parte de China a cambio de una reciprocidad que permita a las multinacionales estadounidenses seguir operando en un mercado chino que, según Xi, promete "abrir aún más sus puertas".

La agenda internacional también pesa sobre la mesa de negociaciones. Con la guerra de Estados Unidos en Irán como telón de fondo, Washington espera que Pekín ejerza su influencia sobre Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz y facilitar una salida diplomática al conflicto. China, que ha criticado la intervención estadounidense en la región, parece dispuesta a mediar siempre que esto refuerce su posición como garante de la estabilidad mundial. El banquete final en Pekín cierra una jornada donde la estética del poder ha intentado ocultar, al menos por unas horas, la fragilidad de una paz que depende de dos voluntades tan fuertes como impredecibles.

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