La emergencia provocada por los dos potentes terremotos que sacudieron Venezuela continúa agravándose. Las autoridades han elevado a 235 el número de personas fallecidas y a más de 4.300 la cifra de heridos, un balance todavía provisional que podría aumentar conforme avanzan las labores de búsqueda y rescate en las zonas más castigadas.
El ministro de Salud, Carlos Alvarado, ha explicado que la mayor parte de los heridos presenta lesiones leves, aunque cientos de personas permanecen ingresadas con pronóstico moderado o grave y muchas de ellas han necesitado intervenciones quirúrgicas de urgencia. También ha confirmado que numerosos afectados llegaron ya sin vida a los centros sanitarios o fallecieron poco después de ser atendidos.
La situación resulta especialmente crítica en el estado de La Guaira, donde se concentra buena parte de los daños personales y materiales. La elevada presión asistencial ha obligado a habilitar hospitales de campaña para reforzar la atención sanitaria y ampliar la capacidad de respuesta de un sistema que trabaja prácticamente al límite.
Las autoridades aseguran que todos los dispositivos de emergencia fueron activados de forma inmediata tras el seísmo. A los recursos del sistema público de salud se han incorporado también clínicas privadas por decisión del Ejecutivo, con el objetivo de absorber el elevado número de pacientes y garantizar la atención médica durante las próximas jornadas.
A la devastación inicial se suma otro factor de enorme preocupación. Los dos terremotos han ido seguidos de una treintena de réplicas, especialmente intensas en La Guaira, Caracas y Yaracuy, lo que dificulta los trabajos de rescate y mantiene a la población en una situación de máxima incertidumbre.
Ante la magnitud de la catástrofe, el Gobierno venezolano ha declarado el estado de desastre, una medida que permitirá movilizar más recursos y coordinar la respuesta institucional en las regiones afectadas.
Con el paso de las horas, la prioridad sigue siendo localizar a las personas desaparecidas, atender a los miles de heridos y garantizar alojamiento y asistencia a quienes han perdido sus viviendas. La evolución del balance confirma que Venezuela afronta una de las mayores emergencias naturales de los últimos años, con consecuencias humanas y materiales que tardarán mucho tiempo en superarse.