Trump ya trabaja para derribar al régimen cubano desde dentro

Las conversaciones entre Marco Rubio y el nieto de Raúl Castro muestran cómo el régimen trumpista pretende terminar con el régimen cubano con el mismo sistema que con Venezuela: desde dentro

18 de Febrero de 2026
Actualizado a las 14:26h
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Trump Davos Ataque España
Trump interviene en el Foro de Davos | Foto: WEF / Benedikt von Loebell

La diplomacia secreta de la administración Trump con el nieto de Raúl Castro expone las fisuras del régimen cubano ante la asfixia energética. En un movimiento que combina cálculo geopolítico y pragmatismo heredado de la Guerra Fría, el secretario de Estado Marco Rubio, de raíces cubanas, ha entablado conversaciones clandestinas con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto y custodio del nonagenario Raúl Castro, el verdadero árbitro de La Habana pese a su retiro formal. Esta maniobra, revelada por Axios, elude canales oficiales y reconoce implícitamente que el conglomerado militar GAESA, controlado por aliados del joven Castro, sostiene las entrañas del poder isleño.

El bloqueo energético como arma estratégica

La administración Trump ha elevado el embargo a un nivel quirúrgico: un bloqueo petrolero implacable que paraliza vehículos, hospitales y oficinas estatales, extendiendo apagones por horas en una isla ya al límite. Trump lo califica de “amenaza humanitaria” mientras avisa que Rubio negocia directamente, contradiciendo las negaciones de La Habana. Esta táctica no busca solo castigar al régimen, sino fracturar su base: los jóvenes empresarios cubanos, representados en el círculo de Rodríguez Castro, ven el comunismo como fracaso y anhelan vínculos con Estados Unidos. 

El nieto Castro

Raúl Guillermo, de 41 años, no es un disidente: exguardaespaldas de su abuelo y “niña de los ojos” del general, lidera conexiones con GAESA, el monopolio castrense que devora el 60% de la economía cubana. Rubio lo corteja como interlocutor privilegiado entre otros influyentes, apostando por su mentalidad “empresarial” frente al dogmatismo revolucionario. “No son negociaciones, sino discusiones sobre el futuro”, matiza un alto funcionario de Trump, sugiriendo que el régimen debe “irse”, pero sin detallar la hoja de ruta. Es decir, la misma táctica que en Venezuela con Delcy Rodríguez.

Trump y la realpolitik cubana

Donald Trump revirtió el deshielo de Obama con mano dura para contentar al lobby cubano de Miami, pero abre grietas diplomáticas: admite diálogos con “altos cargos” cubanos pese a las sanciones que estrangulan el petróleo venezolano y ruso. Esta contradicción revela la geopolítica del Caribe en jaque: Cuba, bastión residual del eje anti Estados Unidos., depende ahora de concesiones para evitar un éxodo masivo o revueltas internas que desestabilicen Florida y América Latina. Rubio, senador floridano y halcón cubano, encarna la paradoja: presiona al régimen mientras cultiva a su heredero, priorizando un “acuerdo total” sobre la pureza ideológica.

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