Donald Trump ha necesitado poco tiempo para explicar qué parte del acuerdo petrolero con Venezuela parece interesarle especialmente. Apenas presentado el pacto como una operación histórica entre ambos países, el presidente estadounidense ha anunciado que utilizará parte del crudo venezolano para rellenar la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos y lo ha definido como un «regalo de Venezuela al pueblo estadounidense».
La expresión llega después de que la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, defendiera una interpretación bastante distinta del acuerdo. Caracas sostiene que conservará la propiedad y la soberanía sobre sus recursos y presenta el pacto como una asociación destinada a recuperar una industria petrolera deteriorada, atraer inversión y transformar las enormes reservas del país en ingresos.
El proyecto tendrá una duración de 25 años, según la versión ofrecida por Rodríguez, y contempla el desarrollo de 17 campos estratégicos con un potencial de unos 65.000 millones de barriles y un objetivo inicial de producción superior a 1,5 millones diarios. Caracas calcula además que podría generar alrededor de 209.000 millones de dólares en ingresos para el Estado, tomando como referencia un precio de 65 dólares por barril.
Washington lo cuenta de otra manera. Trump asegura que Estados Unidos ha conseguido el control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de las reservas probadas venezolanas, aproximadamente una quinta parte del total, mediante una asociación con capital privado. La arquitectura definitiva de la operación, el papel que desempeñará PDVSA y algunos de los derechos concedidos todavía no se conocen con suficiente detalle.
El petróleo que Trump necesita en casa
El interés estadounidense se entiende mejor al observar la situación energética del país. La Reserva Estratégica de Petróleo contiene alrededor de 290 millones de barriles y se encuentra cerca de su nivel más bajo en 44 años, después de años de retiradas y en plena tensión energética por la guerra con Irán.
Trump ha aprovechado el anuncio para responsabilizar de nuevo a Joe Biden del descenso de las reservas. Los datos introducen algún inconveniente en ese relato ya que las extracciones no corresponden exclusivamente a la anterior Administración y también se han producido durante el actual mandato republicano, especialmente para responder a las alteraciones del suministro provocadas por el conflicto con Irán.
Utilizar petróleo venezolano permitiría a Washington comenzar a recuperar sus reservas y, a medio plazo, disponer de una fuente adicional de crudo en un momento en el que el precio de los combustibles se ha convertido en un problema político interno. Trump presenta además la operación como especialmente ventajosa porque buena parte de la inversión necesaria correspondería a empresas privadas y, según su propia formulación, no tendría coste para el contribuyente estadounidense.
Pero los 65.000 millones de barriles necesitan algo más que un acuerdo para llegar al mercado. Venezuela posee las mayores reservas probadas del planeta, pero aumentar de manera importante su producción exige inversiones enormes y la recuperación de infraestructuras deterioradas durante años. A ello se añaden las dificultades propias de buena parte de su crudo pesado.
Los expertos tampoco esperan resultados inmediatos. La industria venezolana produce actualmente muy por debajo de sus máximos históricos y cualquier recuperación sustancial necesitará tiempo. Esos millones de barriles, por tanto, no están esperando en un surtidor a disposición de Washington.
Dos relatos para el mismo petróleo
Rodríguez insiste en que Venezuela seguirá siendo propietaria de sus recursos y defiende el acuerdo como una vía para recuperar producción e ingresos. Trump ha preferido explicar cuánto petróleo controlará Estados Unidos, cómo puede ayudar a reducir los precios y qué parte piensa utilizar para rellenar sus propias reservas.
El acuerdo puede proporcionar a Venezuela inversiones difíciles de conseguir por otras vías y permitir la recuperación de una industria que durante décadas constituyó el corazón de su economía. Para Estados Unidos abre el acceso a una cantidad extraordinaria de crudo en un momento especialmente delicado para su mercado energético.
La diferencia está en cómo se presenta esa relación. Trump lleva años trasladando a la política internacional una concepción profundamente transaccional del poder, y esta vez ni siquiera ha necesitado demasiados rodeos. Después de celebrar el control estadounidense sobre más de 65.000 millones de barriles, ha anunciado que parte del petróleo servirá para rellenar la reserva de su país y lo ha presentado como un «regalo» a los estadounidenses.
La palabra resulta difícil de separar de la situación en la que se encuentra Venezuela. El país necesita capital, tecnología y años de inversión para recuperar una industria petrolera muy deteriorada. Llamar «regalo» a sus recursos dice bastante más sobre la forma en que Trump entiende una negociación internacional que sobre la generosidad venezolana.
Rodríguez asegura que Venezuela seguirá siendo dueña de su petróleo durante los próximos 25 años. Trump, por ahora, parece bastante más interesado en explicar a los estadounidenses qué piensa hacer con él.
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.