Donald Trump ha vinculado un posible acuerdo con Irán al resultado de las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos y ha amenazado con “aniquilar” al país si fracasa la negociación

Trump supedita la paz con Irán a las elecciones de EEUU mientras amenaza con «aniquilar» al país

El presidente estadounidense asegura ante la ONU que espera un acuerdo con Irán después de las elecciones de noviembre, pero acompaña su oferta de negociación con la amenaza de destruir al país si Teherán no acepta sus condiciones

23 de Septiembre de 2026
Actualizado a las 9:11h
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Donald Trump durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU

Donald Trump acudió a la Asamblea General de Naciones Unidas para presentarse una vez más como el presidente que consigue la paz allí donde los demás solo hablan de ella. El problema es que, apenas unos minutos después, su particular concepción de la diplomacia desembocó en una disyuntiva bastante menos pacífica: o Irán acepta un acuerdo o Estados Unidos puede “aniquilar” al país.

El presidente estadounidense aseguró que espera alcanzar un acuerdo con Irán después de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, convencido de que Teherán está esperando a conocer el resultado de las midterms antes de cerrar una negociación. “No tiene sentido para ellos no hacerlo”, afirmó ante los líderes reunidos en Nueva York. Reuters confirma que Trump combinó esa previsión de un futuro acuerdo con una amenaza directa de destrucción si las negociaciones fracasan.

Resulta difícil encontrar una imagen más precisa de la política exterior que Trump reivindica. La negociación aparece subordinada a la amenaza militar y la paz se presenta no tanto como el resultado de la diplomacia como la consecuencia de demostrar que Estados Unidos está dispuesto a utilizar una fuerza abrumadora.

Estados Unidos e Israel mantienen desde hace casi siete meses una guerra contra Irán que Trump volvió a defender ante Naciones Unidas, mientras Teherán había llegado a Nueva York enviando señales de que estaba dispuesto a explorar nuevamente una salida negociada. El Gobierno iraní planteó incluso la posibilidad de reabrir el estrecho de Ormuz si Washington reducía la presión militar y económica.

Trump convierte las elecciones de EEUU en parte de la negociación con Irán

Hay otro elemento llamativo en el razonamiento del presidente estadounidense. Trump introdujo directamente las elecciones legislativas de Estados Unidos en la negociación con Irán, convencido de que las autoridades iraníes aguardan a comprobar la fortaleza política del Partido Republicano antes de tomar una decisión.

El propio presidente se mostró seguro de que los republicanos obtendrán un buen resultado y llegó a recordar que él personalmente no figura en las papeletas. La precisión resulta reveladora porque convierte unas elecciones internas estadounidenses en una pieza más de su relato sobre el conflicto.

Y las elecciones llegan en un momento particularmente delicado para la Casa Blanca. Una encuesta Reuters/Ipsos publicada esta semana sitúa la aprobación de Trump en el 32%, el nivel más bajo registrado en su trayectoria política, con un desgaste relacionado especialmente con el coste de la vida y con la guerra contra Irán. Solo el 34% de los consultados aprueba los ataques estadounidenses contra el país y el 82% considera probable que el conflicto se prolongue. El sondeo fue realizado entre 1.277 adultos estadounidenses y tiene un margen de error de tres puntos porcentuales.

Eso no demuestra que Trump esté condicionando su política exterior a sus problemas electorales, pero sí aporta un contexto imprescindible cuando es el propio presidente quien vincula públicamente las posibilidades de un acuerdo de paz con el resultado de las elecciones de noviembre.

La contradicción adquiere todavía más peso porque Trump utilizó buena parte de su intervención para construirse una imagen de pacificador. “Mientras otros han hablado de paz, yo he logrado la paz”, proclamó antes de reivindicar que, frente a presidentes anteriores que permitieron crecer las amenazas, él había decidido actuar.

La secuencia resulta peculiar para un discurso pronunciado en la principal institución multilateral del planeta: reivindicar la paz, defender una guerra y advertir de la posibilidad de aniquilar al adversario aparecen como partes de una misma doctrina.

Del acuerdo a la aniquilación en el mismo discurso

Trump aseguró que Estados Unidos ofreció inicialmente cooperación económica a Irán a cambio de abandonar su programa nuclear y responsabilizó exclusivamente a Teherán del fracaso de aquella vía.

La versión iraní es distinta. El presidente Masoud Pezeshkian ha acusado a Washington de haber socavado anteriormente la vía diplomática y ha expresado dudas sobre la fiabilidad de nuevas negociaciones después de los ataques producidos durante anteriores contactos. Irán mantiene, al mismo tiempo, que la diplomacia continúa siendo una opción.

Esa discrepancia importa porque Trump presentó ante Naciones Unidas una narración prácticamente sin zonas grises. Estados Unidos habría agotado las posibilidades de negociación, Irán habría rechazado las oportunidades ofrecidas y la fuerza militar estadounidense habría resuelto aquello que la diplomacia era incapaz de solucionar.

De ahí pasó a formular la alternativa en sus términos más extremos: permitir que Irán reconstruya el país después de un acuerdo o recurrir nuevamente a la fuerza para evitar que pueda atacar.

Reuters resumió el discurso precisamente alrededor de esa amenaza: Trump advirtió ante Naciones Unidas de que podría “aniquilar” a Irán si no se alcanza un acuerdo para terminar la guerra. El contraste difícilmente podía ser mayor. La organización creada después de la Segunda Guerra Mundial para evitar que las relaciones internacionales quedasen sometidas únicamente a la fuerza escuchaba al presidente de la primera potencia militar mundial explicar la paz como una elección que el adversario debe aceptar bajo amenaza de destrucción.

Cuba, Venezuela y Groenlandia completan la doctrina Trump

Irán tampoco fue una excepción dentro del discurso. Trump pronosticó igualmente la caída del Gobierno cubano y aseguró que Washington está ejerciendo sobre La Habana una presión sin precedentes. La delegación cubana abandonó la sala durante su intervención. Reuters confirmó tanto las palabras del presidente como el plante de los representantes de Cuba.

Sobre Venezuela, volvió a reivindicar la operación estadounidense que terminó con Nicolás Maduro encarcelado en Nueva York y describió el acuerdo petrolero posterior como una victoria para Washington. Su frase sobre que “al vencedor le corresponde el botín” condensó probablemente mejor que cualquier formulación diplomática la concepción de las relaciones internacionales que atravesó toda su intervención.

También anunció una mayor presencia militar estadounidense en Groenlandia, aunque en este punto el contexto requiere una precisión importante. Washington, Dinamarca y Groenlandia acaban de suscribir un acuerdo de seguridad que permite ampliar la presencia militar estadounidense y mejorar instalaciones en territorio groenlandés. Se trata de un acuerdo pactado con las autoridades danesas y groenlandesas, después de meses de tensiones provocadas por las anteriores pretensiones de Trump sobre la isla.

Rusia recibió otra advertencia. Trump aseguró que recurrirá, si lo considera necesario, a las nuevas herramientas sancionadoras aprobadas por el Congreso mientras mantiene que trabaja con Moscú y Kiev para tratar de terminar la guerra.

El denominador común quedó bastante claro. Trump llevó a Naciones Unidas una política exterior basada en la superioridad militar estadounidense, la presión económica y la amenaza como instrumentos centrales de negociación, al tiempo que se atribuyó personalmente el mérito de haber convertido a Estados Unidos en un país más poderoso.

Hay, sin embargo, una paradoja difícil de ocultar. Un presidente que asegura haber conseguido la paz como otros no supieron hacerlo habló ante Naciones Unidas de aniquilar Irán, predijo la caída del Gobierno cubano, reivindicó como botín los recursos vinculados a Venezuela y presumió de unas reservas de munición que, según dijo, Estados Unidos jamás podría llegar a utilizar.

Puede que Trump considere todo ello una demostración de paz mediante la fuerza. Para el resto del mundo, la pregunta es cuánto espacio queda para la diplomacia cuando la negociación comienza explicando al interlocutor qué puede ocurrirle si dice que no.

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